almeida – 3 de junio de 2014.

Cuando Brigitte llegó al albergue, daba la sensación que había entrado con ella un soplo fresco por la vitalidad y la alegría con la que estaba haciendo su camino. Se mostraba muy feliz y contagiaba a cuantos le rodeaban transmitiendo esa felicidad que sentía con cada una de las cosas que hacía.

Contrastaba un poco con la persona que venía con ella haciendo el Camino, era su marido, pero su comportamiento era bastante más formal, aunque se mostraba feliz por verla a ella tan contenta.

Cuando conseguimos intimar un poco más, me fue contando como era su vida antes de conocer el Camino y como este la había cambiado de una manera un tanto radical, haciendo que todo lo que antes era su vida quedara relegado a un segundo plano y sólo respiraba por estar en contacto con el Camino.

Durante toda su vida, había sido una triunfadora, una mujer de su tiempo que había sabido destacar siempre en los proyectos que emprendía. Tenía un buen trabajo que además de proporcionarle una buena situación le permitía no privarse de ninguno de los muchos caprichos que tenía; ropa, viajes, espectáculos. Todo lo que la gustaba podía permitírselo y eso la hacía completamente feliz.

Pero la estabilidad emocional era algo que nunca había tenido, aunque pensaba que tampoco le importaba. Contaba con muchos amigos con los que disfrutaba de su compañía y cuando ya no había esa chispa que a veces se necesita para seguir manteniendo una relación, buscaba una nueva persona con la que sentirse contenta y feliz.

Pierre, su marido, era todo lo contrario. De aspecto muy correcto y un comportamiento muy educado, había tenido una vida completamente diferente a la de Brigitte a quien había conocido hacía muy poco tiempo. Era más tradicional en sus formas y en su comportamiento. Durante mucho tiempo, había construido una familia tradicional. Junto a su mujer y sus hijos vivía en una importante ciudad de Francia y también destacaba en su trabajo pero por la rectitud y la seriedad con la que lo desempeñaba, siguiendo una trayectoria que había heredado de su padre.

Pero un día, todo esto sufrió un cambio importante. La mujer de Pierre se murió y sus hijos se emanciparon y se encontró solo, los días comenzaron a hacerse muy largos y las cosas con las que antes tanto disfrutaba; música, lectura y una vez a la semana un partido de golf, comenzaron a aburrirle y buscó nuevos alicientes que le ayudaran a seguir adelante.

Fue uno de sus hijos quien le animó a que se adentrara en las nuevas tecnologías donde podía encontrar todo lo que se pudiera imaginar y seguro que entre todo habría cosas e informaciones que le distraerían y sobre todo le animarían a buscar nuevos alicientes.

En una ocasión, accedió en un foro buscando alguna información de un camino que le habían hablado situado en España y se encontró con más personas hablaban sobre temas que no le resultaban tan banales como los que había en otros foros, pero sobre todo le llamó la atención lo que ponía alguien que firmaba con el nik de “Luna” y comenzó a frecuentar este foro respondiendo a cada una de las cosas que la misteriosa “Luna” planteaba y se fue dando cuenta que “Luna” también contestaba con especial interés a los temas que Pierre de vez en cuando proponía.

Luna, Era Brigitte, que había descubierto el Camino unos años antes y desde la primera vez que lo recorrió, sintió una pasión por esta ruta muy especial. Había ido dejando esos viajes que antes constituían una parte muy importante de su vida y ahora, cada vez que contaba con días libres o sentía la necesidad de nuevas experiencias se iba al Camino donde siempre regresaba como nueva, con muchas ganas de hacer cosas y sobre todo de vivir.

Pero había algo que les separaba, esa pasión por caminar con una mochila en albergues en los que podía encontrarse en la misma habitación a varias docenas de personas era algo que a Pierre no le atraía mucho. Su intimidad, no la había compartido con nadie y a sus años, no creía que pudiera hacerlo. Aunque lo que “Luna” le decía de estos lugares era tan bonito y sobre todo tan aventurero que ante una desconocida, no deseaba resultar tan formal y siguió un poco la corriente de lo que la peregrina comentaba.

Después de dos meses chateando por Internet, los dos consideraron que era el momento de conocerse personalmente y como vivían cerca, decidieron reunirse para disfrutar juntos de un fin de semana.

La primera impresión no resultó como los dos se habían imaginado. Ella era tan alegre y divertida que contrastaba con la seriedad de Pierre, pero él enseguida sintió una atracción por esta mujer que ya creía olvidada y comenzó a adaptarse a los gustos que Brigitte manifestaba.

Durante la cena, Brigitte, le fue hablando de ese Camino que había descubierto y en el que se sentía libre. Lo hacía con tanta pasión que casi ánimo a Pierre a intentar descubrir si él podía llegar a sentir lo mismo, pero no se veía caminando con una mochila a la espalda.

