almeida – 14 de enero de 2016.

            En la cima del camino, aislado de todo el mundo y sin que la contaminación de lo convencional haya conseguido cambiarle, allí se encuentra cada día Tomás. Para unos es un ser iluminado, otros le ven como un loco del camino y algunos piensan que se trata de un marginado social, pero él, se considera el último eslabón de una saga que nació para proteger a los peregrinos y hacer que tuvieran más fácil su camino hacia Santiago.

            Como sus antecesores, el último Templario, acoge a los peregrinos en el lugar más inhóspito del camino. Allí donde el invierno en muchas ocasiones se muestra con toda su crudeza y donde una inesperada nevada o una fuerte tormenta pueden ser el motivo para verse aislado en medio de las abruptas tierras que hacen que el caminante llegue a temer por su integridad física.

            El lugar es muy espartano, no cuenta con ninguna comodidad, pero al menos el trabajo de este hombre ha conseguido que de la nada vaya naciendo un lugar de acogida en el que los peregrinos se sienten a salvo y pueden descansar a cubierto, sintiendo como la lluvia, el viento o el frío tratan de penetrar por cualquier rendija de este destartalado lugar.

            Tomás recibe a los peregrinos con su uniforme de caballero Templario. Destaca sobre su pecho la gran Cruz de la orden en tonos púrpuras que enseguida nos hace comprender que nos encontramos en un lugar distinto, quizá el más diferente de todo el camino desde que salimos de Roncesvalles.

            Los peregrinos se sienten en libertad en Manjarin. A pesar de que no disponen de ninguna comodidad, en ningún momento se percibe en sus rostros la más ligera sombra de tristeza porque es apagada por el brillo que desprenden sus ojos iluminando todo su cuerpo.

            Tomás transmite paz y tranquilidad, su densa barba y su oronda figura le confieren el aspecto de esos eremitas que viven alejados del mundo en sus cuevas en las que voluntariamente han decidido recluirse. La callosidad de sus manos delata el trabajo duro que diariamente debe hacer para mantener en pie aquel destartalado lugar evitando que las inclemencias del tiempo hagan que se venga abajo.

            Sus pequeños y vivarachos ojos transmiten esa serenidad de aquellos que dejan que el tiempo vaya transcurriendo sin prisa ninguna y contagian de esa paz que emana del alma y de una conciencia limpia.

            Cualquier muestra de confort está excluida de aquel rincón. Los peregrinos lo saben y no les importa ya que cuando ellos comenzaron su peregrinaje, buscaban esos lugares diferentes en los que poder sentir esa magia del camino que se ha ido transmitiendo de generación en generación a través de los siglos y muchos saben que ése, es el lugar en donde pueden percibirla en toda su amplitud.

            Todos los días el último Templario inicia ese rito ancestral de bendecir a los peregrinos con un ritual muy particular y personal que el tiempo ha ido modelando. Con su espada de caballero, uno a uno, los peregrinos van pasando por esa purificación que a través del rito, Tomás quiere transmitir a todos aquellos a los que por los sagrados votos que un día hizo la Orden del Temple, esos votos eran el motivo de su existencia ya que él, también los había jurado y había prometido defender a quienes pasaran y fueran acogidos en su casa y en su territorio que se extendía desde el Irago hasta el fin del mundo.

            La próxima vez que cruces el Irago, en esos días en los que la naturaleza se muestra con toda su crudeza como solo sabe hacerlo en estas tierras, si en medio de la soledad te ves amenazado por las inclemencias del tiempo y llegas a desorientarte, cuando oigas a lo lejos el tañer de una campana, no creas que son alucinaciones o que ha llegado tu hora y en esos momentos, la Santa Compaña ha salido a tu encuentro. Seguramente será el vigilante del Irago, el último Templario que siguiendo la tradición que a él le enseñaron, te va indicando el camino que debes seguir para llegar a ese lugar en el que puedes encontrar protección. Allí donde tu cuerpo encontrará ese reconfortante descanso que te permita continuar la jornada siguiente en busca de tu meta soñada.