almeida – 2 de septiembre de 2014.

La hospitalidad es ese concepto invisible que ha conseguido diferenciar a este Camino prevaleciendo sobre otras rutas de

peregrinación que han ido sucumbiendo porque carecían de esa magia que los peregrinos encontraban en quienes desinteresadamente le ofrecían todo, a cambio generalmente de una simple sonrisa.

 

Detrás de esta hospitalidad, siempre hemos encontrado personas; hombres y mujeres para los que esta manera de comprender el Camino, se había convertido en una forma de vida, en ese modelo con el que algunos muchas veces sueñan y son felices cuando pueden ponerlo en practica.

Siempre han existido y existirán esas personas que den sentido a una peregrinación, porque cuando llegas hasta donde ellos se encuentran, comprendes mejor la esencia que hay en el camino y que no se puede explicar, únicamente se puede sentir.

Personas como Resti, Serafín, Maribel, Jesús, Tomás, Blas, José Ignacio, ……………………………….., forman ya parte del Camino, porque ellos mismos son el Camino y éste, sin ellos no sería tal y como lo conocemos.

Pero, el desgaste que en ocasiones tiene una labor altruista como la que ellos han dejado, va haciendo que el cansancio y en ocasiones la incomprensión de algunos, te haga pensar muchas veces si merece la pena, como ocurre en el camino, esa jornada que todos nos preguntamos “que coño hago yo aquí”, pero sí que merece la pena, y enseguida saben lo que hacen, porque es su forma de entender el Camino y por consiguiente de comprender la vida.

Muchos de estos símbolos del Camino, han pasado a un segundo plano, pero nunca se han marchado del todo, siempre dejarán esa estela que otros van recogiendo, porque el poso que han formado es lo suficientemente denso para que nunca se acabe de marchar del todo y hay testigos que no se quedan en el suelo porque siempre habrá alguien que los recoja, a pesar de las dificultades que entraña asumir ciertos retos.

En esta sociedad de consumo en la que prima siempre lo material, representa una bocanada de aire fresco cuando uno se encuentra con esos soñadores que todavía creen en la utopía y son capaces de dejarlo todo por ir en busca de un sueño que se ha ido gestando en su interior durante largo tiempo.

Personas como Alejandro, Javier, Ernesto,…… son dignas de elogio cuando dejan todo para que su sueño se convierta en realidad y son felices mientras están viendo como se construye, a pesar que de vez en cuando haya nubarrones en el horizonte que parecen empañarlo todo.

Cuando conocí a Alejandro, en aquella plaza de Salas, me habló de su proyecto, de ese sueño que se encontraba un poco más arriba de donde nos encontrábamos. Lo hacía con una pasión y un brillo en sus ojos que me estaba convenciendo lo que estaba escuchando, a pesar que seguramente no lo comprendía del todo. Pero ahora lo comprendo mejor que nunca, recuerdo aquellas palabras que me decía y cuando el sueño de Bodenaya se ha convertido en realidad, comprendo esas palabras apasionadas con las que aquella mente soñadora me estaba describiendo aquel sueño.

Alex, como le conocen sus amigos, seguramente bebió en esas fuentes de los que citaba en primer lugar y supo impregnarse de lo que ellos le habían aportado y fue haciendo su modelo de hospitalidad, acogía a los peregrinos que después de una dura jornada y con la fatiga reflejada en sus rostros después de la dura ascensión a la Espina, les recibía con lo que más vale en el mundo y menos cuesta; una sonrisa y les ofrecía su casa para que ese día descansaran.

Cuando se tienen buenos maestros, algunos alumnos aventajados pueden llegar a superar las cosas que vieron o aprendieron porque han sabido ponerles ese sello tan particular que se lleva dentro y enriquece cuanto toca. Alejandro, ha sido uno de ellos, lo que ha conseguido crear en un humilde sitio como es Bodenaya, resulta digno de encomio y sobre todo se ha convertido en ese referente tan especial en el que hemos ido a beber muchos de los que en alguna ocasión hemos pensado en esa acogida tradicional que siempre ha caracterizado y seguirá manteniendo vivo este Camino.

Recientemente, Alejandro ha manifestado su intención de dejar Bodenaya y buscar otros proyectos que bullen en su cabeza y la noticia ha sido como una bomba en el mundo peregrino, uno de esos mazazos que pocos se esperaban y piensan que se pierde uno de los últimos románticos que había en el Camino.

Pero, aunque Bodenaya no será lo mismo sin Alejandro, Bodenaya siempre conservara ese poso, esa esencia que Alejandro ha impregnado al albergue que un día fue levantando con sus manos y con su esfuerzo. Como suelo afirmar en ocasiones, un albergue, son solo cuatro paredes, mejor o peor puestas, con más o menos gusto y con una u otra decoración, pero, un albergue, es algo más que eso, es la magia que guarda en su interior, esa energía que han ido dejando los que han pasado por allí y sobre todo esa magia que quien se encontraba dentro, ha sabido impregnar en cada momento para que los que pasaban se enriquecieran con ella y a la vez fueran dejando la que experimentaban en aquel Santuario del Camino.

Me he sentido afortunado de contar con la amistad de este HOSPITALERO y supongo que dejar atrás un sueño ha tenido que ser una decisión difícil que se ha ido gestando durante mucho tiempo, pero, como creo que he tenido la ocasión de conocerle, sé que habrá nuevos sueños en la mente de Alejandro que para poder verlos convertidos en realidad es necesario que el sueño de Bodenaya les vaya dejando paso y no me cabe ninguna duda que los nuevos proyectos que afronte, tendrán ese sello que ha sabido imprimir en las cosas que ha hecho.

Gracias Alejandro por ser uno de esos últimos románticos, por habernos hecho sentir el Camino como solo tú lo comprendías y sobre todo, por dejarnos ese albergue que siempre se quedará en el recuerdo, porque habrá muchos futuros peregrinos que oigan hablar de Bodenaya y oigan hablar de ti. Bodenaya siempre lo podrán ver cuando hayan dejado atrás Porciles y seguro que a ti te consiguen sentir una vez que traspasen la puerta de tu albergue.

El Camino siempre estará en deuda con personas como tú, un abrazo y buen Camino, y la suerte en los nuevos proyectos ya la llevas con tu entusiasmo.