Desde el momento en el que el ser humano comenzó a dar un sentido y valorar lo que era la propiedad, ha tratado de ser cada día un poco más poderoso, y ese poder era el que le hacía destacarse de los demás y sobre todo ejercer un dominio sobre ellos.

            Para conseguirlo, tratando de conservar lo que tenía, se fue haciendo cada vez más fuerte y era esa fuerza la que aumentaba su dominio sobre los demás y se fue haciendo el dueño de los territorios que dominaba.

            Pero también había otros como él y para evitar que un territorio llegara a dominar al suyo utilizaba todos los medios que estaban a su alcance para ser el dominante, de esa forma nadie podía llegar a cuestionar todo el poder que ejercía.

            Durante toda nuestra historia, breve pero intensa, no se ha parado en este afán de armarse hasta los dientes para que nadie se atreva a meterse con nosotros y ha llegado ese momento en el que el planeta, ya cuenta con las suficientes bombas nucleares que lo destruirían varias veces si llegaran todas a explosionar, una catástrofe casi sin vuelta atrás, pero a pesar de ser conscientes de esta situación, cada día se van invirtiendo más y más recursos, en algo que solo va a servir para conseguir destruirnos.

            Desgraciadamente contamos con esas personas que solo miran seguir manteniendo su poder, el bienestar de los demás, parece tenerles sin cuidado, porque ante todo lo que cuenta es su predominio sobre los demás.

            Y sin embargo, nos encontramos indefensos, somos vulnerables ante los peligros que no podemos ni sabemos ver, y representan una amenaza permanente para nuestro planeta.

            Hace 66 millones de años, desde el espacio exterior, llegó un meteorito que impactó en aquella zona del Caribe liberando una energía equivalente al armamento nuclear que podemos tener escondido dentro de silos y exterminó todo rastro de vida en casi el 80% de la tierra, provocando una regeneración que ha tardado mucho tiempo en producirse.

            Fue un ataque exterior del que todo el arsenal atómico no nos iba a poder proteger, ni lo va a hacer si vuelve a ocurrir.

            Pero seguimos encontrándonos indefensos a pesar de todo el arsenal que podamos haber fabricado. Ahora ha sido un virus invisible el que nos ha atacado y sin darnos cuenta se ha propagado por todo el mundo consiguiendo retener a la mitad de la población mundial en sus casas y anulando por completo la producción de recursos y bienes sin los que no podemos subsistir.

            El cambio climático, está produciendo cada vez más situaciones que no son normales, desconozco si el coranovirus puede ser consecuencia de la degradación a la que estamos sometiendo al planeta, ni me importa si es así aunque me preocupa cada vez más. Lo que sí me importa, es que no aprendamos nada de lo que la historia nos va enseñando y sigamos queriendo protegernos de nuestros enemigos, no teniendo en cuenta a esos enemigos que si no les hacemos frente común, van a acabar destruyéndonos.

            Seguramente algunos sabios, si lo habrán pensado y creo que lo habrán dicho, sugiriendo la necesidad de desviar algunos de los recursos que dedicamos a protegernos de los demás, y hacerlo para poder hacer frente a aquellos enemigos invisibles contra los que de seguir así, siempre tendremos las de perder, porque acabaran por destruirnos.