almeida –  08 de septiembre de 2017.

 

            En numerosas ocasiones, desde que hice mi primer camino, siempre he considerado y cuando me lo han preguntado, así lo he manifestado que el camino era como la misma vida,

únicamente que era más corta pero mucho más intensa porque el camino se vive en uno o dos meses, pero no cabe duda que el poso que consigue dejar en nosotros llega a ser tan intenso que cada uno de los instantes que pasamos sobre él no lo olvidamos en mucho tiempo.

            Muchos de los interlocutores a los que contaba estas reflexiones estaban de acuerdo en lo que yo les estaba diciendo lo que ratificaba las convicciones que tenía formadas sobre esta ruta de las estrellas.

            Pero recuerdo una vez que estaba con una peregrina y cuando le dije lo que pensaba del camino me comentó que ella no estaba de acuerdo con lo que la estaba diciendo. La veía muy convencida de lo que decía y me dio la impresión que no había reflexionado mucho sobre lo que estaba diciéndome, hasta que comenzó a darme sus razonamientos y creo que su punto de vista estaba lo suficientemente meditado y no tuve más remedio que darle la razón y desde ese momento quizá he cambiado también un poco lo que pensaba y asumiendo parte de sus planteamientos, poco a poco los he ido haciendo un poco míos.

            Según me aseguraba la peregrina, el camino no es como la vida, para ella la vida es como el camino. No encontraba mucha diferencia en este planteamiento, pero ella se encargó de ir razonándomelo.

            Desde el mismo momento en que nacemos, la vida es un peregrinaje constante, vamos siguiendo ese camino que nos permita ver todo lo que estamos buscando porque la vida es una búsqueda constante. Eso es lo que nos hace diferentes, siempre buscamos algo y cuando lo encontramos siempre hay algo nuevo que para nosotros puede resultar desconocido o simplemente deseamos descubrirlo o queremos poseerlo y no cesamos hasta que lo conseguimos, pero estamos en un círculo vicioso en el que nunca nos damos por satisfechos y siempre deseamos más y eso es lo que nos va manteniendo vivos.

            Una de las búsquedas más comunes entre las personas es esa felicidad que todos deseamos llegar a alcanzar un día. En ocasiones pensamos que es algo que nos está vetado ya que la búsqueda se va prolongando en el tiempo y no vemos ese momento en el que podamos dar con ella. Pero nunca perdemos la esperanza porque sabemos que lo que otros tienen y nos ha sido vetado o no hemos tenido la suerte de encontrar, seguro que se encuentra ahí, solo es necesario conseguir encontrar esa luz que nos permita verlo.

            En el momento que por fin lo conseguimos, pensamos que ya hemos llegado al final de nuestro camino, pero este es largo y en ocasiones está plagado de obstáculos. Pero ha sido tanto lo que nos ha costado conseguirlo que tratamos de mantenerlo para siempre a nuestro lado y no solo eso, también llegamos a alcanzar la felicidad cuando conseguimos compartirlo con la persona que nos la ha proporcionado y solo nos damos cuenta de lo que realmente vale cuando se llega a extraviar y no somos capaces de vivir sin esa felicidad que hemos tenido en nuestras manos por lo que comienza un nuevo camino, de nuevo volvemos a peregrinar hasta conseguir que de nuevo veamos esa luz que nos permitirá otra vez sentir esa sensación de felicidad con la que nos encontramos tan a gusto.

            Por ese motivo, el camino no es como la vida, sino que es todavía algo más profundo y es la vida la que más se parece al camino, durante todo el tiempo que vivimos, de una forma o de otra, nunca dejamos de peregrinar.