La unión, siempre se ha dicho que hace la fuerza, porque uno y uno suman dos y ya se sabe que  siempre dos será mayor que uno, al menos es así como nos lo han enseñado toda la vida.

Pero está comprobado, que somos diferentes, cuando tropezamos con una piedra, en lugar de subirnos encima de ella, para de esa forma poder ampliar nuestro horizonte, despotricamos y la maldecimos, pero cuando volvemos a pasar por el mismo camino, volvemos a tropezarnos con ella, no somos capaces de aprender de los errores que cometemos.

Una de las capacidades que siempre ha tenido el ser humano es la de afrontar conjuntamente los problemas, sobre todo cuando se percibe alguna amenaza externa, hemos tratado de dejar a un lado las diferencias que nos separaban y nos hemos aferrado a lo que nos unía, para tratar de evitar un mal mayor que el que teníamos hasta ese momento.

Siempre hemos sido bastante individualistas, lo nuestro era siempre lo mejor y en lugar de apostar por ello, nuestros esfuerzos se encaminaban en desacreditar lo de los demás, como si con ello, consiguiéramos revalorizar lo que teníamos.

A lo largo de la historia, hemos visto muchos ejemplos de uniones que parecían imposibles, pero que ante una amenaza externa, olvidaban las rencillas, para juntos poder defender aquello que nos hacía diferentes y aunque fuera por muy poco, mantenía esa raíz que permitía que sumáramos para defender lo nuestro.

Las tribus indias norteamericanas, que en tiempos de paz, se odiaban a muerte, dejaron aparcadas sus diferencias y; pies negros, cheyennes, oglalas y así hasta casi una decena de tribus, unieron sus fuerzas para derrotar a los ejércitos invasores de sus tierras; también los reinos cristianos se unieron en contra de las invasiones musulmanas y seguramente una de las uniones más recordadas en nuestra corta historia, es la de las guerras médicas, en las que todas las polis del mundo helénico, unieron sus fuerzas para evitar la invasión de Ciro el Grande y la expansión de su imperio persa que parecía invencible y arrasaba todos los reinos que querían anexionarse.

Que significativo es hoy en día el nombre con el que se conoció aquellas guerras tan cruentas, en las que demostraron que de haber combatido solos, hubieran fracasado, pero la unión de todos consiguió el éxito que deseaban.

Parece que las lecciones de la historia, no van con nosotros, que ya lo tenemos todo aprendido, porque en el momento que podemos, no dejamos pasar la oportunidad de decir quienes somos y sobre todo lo que nos diferencia de los demás.

Nos encontramos en un momento de la historia que sufrimos una de esas amenazas externas que puede llegar a vencernos, sobre todo si el enemigo es invisible y nos pilla como siempre, desprevenidos y cuando nos queremos dar cuenta, somos incapaces de ponernos de acuerdo para hacerle frente.

Sabemos quien es el que nos ataca, cómo es y cómo podemos llegar a dominarle, solo hace falta que permanezcamos unidos, que no haya disensiones en la piña que formemos, porque ese será el flanco débil por el que accederá y conseguirá derrotarnos.

Parecía que esa unión se había conseguido, pero esas debilidades siempre del yo, de ese protagonismo interesado, de mostrar ante todo mis diferencias, de poner palos en las ruedas, de…

No podemos evitarlo, no conseguiremos cambiar nunca y somos capaces de perderlo todo, con tal que quien está al otro lado no gane nada y será la forma en la que al final, perderemos todos.

Por una vez, aprendamos algo de esas lecciones que periódicamente nos da la historia y dejemos ese afán de protagonismo personal para cuando no nos estemos jugando tanto como lo que ahora nos jugamos.