almeida – 14 de enero de 2015.

burritaLuís era una de esas personas que cuando hacían algo sentaba cátedra ya que era diferente a todo lo que se había realizado antes y seguramente

pasaría mucho tiempo antes que alguien hiciera lo mismo.

 

Cuando contaba más de cincuenta años, conoció por primera vez el Camino y cuando lo recorrió, fue tanto lo que sintió mientras caminaba por él, que sabía que había descubierto algo que era diferente a todo lo que había conocido y lamentaba haberlo descubierto tan tarde porque le hubiera gustado disfrutar más recorriéndolo.

Dos años más tarde hizo un nuevo camino, en esta ocasión siguió una nueva ruta y también supuso las mismas sorpresas que experimentó con el primero. El último camino que recorrió fue la Vía de la Plata, saliendo desde Sevilla para llegar caminando a la capital gallega.

Lo que lamentaba, cada vez que recorría un camino, era no poderlo hacer saliendo desde su casa en Bélgica, para eso necesitaba mas de dos meses y sólo contaba cada año con treinta días de vacaciones.

Fue imaginándose ese día que le llegara su jubilación, entonces sí podría disfrutar de todo el tiempo del mundo, sería cuando podría ver cumplido su sueño, no sólo saliendo de su casa, sino que recorrería todos los caminos que le fuera posible y cuando se hubiera cansado; regresaría a casa también caminando.

Deseó con muchas ganas verse en ese día, cada año cuando llegaba el último día de diciembre, al pasar la página de ese día en el calendario, sabía que ya le quedaba un año menos para que su sueño se viera realizado.

Luís no tenía que dar cuenta a nadie de lo que hacía, su mujer había fallecido años atrás y no habían podido tener descendencia, por lo que cuando se marchara, nadie le echaría en falta, quizás algún amigo del trabajo, pero sabían como era y seguro que no se extrañarían de su ausencia prolongada, de todas formas, a los más allegados fue poniéndoles al corriente de sus intenciones para que no extendieran una alarma innecesaria.

Trabajaba como contable en una empresa que se dedicaba a la fabricación de pequeños electrodomésticos, era un trabajo un tanto gris, pero le había servido para mantener sus pequeños vicios y ahora también le serviría para disponer de lo necesario en ese proyecto que cada vez se estaba formando más, no solo en su imaginación, sino también en su cerebro.

Pasó unos años sin poder volver al Camino, cuando llegaba la época de las vacaciones, sufrió pequeños achaques que no le aconsejaban llevar la pesada mochila a cuestas, no quería forzar y que se viera por ello trastocado su gran plan, ese que quería que cuanto antes llegara, antes que pudiera ser demasiado tarde.

Las molestias que estaba padeciendo hacían que cuando caminaba se cansara más que de costumbre y comenzó a temer que sus planes tuvieran que quedarse aparcados de una forma definitiva por no poder caminar cargado de su mochila.

Entonces se le ocurrió una nueva idea, si no podía llevar su mochila, pero sí podía caminar, lo que haría sería buscar alguien que la llevara por él. No le gustaba esos servicios de transporte de mochilas, además, no funcionaban bien en todos los caminos, solo lo hacían en España y en el llamado Camino Francés; pero si decidía ir por otros caminos menos conocidos o salir y regresar desde su casa, tampoco en los caminos que pasan por Francia puede encontrar ese servicio.

Solo había una solución, adquiriría un burrito que le acompañara y sería el encargado de llevar su mochila y una tienda de campaña, ya que al ir con el animal, no podría detenerse en la mayoría de los albergues.

Fue a algunas de las ferias de animales que había cerca de su ciudad, en una de ellas vio a un pequeño burrito, era delicado y con el pelo gris plateado, le recordó al protagonista que un día Juan Ramón hizo protagonista, su obra más conocida.

Llevó al animal a su casa y lo instaló en el garaje, quedaba menos de un año para su jubilación y deseaba ir acostumbrándose a su nuevo compañero de camino.

Cuando lo adquirió, le aseguraron que tenía solo tres años y aunque daba la impresión de ser un animal débil, era muy resistente, podía cargar más peso que otros animales más grandes que él y también parecía infatigable cuando se ponía a caminar.

Aunque Luís pensaba que fue el argumento que el vendedor tenía que plantear para poder vender aquel burrito tan delicado, fue comprobando su resistencia ya que los fines de semana se dedicaban a dar largos paseos por las cercanías del pueblo en el que Luís vivía.

