La N-122 se cobró en la noche del martes otra víctima mortal, en esta ocasión en la travesía de Alcañices. Tras el atropello, la carta de un vecino de Aliste quejándose por la falta de seguridad en la carretera, corrió por todas las redes sociales:

«A la puerta de mi casa, postrado y tapado, yace el cadáver de Alberto esperando la llegada del señor o la señora juez. Esta noche le tocó a él morir atropellado como me podía haber tocado a mí que cruzo cada día diez o doce veces ese mismo paso de peatones.

Ese paso de peatones en el que también casi a diario maldigo a algún que otro conductor por no pararse o por no parar e ir a bastante más velocidad de los treinta kilómetros por hora a los que debería.

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