• Nunca más, ha sido el grito que más ha resonado en a través de las gargantas que se han reunido en Tábara, con motivo de la concentración convocada por los sindicatos agrarios COAG, UPA Y ASAJA.

Haciéndose eco del grito que hace años se escuchó en Galicia, cuando se produjo el desastre del Prestige, aunque en aquella ocasión, las administraciones públicas, taparon aquel error irreparable, con fondos suficientes para los que lo habían perdido todo y eso, es lo que se está exigiendo para el desastre que ha ocurrido en el pulmón de Zamora, que ahora se encuentra calcinado.

Esta concentración organizada por José Manuel Soto, ha sido secundada por los sindicatos agrarios, que han desplazado a Tábara a sus principales líderes sindicales Antonio Medina (ASAJA), Aurelio González (UPA) y Lorenzo Rivera (COAG).

También se ha podido ver por las calles de Tábara a representantes de diferentes formaciones políticas, que vienen reclamando a la junta de Castilla y León, una comparecencia en la sede del pueblo, el parlamento autonómico, para explicar el desastre que ha ocurrido, sin que hasta el momento ningún responsable haya tenido la dignidad de ofrecer públicamente unas explicaciones, para lo que es, para la mayoría algo injustificable.

Los tractores han ido abriendo la marcha, que desde el polideportivo de Tábara ha llevado a las aproximadamente 1000 personas concentradas, hasta la plaza mayor, donde los representantes de los sindicatos agrarios, han manifestado públicamente, lo que para todos se está convirtiendo en un clamor general.

En esta tierra abandonada a su suerte, cada vez es menor el número de personas que pueden alzar la voz y esa poca gente que va quedando en los pueblos, estamos viendo que apenas cuenta para aquellos que tendrían la obligación de garantizarles un futuro mejor.

Se ha pedido y exigido, que lo que ha quedado fuera de las ayudas articuladas por el gobierno, al ser declarado zona catastrófica, sean asumidas por la junta de Castilla y León y dos de los sectores de actividad económica, como la ganadería y la agricultura, no queden fuera de las ayudas que se articulen, para conseguir la recuperación de la zona devastada.

La Sierra es nuestra, es de aquellos que viven y habitan en ella y siempre, la gente de esta tierra la ha sabido cuidar, hasta que la administración la arrebató y se apropió de ella y desgraciadamente, estamos comprobando que únicamente les preocupa su gestión, para establecer trabas administrativas a los que tienen en esta zona privilegiada sus cultivos y pastos y la han olvidado a su suerte, porque no la han sabido cuidar.

Se ha demostrado una irresponsabilidad y una falta de previsión y de eficacia en la actuación que se ha tenido en los dos incendios. En el primero, por no establecer los protocolos necesarios cuando todos los indicadores advertían del riesgo que podía producirse por las elevadas temperaturas que estaba haciendo, era algo que todos los que entienden el comportamiento de la naturaleza sabían, menos aquellos que tenían la facultad de articular las medidas que evitaran la tragedia.

Se ha demostrado que no aprendemos de los errores, porque días más tarde, ocurrió el segundo incendio en el que también la falta de medios y la descoordinación, consiguió que se propagara adquiriendo las proporciones que ha tenido.

Es necesario asumir responsabilidades, no podemos esperar que quienes nos han llevado a estos desastres, sean los que tienen la facultad de evitar unos nuevos, han demostrado representar un peligro permanente y no podemos esperar que la solución al problema que se ha creado con la pérdida de la riqueza forestal que el fuego ha consumido, sea solucionado por aquellos que no fueron capaces de evitarlo.

Lo peor de todo, son las pérdidas humanas que se han producido en estos dos incendios y las personas que arriesgando su vida han sufrido quemaduras irreversibles. Para ellos, hay que buscar una solución para que sus familias no queden desamparadas.

Fue muy emotivo el mensaje que quiso leer, pero no pudo, Valeriano, el hermano de Victoriano, el pastor que murió abrasado, tratando de explicar cómo quiso encontrar a su hermano a pesar de las trabas que se le ponían para poder hacerlo, hasta que al final lo encontraron muerto.

Como anécdota, Valeriano lleva 4 ó 5 años, esperando que se le conceda una autorización para la limpieza y desbroce de un terreno para evitar que fuera pasto de las llamas. Como siempre, la resolución a esta petición llegará cuando ya no sea necesaria. Esa es la triste conclusión, que muchos tienen de los responsables públicos, desconocen el medio para el que establecen protocolos y procedimientos y no se dejan aconsejar por los que conocen cómo se comporta la naturaleza, porque toda su vida han dependido de ella.

La Sierra seguirá siendo nuestra, aunque ahora está quemada, pero con el tiempo, conseguirá regenerarse, porque la naturaleza es muy sabia, todo lo contrario que ocurre con aquellos que se han adueñado de ella.

Galería de fotos: SAF

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