Cuando los niños veían al burrito se acercaban a acariciarle y éste dejaba que los pequeños pasaran sus manos sobre su pelaje, nunca hizo ningún aspaviento a estas muestras de cariño que le profesaban.

También Luís se sentía cada vez más contento, no sólo de la adquisición que había realizado, sino incluso de las molestias que había padecido, porque ellas habían sido las que le hicieron pensar en su nuevo compañero de camino y ahora, antes de ponerse a caminar, ya no se imaginaba hacerlo sin él.

Cuando por fin llegó el día de ponerse en marcha, los dos se conocían lo suficiente como para saber las virtudes y las debilidades de cada uno, por eso, muchas veces Luís iba hablando con su burrito como si estuviera caminando con una persona.

Para Luís fue interesante esta nueva forma de hacer camino, estaba acostumbrado a los albergues de peregrinos y ahora sentía en todo su esplendor la naturaleza en la que se encontraba, estaba más a gusto viendo cada noche las estrellas que había en el firmamento que escuchando los ronquidos que en ocasiones se producían en los albergues.

Cruzaron sin dificultad el país galo y en lugar de acceder por el paso donde Roldán realizó su gesta, en esta ocasión fue por las Landas, así recorrería el camino por la costa del Cantábrico y cuando llegara a la capital asturiana, continuaría por el “primer camino” ya que había oído hablar mucho de él y deseaba conocerlo.

Toda la vegetación de los lugares por los que pasaban fue como una bendición, el burrito contaba todos los días con suficiente comida ya que la hierba era verde, fresca y muy nutritiva; aunque en ocasiones le compraba algo de grano de cereal para aumentar su alimentación.

Este camino estaba siendo una experiencia para los dos, pero sobre todo para Luís, que aunque ya lo conocía, ignoraba que haciéndolo de esta forma fuera tan hermoso, se había perdido en las ocasiones anteriores muchas cosas que ahora estaba percibiendo de una forma muy natural y diferente.

Cuando llegaron a la capital gallega, siguieron el camino en dirección al sur, accedieron por la frontera de Tuy hasta Lisboa y continuaron hasta el sur de Portugal.

Desde allí se dirigieron a Sevilla y por la Vía de la Plata fueron ascendiendo de nuevo hacia el Norte, cuando llegaron a Zamora, se desviaron por el Camino Sanabrés y de nuevo accedieron por segunda vez a la capital gallega.

Llevaban ya seis meses desde que salieron de casa, era el tiempo que había previsto Luís para cumplir su sueño, pero según pasaban las semanas estaba cada vez más convencido que debía seguir adelante, en su país nadie le esperaba y una vez que regresara, seguramente iría languideciendo viendo como pasaban los días pensando en cada instante en el camino, por eso ahora que estaba en él, debía disfrutarlo plenamente.

También comprobó que su pequeño burrito estaba disfrutando en plena naturaleza, le veía cada día feliz, aunque no se expresara, se le notaba en sus comportamientos.

En esta ocasión continuaron el camino hasta Fisterra y Muxía y de vuelta a la capital gallega una idea fue madurando en su cabeza, regresaría por el Camino Francés y al llegar a la Rioja, continuaría por el Camino del Ebro hasta tierras catalanas y desde allí seguirían al otro gran centro de peregrinación que se encontraba en Roma.

Se lo fue comentando a su compañero de camino y le dio la impresión que éste le estaba dando la conformidad a todo cuanto decía, por lo que viendo que estaban de acuerdo los dos, acordaron ir hasta la capital cristiana del mundo, serían al menos tres o cuatro meses más, pero no tenían prisa por llegar, nadie les estaba esperando allí.

La experiencia que Luís y su burrito estaban haciendo no cayó en saco roto, el destino quiso que antes de abandonar el Camino Francés, un día en un pequeño pueblo que tenía mucho terreno al lado del albergue, Luís decidió detenerse allí, quería darse una buena ducha y su burrito estaría bien en el amplio campo que había junto al albergue, así, esa noche dormiría sobre un colchón que a veces también añoraba.

