almeida –20 de febrero de 2015.

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Cuando los peregrinos llegaban a su orilla, si había pasado mucho tiempo desde que hicieron acto de presencia

las últimas lluvias y algunos manantiales se encontraban medio secos, algunos se atrevían a cruzarlo con un fuerte impulso después de haberse desprendido de sus mochilas, eran poco más de dos metros lo que había de una orilla a la otra, aunque su cauce siempre presentaba un importante caudal de agua.

            Pero cada vez que llovía, la acumulación de agua en el terreno en el que se encontraban los manantiales que lo alimentaban, brotaba de una forma importante y hacía que el caudal se duplicara y en ocasiones llegara a triplicarse por lo que en esas ocasiones, las orillas podían encontrarse distantes mas de seis metros.

            Como era paso obligado de los peregrinos que se encontraban haciendo el camino, las autoridades locales dispusieron unas grandes piedras para que estos pudieran pasar de un lado al otro del río sin el riesgo de mojarse. Aquellas piedras en un entorno con abundante vegetación, ofrecían un aspecto bucólico que era del agrado de los peregrinos los cuales se detenían a descansar en una de las orillas de aquel río inmortalizando aquellos momentos y aquel lugar con numerosas instantáneas que llegaban a constituir uno de los mejores y más gratos recuerdos de su camino.

            Pero en ocasiones las fuertes tormentas, descargaban una cantidad de agua que no había ninguna contención que pudiera detenerla y arrastraba todo lo que se encontraba en su camino. Ramas, troncos y cualquier otro elemento susceptible de ser movido era arrastrado por el furor de las aguas que cuando llegaban a las piedras que había en el río, detenían momentáneamente los elementos que arrastraba la torrentera, pero la fuerza de millones de litros de agua, también movía de su sitio aquellas piedras desplazándolas del lugar en el que estratégicamente habían sido puestas.

            En otras ocasiones, los pequeños organismos que se instalaban en las piedras iban naciendo crecer pequeños musgos que convertían aquella superficie en una pista deslizante y más de un peregrino dio un traspié y acabó de cabeza en el cauce del río.

            Los responsables de aquel tramo del camino, eran receptores de las quejas que los peregrinos presentaban cuando se encontraban con algunos contratiempos y decidieron poner una solución al problema que tenían encima de la mesa.

            Creo que una de las mayores equivocaciones es dejar a los políticos que organicen y planifiques temas para los que no están preparados, bien porque no se dejan aconsejar por quien es conocedor del tema o porque generalmente cuando tratan de hacer cosas, sobre todo en lo que respecta al camino, no se porque será, pero acaban haciendo cosas que no tienen ningún sentido.

            En esta ocasión, no fue una excepción, establecieron un concurso de ideas y cuando se decantaron por un proyecto de los que habían presentado, fueron a buscar fondos a los organismos superiores para ayudarles en la financiación de aquel proyecto.

            El resultado fue, que el pequeño río vio como retiraban las piedras que antes habían ayudado a pasar a miles de peregrinos de una orilla a la otra y en su lugar, construyeron un gran puente, era una obra descomunal por la que podían pasar perfectamente dos camiones bien cargados, aunque este tipo de vehículos o cualquier otro no iban a utilizar nunca aquel paso ya que por el sendero que estaba a ambas márgenes del magnifico puente, solo transitaban los peregrinos que se encontraban haciendo su camino.

            Si por un momento, los santos constructores de puentes y caminos hubieran levantado la cabeza se abochornarían de aquella aberración que se había levantado sobre el pequeño río.

            Ahora los peregrinos, ya no se detienen como antes para contemplar lo que la armonía de la naturaleza había reunido en aquel bucólico lugar, tampoco hay instantáneas que les permitan recordar aquella parte del camino y quienes lo recuerden, solo pensarán en la aberración a la que en ocasiones puede llegar a convertirse el ser humano cuando se pone a hacer cosas para las que no se encuentra capacitado.