Almeida – 5 de abril de 2014.

Hasta el Albergue de Peregrinos de Tábara, únicamente había llegado ayer un solo peregrino. Se trataba de un alemán de sesenta y un años muy agradable que estaba deseoso de mostrar su camino y fue enseñando varias tarjetas de su cámara con las fotos que había ido obteniendo desde que salió de Sevilla.

Según nos confesaba, antes de comenzar su camino, había tenido algunas reservas por las fincas que tenía que atravesar en las que había reses bravas. Pero según iba mostrando las fotos, con satisfacción aseguraba que no había tenido en ningún momento el mínimo contratiempo y lo que más temía inicialmente, afortunadamente se había quedado ya atrás.

Cuando por la mañana le despedimos, el peregrino comenzaba animado una nueva jornada que le conduciría hasta las poblaciones bañadas por el Tera.

Los hospitaleros, después de hacer la limpieza del albergue, nos desplazamos hasta algunos puntos del Camino, en los que los peregrinos nos habían manifestado que presentaba serios problemas por la alteración del Camino con motivo de las obras y nos desplazamos a comprobarlo personalmente.

Cuando regresamos cuatro horas mas tarde, nos sorprendió ver de nuevo al peregrino en el patio del albergue esperando nuestra llegada. Lo primero que pensamos era que había dejado olvidada alguna cosa importante, aunque cuando hicimos la limpieza no vimos nada fuera de las cosas de costumbre, por lo que la otra suposición era que había tenido alguna inoportuna lesión y no podía seguir caminando.

Pero tampoco se trataba de eso, el peregrino había caminado una hora y llegó hasta un punto en el Camino en el que algo le asusto. Según iba avanzando, observó a su derecha una cerca en la que había un gran rebaño de ovejas en un cancillar y cuidándolo se encontraban al menos una docena de mastines de gran tamaño que al ver a un extraño se abalanzaron hacia él y no le quedó más remedio que darse la vuelta por la imposibilidad de seguir avanzando por aquel camino.

Para que no perdiera esa jornada, le llevamos en el coche hasta la zona en la que se había encontrado con aquella desagradable sorpresa y nos dimos cuenta del peligro que había en aquella zona ya que los mastines al ver el coche se abalanzaron hacia el y gracias a la protección que teníamos no sufrimos ningún contratiempo, de lo contrario hubiera ocurrido un percance importante y muy serio.

Superamos el lugar en el que los canes se encontraban y estos al menos durante quinientos metros nos fueron siguiendo al trote hasta que conseguimos dejarlos atrás en un estado muy amenazador.

Dejamos al peregrino un kilómetro después de este punto negro y regresamos por el mismo camino y los canes seguían en el mismo lugar. Su aspecto amenazador no había variado ni un solo ápice y de nuevo volvieron a lanzarse en dirección al vehiculo en el que íbamos.

Nada más llegar a Tábara, pusimos en conocimiento de la guardia civil este suceso para evitar que en sucesivas ocasiones, ahora que comienzan los peregrinos a prodigarse en el Camino, ocurra un incidente que tengamos que lamentar. Porque no olvidemos que estamos hablando de un “Itinerario Cultural Europeo” en el que los que van caminando a pie, tienen derecho y preferencia de paso.