almeida –6 de marzo de 2015.

Cuando Olga busco en el Camino ese oasis que le permitiera escapar de la monotonía y el stress que estaban presentes todos los días, ignoraba como esta decisión iba a cambiar su forma de ver y de entender la vida, aunque eso fue algo que lo comprobaría tres años más tarde.

Desconocía todo lo que rodeaba a ese camino del que una amiga le había dicho que era la mejor terapia que cualquier especialista pudiera recomendar a quien buscaba evadirse de la rutina diaria. Ella no se lo pensó y los días de vacaciones que le quedaban, cogió un avión desde el país nórdico en el que vivía y se fue hasta cualquier ciudad en la que pudiera sentir lo que le habían comentado.

Últimamente, su vida había dado un cambio importante. Personalmente había sufrido algunos tropiezos de los que esperaba recuperarse y laboralmente, aunque le gustaba el trabajo que estaba desarrollando, cada vez percibía como también le estaba afectando de una forma muy negativa.

Enseguida comprobó que cuanto le había dicho su amiga, se quedaba corto para las expectativas con las que ella afrontaba aquella nueva experiencia. Nada más poner sus pies en el Camino, fue sintiendo esa energía invisible que se ha ido acumulando en cada uno de los lugares por los que discurre esta vía milenaria.

Todo cuanto veía, las personas con las que caminaba y las sensaciones que estaba teniendo fueron ese bálsamo que tanto necesitaba y recupero esa ilusión que creía perdida.

Cuando regresó a su país, no podía quitarse de la cabeza la experiencia que había tenido y en su imaginación solo aparecía una cosa, la fecha en la que podría volver a tener las sensaciones que la ayudaran a ver el futuro de otra manera.

Cada día, siempre buscaba el tiempo necesario para ir empapándose sobre la historia de este camino y vio que además del que ella había recorrido, había otros itinerarios que llevaban a la misma meta pero recorriendo diferentes lugares y se propuso comprobar si en todos se respiraba la misma sensación que la que ella había tenido.

A través de Internet, fue contactando con otros peregrinos de todo el mundo y de esa forma se fue dando cuenta que había más personas de diferentes culturas a las que les había ocurrido lo mismo. No era tan diferente como había llegado a pensar y lo que era todavía más importante, podía compartir con otras personas las vivencias que había tenido.

En una de estas ocasiones, entró en contacto con Peter que solía escribir cosas del camino y en algunas ocasiones fueron intercambiando los sentimientos comunes que tenían sobre el camino.

Olga, siempre que disponía del tiempo suficiente, al menos una vez cada año, regresaba al camino. Éste se había metido dentro de ella y disfrutaba plenamente cada vez que se encontraba recorriéndolo.

En una de estas ocasiones, llego a un albergue, uno de esos lugares sencillos en los que los peregrinos se sienten como en su casa y al ver al hospitalero se quedó mirándolo fijamente, después de ratificar el nombre de quien le había dado acogida, no se lo podía creer, era Peter, el peregrino con quien había intercambiado alguna sensación sobre el camino, ahora podía conocerlo personalmente.

Hablaron esa tarde sobre el camino y lo que éste aportaba a las personas que lo recorren, pero al día siguiente, ella tenía que realizar una nueva etapa y Peter seguiría recibiendo peregrinos, por lo que el encuentro fue muy breve.

Cuando volvió de nuevo a su país, conectaron a través de Internet y ahora era más frecuente el intercambio de información, lo que agradaba a los dos ya que podían hablar de lo que a los dos más les gustaba, el camino.

La relación entre ellos fue haciéndose más directa y fueron intercambiando alguna información sobre los sueños que los dos tenían y esperaban que algún día se pudiera ver cumplida.

Peter soñaba con tener su propio albergue en el que pudiera dar acogida tradicional a los peregrinos y sentir diariamente ese enriquecimiento personal que le proporcionaban los peregrinos que pasaban por el albergue.

Olga en cambio, cada vez se estaba sintiendo más presionada en su trabajo y necesitaba dar un cambio a su vida, había pensado solicitar una excedencia en el trabajo y ese tiempo dedicarlo a estar en contacto con el camino, bien adquiriendo una casa en alguna población por la que pasara el camino o recorrerlo el tiempo que le fuera posible.

