almeida – 10 de junio de 2015.

Las vivencias que llega a proporcionar el camino, llegan a ser infinitas, por eso, disfruto cada vez que me encuentro con alguno de esos personajes que ya forman parte del camino, porque han vivido siempre en él y representan una fuente de conocimiento que se parece a un manantial inagotable.

                Siempre que tengo ocasión procuro hacer una visita a estos lugares en las épocas en las que menos peregrinos caminan, de esa forma además de no entorpecer la labor de quienes se encuentran en el albergue, tampoco tengo la sensación de que voy a ocupar la litera de uno que lo necesita más que yo.

                El joven cura, llevaba más de la mitad de su vida en el mismo sitio y desde que le destinaron allí, se implicó en el camino instalando uno de los primeros albergues de peregrinos y animó a los responsables de otros pueblos a que hicieran lo mismo, como en su día le ocurrió al cura do Cebrero, tuvo esa visión de la invasión que estaba próxima a llegar y cuando lo hiciera seria con tanta fuerza que resultaría imparable.

                No hacía falta que le preguntaras por algún tema concreto, creo que hasta resultaba negativo hacerlo, solo era necesario sentarse frente a él con un vaso de vino y el cura comenzaba a recordar esos momentos especiales que había vivido en el albergue.

                Recordaba una ocasión en la que conoció a un joven que llegó a impresionarle por como afrontaba su vida y era capaz de superar todas las adversidades que se le pusieran por delante.

                Franz, era un joven alemán de treinta y cinco años, al que la desgracia se había cruzado en su camino. Un par de años antes de conocerle, el joven circulaba con su vehículo por las cercanías de su ciudad y la fatalidad hizo que sufriera un accidente de tráfico. Según contaba el joven, el impacto debió ser brutal, él no recordaba nada, pero viendo las fotos que posteriormente le mostraron y el estado en el que habían quedado los dos coches, se imaginó la crudeza del mismo.

                Según supo más tarde, la conductora del otro vehículo que se había saltado un stop, resultó muerta en el acto y Franz, llegó al hospital con las constantes vitales muy débiles.

                El equipo médico que se encontraba en urgencias, se multiplicó para ir solucionando los diferentes traumas y hemorragias que se estaban produciendo en su cuerpo hasta que por fin, consiguieron estabilizarle, ahora solo dependía de la fortaleza del joven que pudiera salir adelante.

                Cuando recobró el conocimiento varios días después, se encontró completamente entubado en una sala de urgencias del hospital y al ver el rostro de sus familiares, comprendió la gravedad del momento. Pero Franz, era un hombre fuerte y tenía una vitalidad increíble, por lo que fue saliendo de aquel trance hasta que ya no se temía por su vida y le trasladaron a una planta del hospital para que terminara por recuperarse.

                Pero lo peor no había llegado todavía, los médicos cuando le vieron fuera de peligro y creían que era capaz de asimilar todo lo que tenían que contarle, se reunieron con él y le fueron explicando con bastante detalle las importantes lesiones que había sufrido y aunque habían conseguido salvar su vida, había algunas lesiones que eran irreversibles y se había quedado parapléjico, debería pasar el resto de su vida en una silla de ruedas dependiendo de los demás.

                Franz, desde que se emancipó de la casa paterna, se había valido siempre por sí mismo, no había necesitado a nadie para solucionar los problemas que la vida le iba presentando y en esta ocasión, no iba a ser menos, saldría adelante por sus propios medios, buscaría la forma de desenvolverse en la vida sin tener que depender de nadie.

                No quiso dejar su casa, aunque tuvo que adaptar algunas cosas a su nueva situación, pero se había propuesto que desde el primer momento, se iba a valer por sí mismo, por lo que rechazó la ayuda que le ofrecían, únicamente aceptó que fueran los primeros días hasta que pudiera desenvolverse con completa independencia.

                Resultó un aprendizaje muy difícil y en ocasiones frustrante, pero el ánimo de Franz, no se iba a doblegar por esa adversidad a pesar de lo terrible que era.

                A los pocos meses del terrible accidente, ya era frecuente ver de nuevo a Franz con la silla de ruedas por las calles de su ciudad, incluso comenzó a alternar con sus amigos y hacía casi todas las cosas que siempre hacía con ellos. Una vez a la semana quedaban para tomar cerveza y en más de una ocasión llegó a coger como él decía un colocón de esos que tienen que acompañarle hasta su casa. Tampoco dejó de asistir a los partidos de su equipo favorito, le habían puesto otra localidad, pero enseguida se acostumbró a sus nuevos compañeros con los que vivía el fútbol, si cabe, con más pasión que antes. Pocas cosas hubo que su estado le impidiera hacer, porque se había propuesto que aunque ahora era diferente, él iba a seguir siendo el mismo.

