almeida – 18 de junio de 2014.

Siempre que he coincidido con algún peregrino oriental, me ha llamado la atención la forma que tienen de comportarse con los demás.

 

Son tan diferentes a nosotros, que inicialmente pensaba que no deseaban adoptar nuestras costumbres que para ellos pueden resultar rudas y toscas.

Lo que más me asombraba era su recelo a tener un contacto físico, si les ofrecías tu mano para saludarles, ellos con delicadeza y cortesía la rechazaban y juntando sus manos hacían una leve inclinación de cabeza y eso era todo lo que podías conseguir.

Cuando llegué a Santuario, como es un lugar diferente a los que encontramos en el Camino, también desde el primer momento traté de hacer cosas diferentes y conseguir vencer ese recelo que manifestaban por el contacto físico.

Siempre que llegaba un peregrino oriental, buscaba cualquier excusa para dar un abrazo a un peregrino y si no había un peregrino cerca, se lo daba a mi compañero hospitalero.

Quería que vieran aquello como un gesto normal entre los peregrinos y se fueran acostumbrando a él, que cuando llegara la ocasión, bien en el momento que compartíamos algo durante la cena, o bien en la oración, se provocara que todos los peregrinos expresaran sus mejores deseos a los demás y ellos se integraran a esa acción rompiendo su timidez o sus costumbres; que se unieran a este deseo, si bien en un principio con algún recelo, luego de una forma un tanto efusiva también lo hicieran.

Cuando en lugar de peregrinos, eran peregrinas, solía costar un poco más, pero al final también se integraban a esta celebración, aunque no eran tan efusivas como los peregrinos.

El mejor recuerdo era cuando abandonaban el albergue, en esas ocasiones, procuraba no llevar la iniciativa y dejársela a ellos, cuando se acercaban para despedirse, ya venían con los brazos abiertos, lo que confirmaba que la iniciativa que había tenido estaba resultando positiva.

Eso me hace pensar que este Camino es capaz de cambiar hasta las costumbres que se encuentran más arraigadas y cuando esto ocurre, nos ratifica esa manida frase: el Camino tiene algo de magia y puede llegar a cambiarlo todo.