Almeida – 4 de abril de 2014.

Analizando los datos de los peregrinos que durante el mes de marzo han pasado por el Albergue de Tábara, me venía a la memoria las palabras de un viejo y sabio hospitalero, uno de esos maestros que de vez en cuando encontramos en los caminos y de los que se aprenden muchas cosas.

Más de la mitad de los peregrinos que han pasado por el Albergue, habían superado los cincuenta años, concretamente el 53% de los peregrinos registrados, habían superado los cincuenta y un años y el 24% habían pasado de los sesenta y uno.

El viejo hospitalero, solía llamar a esos peregrinos que caminan sin prisas, saboreando cada uno de los pasos que van dando, “peregrinos añejos”. No solía encajarlos en un grupo de edad, simplemente eran los que apenas tenían prisa por llegar al albergue porque en el momento que lo hacían, eran conscientes que se había terminado una jornada más en su Camino.

Estoy observando que por el Camino Sanabrés, son muchos los peregrinos que lo recorren buscando esa tranquilidad y esa pausa que seguramente ya se ha perdido en otros caminos. Generalmente son peregrinos veteranos y experimentados. No es la primera vez que recorren el Camino, pero según van pasando los años, van aprendiendo a hacerlo con esa pausa necesaria que les va dejando ese poso que esperan encontrar cuando inician un nuevo camino.

Son peregrinos diferentes, saben valorar un poco mejor las cosas que cada nueva jornada les va aportando porque han aprendido a dar importancia a las cosas sencillas que realmente suelen ser las más importantes en esta vida y frecuentemente pasan a nuestro lado sin que reparemos en ellas.

Mientras que el porcentaje de estos peregrinos añejos se vaya manteniendo, creo que el Camino Sanabrés no adquirirá algunos de los vicios que están perjudicando a otros caminos en los que se ha perdido esa pausa tan necesaria que el peregrino siempre necesita encontrar mientras está caminando.