almeida – 19 de julio de 2014.

A veces llega hasta el albergue un peregrino que por algún motivo, resulta muy diferente a los demás, es una sensación que no se puede explicar, pero cuando llevas cierta experiencia acogiendo los que recorren el Camino, lo percibes enseguida.

Lucas, era uno de estos peregrinos especiales y diferentes de los que la primera impresión suele ser distinta al recuerdo que te dejan cuando se marchan.

Llegó solo al albergue y por sus condiciones físicas no parecía tan cansado como los que llegaron después, era un hombre de mediana edad que vivía en Estados Unidos y resultaba especialmente agradable en sus formas.

Traté de ayudarle a desprenderse de su mochila, pero no me lo permitió, aunque en varias ocasiones agradeció el gesto que había mostrado con él con palabras muy suaves y delicadas.

Aunque con bastante acento, se hacía comprender muy bien en castellano y después de servirle un vaso de agua y esperar que se recuperara del esfuerzo que acababa de realizar, le fui explicando las normas de funcionamiento del albergue y él iba agradeciendo cada cosa que le ofrecía.

Cuando le comenté que durante la cena comunitaria, los peregrinos se ponían de acuerdo para la hora en la que servíamos el desayuno, Lucas me dijo que por él no debía preocuparme, madrugaba todos los días y no deseaba ser un inconveniente para el resto.

Le aseguré que no era ningún problema si los demás estaban de acuerdo porque no quería que nadie abandonara el albergue sin haber ingerido algo caliente, pero tampoco le insistí mucho. No me gusta que los peregrinos salgan horas antes que amanezca porque se pierden una parte del Camino que no pueden ver si todo está oscuro cuando comienzan a caminar.

Fui observado que Lucas se comportaba de una manera muy diferente a los demás peregrinos. Mientras el resto descansaban después de una buena ducha y luego se acercaban hasta el centro del pueblo para conocerlo y visitar algunos bares de la localidad, él, se quedó en el patio del albergue, parecía estar permanentemente meditando o abstraído en quien sabe que pensamientos.

Como imaginé, cuando propuse la hora del desayuno, la mayoría de los peregrinos decidieron que al alba era una excelente hora, de esa forma cuando el sol comenzara a asomar por el horizonte podían empezar a caminar, pero Lucas, no dijo nada, permanecía callado y únicamente cuando nos quedamos a solas, me dijo que él no desayunaría porque se levantaría una hora antes que el resto de los peregrinos.

Cuando me levanté para preparar el desayuno, pensaba que el peregrino ya se había marchado, pero me sorprendí al verle en el patio, se encontraba sentado en una silla y en sus manos sostenía una Biblia que iba leyendo entre meditación y meditación.

Así permaneció al menos una hora y cuando terminó sus oraciones le insistí para que se tomara un café antes de comenzar a caminar y aceptó mi ofrecimiento.

Cuando nos despedimos con un abrazo como hacía con el resto de los peregrinos, me susurró “Dios le guarde” y guardó su Biblia en uno de los bolsillos de su pantalón y se alejó buscando seguramente en esa peregrinación algo muy diferente a lo que esperaban encontrar la mayoría de los peregrinos.