Peter le propuso que si disponía de su albergue podía irse a él como hospitalera y a ella le gustó la idea, sería una nueva experiencia y fueron haciendo planes para las siguientes vacaciones pasarlas juntos en el albergue de Peter.

Pero los objetivos del hospitalero se vieron truncados, no consiguió en la fecha que se proponía aquello que se había llegado a convertir en su sueño. Como ya había hecho planes para estar juntos esas vacaciones, decidieron no alterar los planes, aunque en lugar de pasar esos días en el albergue, los disfrutarían caminando que era lo que más les gustaba a los dos.

Olga no traía bordón, cogería uno por el camino, el primer palo que se encontrara lo adoptaría convirtiéndolo en su compañero de camino, pero Peter le ofreció el suyo. Era un bonito bordón de madera de roble, que en su parte superior tenia tallada una ardilla. Ella descartó el ofrecimiento ya que según aseguraba era muy despistada y lo dejaría en el primer lugar en el que pararan, pero Peter insistió y al final no le quedó más remedio que aceptarlo.

Comenzaron a caminar en el lugar en el que un año antes se habían conocido. En el humilde albergue, todas las noches los peregrinos, después de la cena se reunían en una pequeña capilla en la que reflexionaban sobre el camino que estaban realizando.

Después de esta meditación, había la costumbre de leer los deseos que otros peregrinos que habían pasado anteriormente por el albergue habían dejado escritos. El hospitalero se encargaba de extraer de una urna de cristal esos deseos y los iba distribuyendo a cada uno de los asistentes, se los entregaba en su propio idioma y de esta forma el albergue se convertía en esa babel que es el camino.

Olga pensó en el deseo que había dejado el año anterior, pero había una docena en su idioma y seria mucha casualidad que le entregaran su propio deseo. Pero el destino suele jugar esas malas pasadas y nada más coger la nota que la entregaban pudo ver su propia letra en el papel.

Entre lágrimas, fue leyendo aquello que había tratado de sacar de su interior dejándolo escrito en aquella nota y vio en este acto una señal que le enviaba el destino, quizá al leer lo que había escrito, se fuera dando cuenta que lo que pedía se estaba cumpliendo.

Fue emotivo aquel momento, uno de esos instantes que se recuerdan con el paso del tiempo y que de alguna manera consiguen marcar a quien los experimenta.

Al día siguiente, comenzaron a caminar y para los dos, el reencuentro con el camino volvió a ser ese bálsamo que tanto estaban necesitando, ya que se olvidaron de las cosas que unos días antes agobiaban sus mentes.

El segundo día, Olga se dio cuenta que se había dejado el bonito bordón en algún sitio y se lamentó de su mala cabeza, pero Peter la tranquilizo diciéndola que sería lo que tenía que haber pasado ya que el bordón no pertenece a nadie y si se queda olvidado en algún sitio es porque igual estaba destinado a recorrer el camino con otra persona y si tenía que volver con ella, de una forma o de otra lo haría.

Pero Olga, no se sentía cómoda por haber perdido aquel bonito bordón, quizá fuera un presagio de mala suerte, el caso es que ese día y el siguiente, no pudo quitar de su cabeza aquella pérdida.

Pero al tercer día, de nuevo el destino volvió a hacer de las suyas, un peregrino con el que no habían coincidido, apareció con el bordón. Olga al verlo lanzo un ligero grito y el peregrino imaginó que el bordón que se había encontrado en un albergue se lo había dejado aquella peregrina y sin decir nada, extendió la mano ofreciéndoselo.

Olga, al sentir de nuevo en su mano el contacto del bordón experimentó una sensación de alegría que la acompaño durante el resto de su camino.

Estaba convencida que aquellas dos señales que había recibido, estaban escritas en su destino y las había captado como un presagio de lo que esperaba que fuera surgiendo de ese momento en adelante ya que ahora más que nunca, estaba segura que los deseos que se había ido formando se irían cumpliendo y estos estarían relacionados con lo que ya se había convertido en su pasión, el camino.