almeida – 03 de enero de 2017.

            Un año más, las calles de Riofrío de Aliste se iban poblando de espectadores que deseaban presenciar una de las mascaradas que tradicionalmente se celebra el primer día del año,

aunque no siempre ha sido así ya que durante años, la celebración se hacía coincidir con las fiestas del pueblo.

            Se desconoce el origen de esta tradición que algunos atribuyen a una veneración que se realizaba al dios Jano y tenía como finalidad la veneración a los demonios de la fertilidad que es uno de los argumentos que se van siguiendo en la celebración.

Enero 2017 102            Los más ancianos del lugar recuerdan esta esperada fiesta de la época cuando eran niños y con agrado hacen que su memoria retroceda algunos años recordando su participación en la misma y los personajes que tuvieron ocasión de interpretar hasta que la iglesia comenzó a ver en estas mascaradas un acto pagano contrario a la fe y aunque no llegaron a prohibirlas, eran censuradas por los doctores de la iglesia lo que fue dando pie a que los diálogos de los personajes resultaran cada vez un poco más ácidos y representaron esa válvula de escape en la que el pueblo veía en esta representación su forma de poder durante un día ejercer la crítica contra los estamentos que el resto del año apenas se preocupaban de la gente más desfavorecida.

            La representación se cercenó durante los años de la guerra civil y fue cayendo en ese olvido en el que algunas de las tradiciones de los pueblos han llegado a perderse, pero la memoria es imposible que se llegue a anular del todo y en el año 1972, algunos jóvenes recuperaron lo que habían escuchado de labios de sus progenitores y recuperaron esta tradición que se venía realizando desde la época de los romanos.

            El día se presentaba frío y los espectadores que se concentraban a lo largo de la calle en la que se desarrollaría la mayor parte de la representación estaban bien envueltos en sus prendas de abrigo y los que son asiduos a esta mascarada agradecían que al menos la lluvia no hubiera hecho acto de presencia como el año pasado que quedó un tanto deslucido el acto, por estar en ocasiones más pendientes de los paraguas que de lo que se representaba en la calle.

            Ya no se recurre únicamente a los mozos solteros del pueblo para que interpreten los personajes, porque cada vez son menos los jóvenes que quedan en los pueblos y algunas de las tradiciones están dando paso a las jóvenes que quieren mantenerlas, pero en esta ocasión todos los personajes que se representaban estaban hechos por jóvenes.

            Todo comienza en la calle Fonda, en el bajo de una de las casas que hay en la parte alta del pueblo donde cada uno de los personajes se va caracterizando en su papel y después de las doce, un cohete anuncia que el espectáculo va a comenzar y los asistentes que van a presenciar este acto, se van situando en algunos de los lugares en los que saben que van a tener lugar esas paradas que se hacen y van formando corrillos para no perderse ni un solo detalle ocupando los mejores lugares.

            La salida resulta un tanto espectacular porque cuando se abre la puerta del garaje hacen su aparición el Diablo Grande (David Casas) y el Diablo Chico (Jorge Blanco) que entre nubes de humo con aroma de azufre producido por unos cartuchos que llevan adosados al cuerpo corren dando una imagen dantesca mientras amenazan con las tenazas extensibles y los cuernos que llevan en sus manos. Descienden la calle en dirección a la casa del alcalde donde van a pedir el aguinaldo y se pierden durante un buen rato dando paso a los otros personajes de la mascarada.

            El Diablo Grande es el que más asusta a los niños que presencian la representación porque va disfrazado con una máscara realizada con corcho de colmena y viste un traje negro y en sus manos porta unas tenazas extensibles con las que en ocasiones su extremo se aferra a las piernas de los espectadores en un acto de llevarle a los infiernos y los colmillos de jabalí que lleva en la máscara le dan ese aspecto fiero que atemoriza a los más pequeños.

Enero 2017 103            El Diablo Chico viste también de negro y lleva una larga melena hecha con crin de caballo y se cubre con el vellón de una oveja negra y en sus manos porta una larga pica que termina en unos cuernos. Los dos llevan en la cintura unos cencerros que hacen sonar mientras van dando grandes saltos en su carrera.

