La pandemia y el confinamiento me han pillado viviendo en el extranjero, como a tantos  españoles (e italianos, portugueses, griegos, etc.) que hemos emigrado, o bien en busca de mejores condiciones laborales o bien como una experiencia formativa que añadir a nuestros currículos. Hace casi siete años  que vivo en Alemania  con mi Familia , Mi mujer Maria Coral , y mis dos tesoros  Yhasmin Mateos Hernandez y Leandro  estoy trabajando como Basurero aquí en Wuppertal . Hemos pasado el confinamiento en un piso en  Alemania con balcón, pero por suerte con mucha luz y vegetación alrededor. Y siendo sinceros, lo de estar en casa no lo hemos llevado tan mal como cabría esperar. Claro mi confinamiento es muy liviano como empleado de la limpieza del ayuntamiento, he trabajado a jornada completa todos los dias del estado de alarma

Las medidas de confinamiento no han sido tan severas en Alemania como en otros lugares de España. A diferencia de España, nosotros podemos salir a pasear en familia siempre que mantengamos 2 metros de distancia con extraños, o a reunirse con un amigo (pero solo uno).También tienen permiso para hacer deportes, ir al trabajo, al médico o a hacer compras, sin necesidad de entregar un documento a la policía. Uno de los sectores que sigue activo y además en primera línea es el de los recolectores de basura. Nuestra misión es evitar que la crisis sanitaria se complique con un problema de salubridad. En medio de esta epidemia, somos uno de los oficios más importantes para que todo siga con normalidad y la gente se está dando cuenta.
En mi gremio, recogida de basura, trabajamos más rápido de lo normal, tenemos miedo. En la empresa tenemos ordenes de, al acabar la ruta,  poder marchar para casa ganando a la jornada dos horas tiempo, que dedico a la famila.

El otro día leí el artículo de Isaac Rosa sobre el supuesto síndrome de la cabaña, y que lo que en realidad nos pasa es que no queremos volver a nuestra vida de mierda, del trabajo a casa, y de casa al trabajo, y mis hijos largas jornadas en el instituto, me hizo reflexionar mucho. No es que yo no quiera volver. De hecho, una parte de mí tiene muchas ganas. Pero, por otro lado, no echo de menos en absoluto las casi dos horas de transporte público para ir al trabajo. Y no me quiero imaginar cómo van a ser ahora, con la mascarilla y la paranoia puestas. Desde luego voy a extrañar esas dos horas maravillosas que le he ganado al día, y que empleo en dormir más, leer y pasear, en vez de en correr y «pelearme» por subir el primero en el autobus  que pasa. También creo que voy a echar de menos la paz de la calle, el silencio y los horarios más flexibles. Quizás se empiece a valorar más el tiempo de ocio, ahora que lo hemos experimentado forzosamente.

Lo que no he llevado tan bien es el estar lejos de mis seres queridos en un momento así. A veces lo he sentido como en un doble confinamiento, de casa y de país. Lo que he echado de menos (y sigo echando) mi querido rio  Duero  en Zamora  Cuando en mi familia empezaban a hacer cálculos de cuándo entraría la provincia de cada uno en las diferentes fases y poder así reencontrarse, me entraba una morriña terrible pensando cuándo podría ir yo. Ahora que parte de ellos se han reencontrado y hacen alguna cena, me encanta verlos a todos juntos, aunque sea a través del teléfono. Bendita tecnología, por mucho que algunos conspiranoicos culpen al 5G (aunque ese es otro tema).

Por supuesto, el confinamiento, y sobre todo la crisis sanitaria, han sido terribles. Pero creo que hay todavía lugar para el optimismo. No creo que esto nos vaya a cambiar la vida, ni vayamos a ser mejores personas, ni nada de eso. Solo hay que ver lo crispada que está la situación política en España. Pero hay detalles que creo que son positivos. Por ejemplo, creo que se está valorando más la ciencia y aprendiendo mejor cómo funciona.

Otra cosa positiva ha sido la mayor conexión con la gente. Por lo menos en mi caso he hecho más videollamadas desde marzo que en todos los meses previos que llevaba fuera. Ojalá estas ganas de comunicarnos se mantengan, porque, aunque nada supera a tomar algo con tus amigos en persona y poder darles un abrazo, indudablemente una cerveza sabe mejor cuando estás con ellos, aunque sea a través de una pantalla.

¿Y qué hay de la creatividad de la gente? Los Stay Homas fueron todo un descubrimiento y un gran ejemplo de ello. Y desde luego me quedo con la fortaleza de la gente. De los que hemos aguantado el confinamiento cumpliendo las normas, pero sobre todo de los que han continuado trabajando en primera línea: los investigadores que están al pie del cañón buscando una vacuna o fármacos para combatir la enfermedad, profesionales sanitarios, cuidadores, trabajadores de supermercados, de transporte, de limpieza y un largo etcétera.

En definitiva, ojalá todo pase pronto y nos reencontremos en una terracita al sol en nuestra ciudad con nuestros amigos y familiares (cuando sea seguro hacerlo), y que nos quedemos con las cosas buenas que haya podido aportar esto.