En el albergue coincidió con un grupo de peregrinos entre los que estaba César, que era un periodista de un conocido periódico de la capital italiana. Éste intercambió algunas palabras con Luís y cuando le contó lo que habían hecho y lo que esperaban caminar todavía, el olfato de César le hizo ver que allí había una bonita noticia, tomando su libreta fue anotando todos los detalles que el peregrino le iba contando, los proyectos que él y su burrito tenían pensado hacer, ya que desde que decidieron caminar hasta Roma, había ido ampliando sus horizontes y por su cabeza estaba rondando culminar su peregrinación con la otra capital del cristianismo. Si se encontraban con fuerzas, continuarían hasta Jerusalén, aunque debido a la inestabilidad de la zona de Yugoslavia, igual saltaban este territorio yendo en barco a Grecia o a Turquía y desde ese lugar continuarían caminando hasta la ciudad en la que nació el cristianismo.

César estuvo haciendo algunas fotos de Luís y de su burrito y le pidió permiso para publicarlo, como él llegaría antes de un mes a Roma, publicaría su historia y cuando él llegara ya le estarían esperando; se habría convertido en un personaje popular.

Esa era la única parte que a Luís no le acababa de gustar, prefería pasar desapercibido, pero accedió a lo que el joven le proponía.

César le dejó una tarjeta con su dirección y quedaron que cuando llegara a la ciudad de San Pedro le llamara por teléfono y descansarían él y su burrito en su casa.

Cuando César publicó su artículo tuvo gran repercusión, no sólo entre los peregrinos italianos, sino entre la gente que leía aquella historia que resultaba muy emotiva y sobre todo muy humana.

Isaac, que estaba preparando su camino, también se interesó por esta noticia y contactó con César, quedaron de acuerdo que cuando el peregrino llegara, le avisaría para reunirse con él. Isaac no quiso contarle a César su proyecto ya que deseaba el más completo anonimato. Era muy conocido en algunos círculos y no deseaba que su locura se propagara, sólo lo sabían las personas más allegadas.

Cuando Luís llegó a Roma no llamó a César, como tenía su tarjeta, fue preguntando por la dirección que allí aparecía y cuando éste abrió la puerta, tuvo la sorpresa de encontrarse con el peregrino que meses atrás había estado con él en el Camino.

Parecía algo más avejentado, pero su espíritu y su ánimo estaban lo mismo que cuando se vieron meses atrás en aquel pequeño pueblo del Camino.

Le acomodó en uno de los cuartos de su casa y llevaron al burrito a la parte trasera que contaba con un jardín donde no extrañaría demasiado, ya que se había acostumbrado demasiado a la libertad que le daban los horizontes que parecía no tenían fin.

César contactó con Isaac, que inmediatamente se trasladó a la casa del periodista. Cuando conoció a Luís se admiró que con su edad llevara casi un año caminando, era un proyecto muy parecido al que él pensaba hacer y al ver que Luís lo estaba consiguiendo, se convenció que él también podría lograrlo.

Aunque no era su intención, le interrogó con mil preguntas, con todas las dudas que le estaban surgiendo desde que él hizo su promesa de ir desde Polonia a Santiago caminando. Luís trató de quitarle la importancia que Isaac le estaba dando a su aventura, solo respondía que llevaba un buen compañero y que en los momentos de debilidad se apoyaban el uno en el otro. Isaac pensó que él también podría contar con Leo en esos momentos.

Luís, que no estaba acostumbrado a estar mucho tiempo sin ver a su burrito, pidió permiso a César para ir a verle y los dos fueron tras él. El burrito extrañaba un poco su nueva instalación ya que era más pequeña que las que él estaba acostumbrado a disfrutar, pero se le veía muy feliz, por lo que después de hacerle unas caricias volvieron al interior de la casa.

Isaac, que entendía mucho de animales ya que por su profesión de veterinario estaba acostumbrado a tratar todos los días las dolencias de estos, le dijo a Luís que sería aconsejable hacer una revisión a su burrito, se ofrecía a llevarle a su clínica para hacer una revisión en profundidad y de paso ponerle algunas vacunas para que no tuviera ninguna recaída.

Una semana después, cuando ya habían descansado lo suficiente y el burrito había sido atendido en la clínica de Isaac, el peregrino les dijo a sus nuevos amigos que deseaba reiniciar su camino.

Después de analizar las opciones que tenía y atender las recomendaciones que le hacían sus amigos, decidió ir hasta el puerto de Bari y desde allí se trasladaría en barco a Turquía para reiniciar el camino hasta Tierra Santa.

