Tábara, 16 de Septiembre 2013

La Villa de Tábara, en pleno, ha honrado y festejado a la Virgen del Carmen, en el 65 aniversario de la fundación de su cofradía.

Un año más se ha puesto de manifiesto que la Virgen del Carmen es, con diferencia, la festividad más fiel a sus tradiciones y la más fervorosa y multitudinaria de la villa.

Desde que en Octubre del año 1948 se creara la cofradía hasta el día de hoy, no ha hecho sino crecer en fervor y espiritualidad y es una de las pocas fiestas que sigue siendo fiel a la tradición que en aquel acta fundacional se reflejara.

Los danzantes de paloteo danzan a la puerta del Mayordomo (este año Dª. Maribel Alonso Antón) un “lazo” para recibirle y a continuación, junto con la junta directiva de la cofradía, se dirigen a la casa parroquial para recoger al sacerdote y le reciben asimismo danzando de nuevo un “Lazo”.

Todos juntos se dirigen hacia la iglesia, donde les esperan los fieles para celebrar la Santa Misa; una misa Solemne presidida por la Imagen de la Virgen del Carmen engalanada, como manda la tradición con multitud de flores que sus cofrades cultivan con esmero para este evento.

Este año ha estado amenizada por la Coral de Faramontanos “La Turiela” como corresponde a un día grande, solo comparable a la festividad de Ntra. Sra. de la Asunción, la patrona del pueblo.

La historia de esta cofradía comenzó en el año 1948, cuando  D. Manuel Casas (más conocido como “Roblico”),  debía ser sometido a una operación quirúrgica, bastante delicada para los medios de la época ya que se podía tocar la vena aorta y se corría cierto peligro. Dª.  Emilia Fresno Morais, su esposa, ante lo delicado de la operación, ofreció donar a la Iglesia Parroquial una imagen de la Virgen del Carmen, si todo salía bien, dado que en este templo no se veneraba ninguna imagen de la Virgen del Carmelo.

Meses después, ya recuperado D. Manuel de la dolencia, Dª. Emila cumplió su palabra y entregó al templo la imagen de la Virgen que ha llegado hasta nuestros días; sin embargo, con la compra de la imagen no terminó la historia ya que, Manuel  Casas, junto a su tío  Lorenzo Fresno y su cuñado Laureano Díez (Mediaoreja), pensaron que el agradecimiento a la Virgen no se debería quedar en la mera adquisición de la imagen y decidieron crear la Cofradía en  honor a la Virgen del Carmen, para así poder honrar a la reina del Carmelo como solo ella se lo merecía.

El primero de Octubre de 1948, se reúnen los simpatizantes de la idea con D. Timoteo Aparicio, a la sazón cura párroco de la villa, para fundar la Cofradía de Ntra. Sra. La Virgen del Carmen y elegir la junta directiva que debería encargarse de “estudiar y hacer el reglamento” por el que se debería de regir y administrar la cofradía.

De esta votación y por unanimidad, resultó elegida la primera directiva:

Presidente                  Jesús Morán López

Vice-Presidente          Manuel Casas Jorge

Tesorero                     José Andrés San Román

Vocales                      Matías Fresno Casas

-id-                             Lorenzo Fresno Andrés

Secretario                   Manuel Sierra de Castro

Tomando también el acuerdo de nombrar Presidente de Honor, por sus méritos de donante de la imagen a Manuel Casas Jorge.

Y a continuación, como se desprende del acta fundacional, se detallaban los 126 cofrades fundadores  de la cofradía en el momento de la fundación, a juzgar por el número queda patente que ya desde el inicio se trataba de una cofradía potente.

A continuación, el 8 de octubre se reúne de nuevo la junta directiva para confeccionar las ordenanzas de la cofradía y en 11 capítulos y 30 artículos plasmaron, con todo lujo de detalles las normas por las que se debería de regir y administrar la recién fundada cofradía.

Acordaron, por ejemplo, que la celebración de la festividad se trasladaría al tercer domingo de septiembre una vez finalizadas todas las labores del campo, siega, trilla y recogida del grano, para que pudiesen participar el mayor número de vecinos del pueblo.

Los actos consistirían en la Novena previa a la festividad en honor a la Virgen, baile la víspera y alborada por las casas de los miembros de la directiva, misa mayor, procesión por la tarde (obligatoria para los cofrades que si no justificaban su ausencia serían castigados con una multa de “dos pesetas”), y refresco el domingo.

Cabe destacar que en el día de la festividad la misa sería cantada, según consta en los estatutos, y el mayordomo debería pagar a un orador, por lo que en la época venían grandes oradores en este día para delicia de los feligreses.

Como el plan de festejos era bastante ambicioso y los fondos escaseaban a pesar del numeroso grupo de miembros de la cofradía, Emilia Fresno se encargaba de ensayar en su propia casa pequeños sainetes (en agradecimiento a la buena voluntad y disposición de los “actores” Emilia les ofrecía frugales meriendas, que los mozos agradecían), que luego se representaban en Navidades, Semana Santa y otras fiestas para recaudar fondos destinados a costear estos actos.

Ante la minuciosidad y rigurosidad con la que fueron redactados los estatutos de esta cofradía, no es de extrañar que perduren hasta hoy pudiendo disfrutar de esta tradición que tan fiel ha llegado hasta nosotros.

Santiago Andrés Fresno