almeida – 28 de agosto de 2014.

Aquellos peregrinos que a lo largo del mes de agosto iniciaron una nueva jornada de su camino en Granja de Moreruela, poco se imaginaban las sorpresas que les iba a deparar esa etapa.

Los que fueron siguiendo el Camino una vez superado Puente Quintos, comenzaron a adentrarse en uno de esos parajes que se quedan en la retina durante mucho tiempo y representa una de las imágenes de su Camino.

Una vez superadas unas escabrosas rocas, se va siguiendo un sendero que supone un vergel después de las jornadas áridas que han dejado atrás. La abundante vegetación junto al embalse que se ha formado recogiendo las aguas del Esla representa un verdadero paraíso en el que las paradas son frecuentes para no perder ni un solo detalle de lo que la retina es casi incapaz de ir asimilando.

El reflejo de las aguas, el antiguo molino, las encinas tronchadas por el viento, la jara, el penetrante aroma del tomillo, las rapaces que planean sobre nuestras cabezas, algún corzo despistado que al ver a los peregrinos huye asustado. Son tantas las sensaciones que se van captando con todos los sentidos que resulta imposible llegar a percibir todo lo que la naturaleza nos está regalando en este hermoso tramo del Camino que desgraciadamente muchos peregrinos mal aconsejados se llegan a perder.

El último repecho, nos lleva a la parte más alta de este tramo conocido como El Castillón donde todos los que llegan, se desprenden de sus mochilas que dejan sobre las rocas y se asoman al farallón rocoso convertido en un precioso balcón natural desde el que se deja que la vista se desparrame por todos los lados. A la izquierda por el tramo que hemos venido podemos ver el Puente que hemos dejado atrás, de frete las tierras sobre las que se asienta el Monasterio de Moreruela y a la derecha el antiguo paso por el que los peregrinos iban desde un monasterio a otro y cuando las aguas bajaban crecidas, un barquero les ayudaba a pasar al otro lado. Y bajo los pies y de frente, unas moles impresionantes encajonan las aguas del rio estrechando su cauce.

Es uno de esos momentos en los que deseas que el tiempo se detenga para que puedas captar hasta el más mínimo detalle de lo que se ha convertido en  uno de esos lugares únicos.

Pero las sorpresas no terminan con el espectáculo que nos ha obsequiado la naturaleza, según vamos retomando el Camino, nos encontramos con un yacimiento arqueológico que durante el mes de agosto, alumnos de arqueología de diferentes universidades de nuestra geografía van removiendo en ese reencuentro con el pasado para ir conociendo como vivían los que nos precedieron.

En esta zona amesetada que ocupa una superficie de cuatro hectáreas quedan los restos de un asentamiento castreño que los jóvenes arqueólogos se afanan tratando que los restos que están encontrando les ofrezcan más detalles de los pobladores que hubo en este lugar, sus costumbres y todo cuanto pueda ser de interés para conocer esos orígenes que nos muestren como éramos hace siglos.

El castro se situaba en lo alto de esta meseta y estaba rodeado de una muralla en todo el perímetro de la cima excepto en el farallón rocoso que constituía por si mismo una defensa natural para sus moradores. Tiene forma de U y se han determinado tres zonas de excavación según nos informaba José Carlos Sastre, responsable del equipo de voluntarios que viene trabajando desde el año 2007 y se encuentra en su séptima campaña en la que participan estudiantes de todas las comunidades del estado que vienen a este campo de trabajo a realizar sus prácticas.

La primera de las zonas sobre la que inicialmente se intervino fue la muralla defensiva que llegó a tener una anchura de cuatro a cinco metros y en la parte más alta alcanzó los cinco metros. La muralla está construida en forma de U con bloques de cuarcita y da forma a todo el complejo.

La segunda de las zonas sobre las que se actuó fueron los hornos metalúrgicos en los cuales se fundían los metales que los habitantes del castro necesitaban. Se han descubierto tres hornos uno de ellos superpuesto. Están construidos con forma de planta cuadrada y se han llegado a encontrar hasta cincuenta kilos de escoria.

La última de las zonas es la parte domestica sobre la que se esta trabajando en la actualidad. Se trata de un complejo de más de 20  metros en el que se han localizado ocho habitáculos de los cuales ya se ha intervenido en seis y en los dos últimos fue donde encontramos a todo el equipo de jóvenes arqueólogos.

Aparecen dos niveles de ocupación, uno que desapareció en el siglo V y otro que está datado en el siglo VI y se cree que esta última construcción fue devastada por un incendio.

A través de los restos que se van extrayendo principalmente materiales de finales del siglo V como cerámicas, ollas, jarras y algún resto dental se va formando una detallada composición de las costumbres comunales que el poblado tenía y los hábitos alimenticios.

También se han encontrado algunos restos de pinturas rupestres en los que aparecen figuras antropomorfas, signos y digitaciones que se encuentran en un deficiente estado de conservación.

Una vez que finalice el mes de agosto, el equipo formado por un numero variable de 15 a 20 voluntarios, cubren todo lo que han removido y lo dejan protegido hasta la campaña siguiente, únicamente se quedan algunos miembros del equipo, la mayoría pertenecen principalmente a Zamoraprotohistorica para ultimar los trabajos que queden pendientes antes de dar por finalizada la campaña.

Pero la labor de investigación no termina aquí, toda la información obtenida hay que inventariarla, limpiar y clasificar las piezas que se han encontrado y elaborar los correspondientes informes para el Museo de Zamora y la  Junta de Castilla y León que son quienes con la Asociación Cultural de Santa Eulalia promueven este proyecto.

Solo con observar la meticulosidad con la que los jóvenes futuros arqueólogos removían cada grano de tierra con un cuidado extremo para que no se les pase nada por alto, nos permite concebir que es un proyecto bien elaborado al que deseamos todos los logros y que con sus hallazgos nos hagan reencontrarnos con ese pasado del que tanto tenemos que aprender porque es la base de lo que posteriormente se ha ido creando.

Merece la pena que los peregrinos hagan un alto en este lugar y mientras descansan compartan con estos jóvenes la información que están obteniendo porque de esa forma ambos saldrán enriquecidos de esos minutos de conversación y representará para ellos uno de esos momentos especiales que se han encontrado a lo largo de su camino.