                Habían pasado ya dos años del accidente y se desenvolvía con una destreza increíble, había fortalecido los músculos de sus brazos con el ejercicio diario y en raras ocasiones dejaba que otros impulsaran lo que se había convertido en su medio de locomoción.

                Uno de los días que estaban tomando cerveza, quizá tomaron alguna más de lo acostumbrado y uno de los amigos, comentó que él y un amigo se iban a recorrer el Camino de Santiago, harían la Vía de la Plata que comenzaba en la ciudad de Sevilla y casi sin dejarle terminar, Franz dijo:

                -¡Pues contar conmigo, me apunto!

                -Pero Franz, no sabes lo que estás diciendo, son casi mil kilómetros por terrenos en los que va a ser muy difícil que puedas desplazarte.

                -¡Franz, no conoce la palabra imposible y si alguna vez se enfrenta a un reto que parece imposible, tener por seguro que acabaré superándolo!

                Todos rieron con la explicación de Franz y bromearon sobre esa aventura, estaban convencidos que lo que salía por la boca de Franz, mas era producto del alcohol que de su convicción personal y al día siguiente se le habría olvidado.

                Pero, a pesar que eran los que más le conocían, no le conocían del todo y a la mañana siguiente, el joven fue a un establecimiento de su localidad a adquirir información de ese camino del que le habían hablado sus amigos.

                Revisó toda la información que pudo conseguir y a través de Internet se puso en contacto con alguna persona que también lo había recorrido en sus mismas condiciones y se dejó aconsejar por quienes tenían experiencia, ya que según le aseguraban, era un camino muy duro y exigente para las personas normales, pero para una persona dependiente, se agravaban en cada momento, donde menos esperaba surgía el obstáculo y había algunos tramos en los que era imposible pasar con la silla de ruedas por lo que tendría que buscar en esas ocasiones la alternativa que tuviera por la carretera.

                Franz, fue tomando nota de todo lo que le iban diciendo y fue planificando como sería su camino, sobre todo en esos lugares que le habían asegurado que la silla de ruedas no podría transitar, fue buscando esas alternativas que algunos le habían comentado o que él fue indagando a través de la abundante información que fue consiguiendo.

                Cuando sus amigos vieron que la decisión de Franz estaba tomada y sabían que no había marcha atrás, dos amigos más quisieron participar en esta aventura y de paso colaborar ayudando a su amigo, porque sabían que en más de una ocasión iba a necesitarles.

                Comenzaron en Sevilla y todo fue surgiendo según los planes que Franz había hecho, en alguna ocasión cuando debía desplazarse por carretera o tenía que solventar con algún vehículo un tramo especialmente complicado, uno de sus amigos le acompañaba mientras los otros seguían el camino normal y luego se reencontraban.

                En los tramos complicados, pero accesibles, entre los cuatro cogían en volandas la silla de ruedas y superaban esa adversidad del camino sin el menor contratiempo, hubo pocas ocasiones en las que las dificultades les hicieran retroceder.

                Tampoco en los albergues tuvieron excesivos problemas, aunque no estaban adaptados para minusválidos, siempre acomodaban a Franz en el lugar en el que menos barreras arquitectónicas tuviera que superar y cuando no había otro remedio, para eso estaban allí sus amigos.

                Cuando llegaron donde el cura se encontraba llevaban recorrido más de la mitad del camino y éste les vio joviales y muy alegres, especialmente a Franz, que se mostraba eufórico y hubo un detalle que llamó la atención del cura y comprendió que este joven siempre superaría las adversidades que le presentara la vida y cualquier problema que se planteara tenía solución para él.

                Franz se había quedado sin dinero y preguntó al cura que dónde había un cajero para sacar dinero. El cura le respondió que el pueblo contaba únicamente con sesenta almas y la mayoría eran ya mayores, por lo que en aquel lugar una entidad bancaria no tenía ningún sentido, la más cercana estaba en el pueblo de al lado, por donde no pasaba el camino y se encontraba a seis kilómetros.

                -¡Eso no es nada para Franz!, en un par de horas estoy aquí.

                No escuchó a sus amigos que le ofrecieron prestarle dinero, tampoco el cura que le había dicho que le llevaba en su coche fue escuchado, todos comprendieron que aquel gesto era necesario que Franz lo hiciera para demostrar a los demás, pero sobre todo para demostrarse a sí mismo que no había ningún contratiempo que él no pudiera superar.