            Por detrás sale el Galán (Alejandro Rodriguez) que según va caminando hace tañer unas castañuelas que lleva en sus manos, junto a él va la Madama (José Manuel Vara) que lleva en sus brazos al niño que desean bautizar, el del Cerrón (Adrián Chimeno) que hace las veces de padrino y va regalando caramelos a los niños y el del Lino Dani Casas) un lisiado vestido con chaqueta corta y que se sujeta con un palo con el que en ocasiones levanta las faldas de las jóvenes que presencian el espectáculo. Son la parte elegante de la comitiva junto al Molacillo (Roberto del Río), que se dirigen a la casa del cura para que bautice al niño que lleva la Madama.

            En un carro tirado por una burra va la Filandorra (Benjamín Chileno) que viste una larga falda imitando el traje de una gitana y lleva una rueca con la que tejer la lana y hacia la mitad de la representación cambia de atuendo vistiendo uno de los trajes más llamativos de la mascarada hecho con recortes de trapo y de papel y lleva una bolsa con ceniza que va arrojando sobre la ropa de quienes asisten a presenciar la representación.

            También en el carro va el ciego (Rubén García), que es uno de los personajes que sin decir nada en toda la representación acapara gran parte de las miradas de los asistentes.

            Por último, uno de los personajes más significativos de la mascarada, está representado por el Gitano (José Manuel Cañas), que representa uno de los papeles más divertidos de la mascarada por los diálogos ocurrentes que va teniendo en buena parte de la representación.

            Cuando comienzan los personajes a descender por la calle, la autoridad detiene a los que van en el carro para pedir los papeles del carro y del animal y se producen algunos de los ocurrentes y simpáticos diálogos que la improvisación o siguiendo un guión, hace que más de una sonrisa se produzca entre los que presencian el acto.

            También el Gitano tiene unos gags especialmente divertidos, en este caso con la burra sobre la que va montado, un escuálido animal que trata de vender haciendo de cada desdicha del animal una alabanza de las virtudes que posee o el cree ver en él.

            A la altura de la iglesia se produce un accidente en el que se vuelca el carro y el peor parado es el ciego que sufre el mayor impacto del mismo y queda con las tripas fuera y tratan de reanimarle con los más ocurrentes remedios que la imaginación puede llegar a pensar. Este es el momento en el que los dos diablos hacen su aparición y tratan de llevarse al infeliz desdichado que yace en el suelo mientras los que representan al bien tratan de evitarlo y la Filandorra establece en torno al ciego un circulo para evitar que el mal penetre en su interior y se lleve el alma del infeliz personaje.

            En todo el recorrido, se van recitando algunas coplillas que forman parte ya del repertorio de la representación con algunas incorporaciones que los personajes hacen cada año, unas veces frases estudiadas previamente y otras por el ingenio de los personajes que las van diciendo y acaban por ser incorporadas a cada edición.

Enero 2017 105           La representación se va prolongando con algunos descansos de los personajes que luego van haciendo acto de presencia como es por la tarde una representación que se hace cerca de las frías aguas del río y que son seguidas por los que tratan de no perderse ni un solo detalle de toda la actuación.

            Estas mascaradas, representan uno de esos patrimonios de los pueblos que cada vez son más conocidas porque quienes participan en ellas se están encargando que no se lleguen a perder con el paso de los años y ya forman parte de la cultura etnográfica de los pueblos y cada vez están adquiriendo más fama y son presenciadas por más personas.

            También Abejera y Sarracín tienen su mascarada que coincide en el día con la de Riofrío y para diferenciar cada una de ellas, las iremos narrando en estas páginas en los próximos días para que de esa forma se puedan ver las similitudes y pequeñas diferencias que cada una de ellas ha ido incorporando dependiendo del pueblo en el que se celebren.

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       Distintos momentos de la representación – Fotos: almeida