11 de junio 2013.

No es guasa ni chufla, es la pura verdad. a lo largo de mi vida este apéndice: la nariz, ha sido la impulsora de muchos de mis recuerdos.

     Rememoro siendo yo de edad temprana, pues no he nacido ayer, las ¨velas o velones¨ que nos salían a todos los niños de estos orificios nasales. No teníamos entonces ¨clinex¨ y como podéis imaginar, se apagaban de distintas formas, que no procede explicar ahora.

Tal vez un día podríamos comparar cualquier situación de ¨antes y de ahora¨. Veríamos quienes eran mejores protagonistas de las películas(aunque no hay porqué comparar),pero sería gracioso. Aquellas velas marcaban dos caminos hacia la boca en unas caras bonitas de niños con mofletes colorados por el frío de nuestra tierra, en las cuales brillaban los ojos por el viento helado.

     El aire olía a escarcha, a niebla y a invierno. ¿Que no huelen estas condiciones climatológicas?. Yo creo que sí.

     Las manos las teníamos congeladas y agrietadas por los amaneceres gélidos que nos saludaban cuando íbamos camino de la escuela. Caminábamos volteando nuestro brasero confeccionado con latas de conservas y una asa. En su interior se albergaban los palitos de cisco encendido que nuestras santas madres o abuelas habían depositado. El aire del movimiento impelido por nuestro brazo los hacía encender y enrojecer para poder poner los pies sobre ellos cuando llegábamos a la escuela. Eran nuestro escabel y con los pies sobre ellos, empezamos la andadura para ,paso a paso, hacernos hombres.

     Olía a jara, a leña, a amor y a hogar.

     Como la nariz marcó mi vida seguiré contando más capítulos que recuerde. ¿Qué recuerdan ustedes?

Pizarrín