César e Isaac quisieron darle dinero, pero el hombre se negó a aceptarlo, llevaba lo suficiente para sobrevivir él y su compañero y si en algún momento necesitaban algo, sabía que el destino siempre proveía a las buenas personas y él estaba seguro de serlo.

Insistieron hasta que aceptó en llevar un teléfono móvil, no le costaría nada y de esa forma cada semana les informaría de cómo se iba haciendo su camino. César le dijo que había despertado tanto interés su historia que los lectores seguían ávidos de noticias y él estaba obligado a ellos, el único inconveniente era que tenía que cargar la batería cuando la viera descargada.

Vieron partir a aquel extraordinario peregrino y sintieron como algo de ellos se marchaba con él, aunque se quedaron tranquilos ahora que llevaba el móvil y cada semana tendrían noticias directas suyas.

Cuando llegó a Bari y trató de embarcar, le dijeron que el animal necesitaba ir en un contenedor especial y adquirir uno costaba mucho dinero, más del que disponía Luís en esos momentos, por lo que pensó en darse la vuelta y seguir caminando por la zona de los Balcanes a pesar del riesgo que ello suponía.

Uno de los carabineros era peregrino y había leído la historia de Luís que César publicó. Se lo comunicó al resto de los compañeros, entre todos gestionaron un contenedor más económico y lo que faltaba para cubrir su coste fue asumido por ellos, que se hicieron cargo de la diferencia.

Cuando el barco llegó a Turquía, el país se encontraba en cuarentena por un problema de peste equina y no permitían que el burrito se bajara del barco. Luís les dijo como en Roma había estado en una clínica veterinaria, le habían hecho muchas pruebas y le habían puesto las vacunas que necesitaba, pero los veterinarios turcos, después de analizar al animal, no se ponían de acuerdo y al no tener un criterio uniforme; no dejaron desembarcar al burrito.

Le dijeron a Luís que él sí podía hacerlo y podía seguir su camino para completar su peregrinación en Jerusalén, pero él no deseaba separarse de su compañero y se quedó a su lado hasta que tomaran una decisión.

Estando en esa situación Isaac le llamo por teléfono y fue entonces cuando se enteró de las peripecias por las que estaba pasando. Le dijo que lo dejara de su cuenta y que en unas horas le volvía a llamar, que estuviera pendiente de su llamada ya que iba a hacer unas gestiones con algunos amigos.

Isaac llamó a unos colegas griegos y les explicó el caso que estaba ocurriendo. Estos movieron todos los hilos que estaban a su alcance y llamaron de nuevo a Isaac, las noticias que le dieron no eran nada halagüeñas. Según se habían informado, el barco iba a desplazarse hasta Trípoli y si el peregrino y su burro no desembarcaban, tendrían que ir hasta allí y luego no sabían cuál era su nuevo destino.

La única opción era contratar un transporte especial que se hiciera cargo del animal y lo llevara a un puerto griego o italiano o directamente hasta Israel.

Isaac llamó a Luís y le explicó la situación, la opción más aconsejable era llegar directamente hasta Israel, de esa forma podía ver cumplida su peregrinación, pero los días que había pasado en Turquía, con los disgustos que se había llevado, causaron una mella profunda en la salud de Luís, ya no se encontraba bien y lo que quería era regresar a su casa, decidieron que volvería a Italia y desde allí se trasladaría a su ciudad.

Cuando fueron a recogerle al puerto, César e Isaac vieron como había mermado la salud de Luís, en pocos días había decaído de una forma alarmante, lo mejor era llevarle hasta su ciudad para que allí fuera atendido en un hospital.

El burrito lo dejaron en la clínica de Isaac hasta que Luís se recuperara y volviera a buscarlo, pero Luís ya nunca volvió a por su amigo y compañero.

Isaac decidió bautizar al burrito y le puso el nombre de Peregrino. Ahora retoza en la Toscana entre caballos de pura sangre. Peregrino es uno más de los ejemplares destacables que hay en ese lugar ya que aunque no tiene la sangre de los que están con él, llegó a vivir una aventura que ninguno de ellos experimentaría jamás.

De vez en cuando dos peregrinos suelen caminar por los campos de la  Toscana, el burrito y el espíritu de su amigo, que sigue sin acostumbrarse a no sentir su presencia de vez en cuando.