A Brigitte, le gustó la seriedad de Pierre y sobre todo la galantería con la que se desenvolvió ese fin de semana. Estaba pendiente de cualquier detalle que pudiera agradarla y cuando Brigitte le propuso que la acompañara a recorrer ese Camino que ella pensaba hacer un mes después no supo, ni quiso decir que no, aunque en su interior dudaba que fuera capaz de estar a la altura de lo que ella esperaba de él.

Brigitte, en cambio, después tantas aventuras vacías que había dejado atrás, por un momento llegó a soñar que si Pierre la aguantaba durante el tiempo que estuvieran caminando y soportaba el Camino, podría aguantarla durante el resto de su vida, porque daría estabilidad a la vida que había llevado hasta entonces.

Haciendo honor a su condición de género, la prueba a la que iba a someter a Pierre, sería de las más duras. En lugar de recorrer un camino cómodo, le llevaría hasta Sevilla para llegar a Santiago en poco más de un mes. Era lo que había planeado para comprobar el aguante de Pierre y si era capaz de superarla, no le cabía ninguna duda que era el hombre que el destino había puesto en su camino.

Pierre ignorante de estas argucias, afrontó el reto con el mejor ánimo y se mostró en todo momento conforme con lo que la peregrina proponía, ella sería la que llevaría la planificación de esa aventura que iban a recorrer juntos.

Generalmente, el sur es una zona en la que las temperaturas son muy buenas durante todo el año y especialmente duras en los meses estivales, pero se encontraban en primavera y no debían contar con una climatología especialmente dura. Pero, en ocasiones la naturaleza es caprichosa y cambiante y cuando llegaron a Sevilla, las nubes no dejaban ni un instante de descargar agua, tanta, que hasta los lugareños se extrañaban de la adversa climatología que estaban teniendo.

Confiaban en que fuera cosa de uno o dos días y comenzaron a caminar, pero el tiempo en lugar de mejorar fue empeorando y algunos días, Pierre llegó a pensar que cuando redactaron la Biblia y describieron el diluvio universal, el autor debió inspirarse en una situación bastante parecida.

El Camino se encontraba anegado y por algunos lugares fue imposible pasar porque los arroyos se habían convertido en caudalosos ríos y en esas ocasiones, para vadearlos tuvieron que dar grandes rodeos.

Brigitte, estaba encantada, ni soñando, hubiera pensado en una prueba parecida para ver el aguante de Pierre, pero fue viendo que a pesar de las inclemencias y las incomodidades, él no protestaba, se iba amoldando a la situación y trataba siempre de ver lo positivo de cada una de las situaciones y lo que era más importante, deseaba agradar a Brigitte y que esta, se sintiera en todo momento contenta y feliz, porque a él le cautivaba esa sonrisa con la que constantemente ella le obsequiaba.

Cuando llegaron a Salamanca, se dieron cuenta que los dos se necesitaban, estaban destinados a ese encuentro de dos almas gemelas que un día fueron separadas y no podían vivir la una sin la otra y tomaron la decisión de dejar el Camino y regresar a casa donde comunicarían a sus amigos y familiares que iban a unir sus vidas para siempre.

Se casaron y cuando pensaban que el resto de sus vidas iba a ser feliz estando juntos, algo con lo que ninguno de los dos pensaba, se interpuso en sus vidas. Un mes después de la boda, Brigitte, comenzó a sentirse mal y después de exhaustivos reconocimientos médicos, detectaron que tenía un extraño tumor en su cabeza. Debían intervenirla cuanto antes y extirparlo porque si no lo hacían se iría desarrollando hasta deformar su cabeza con un gran riesgo para su vida, aunque la intervención no estaba exenta de peligro.

Afrontaron juntos este revés y decidieron que había que seguir las recomendaciones de los médicos y pasar cuanto antes por el quirófano y que fuera lo que Dios o el destino dispusieran.

La convalecencia de Brigitte, fue dura porque aunque le habían asegurado que la intervención había sido un éxito, era necesario esperar para ver la evolución y las secuelas que podían haber quedado en su cerebro.

Cuando por fin les dieron la noticia que los análisis no detectaban ningún resquicio del daño que había en su cabeza, decidieron celebrarlo y pensaron que la mejor forma de hacerlo era retomando el camino donde lo habían dejado.

Cuando me contaron esta historia, llevaban únicamente cuatro días de Camino, pero como aseguraba Brigitte, eran los de su nueva vida, porque Pierre había sabido estar a su lado en los momentos más difíciles y la había aguantado en el Camino y ella ya no le iba a soltar porque estaba segura que era el hombre con el que iba a disfrutar el resto de su vida y en los caminos que todavía tenían por delante.