Que más de doscientos tractores abandonen los campos y colapsen la ciudad, que cerca de tres mil agricultores y ganaderos dejen sus tareas para concentrarse, sabiendo lo difícil que es movilizar a este colectivo, nos lleva a pensar que han llegado a ese punto de la gota que hace rebosar el vaso y ven que su supervivencia y la de la forma de vida que tienen, se encuentra en un grave peligro y no les queda otro remedio que revolverse y luchar por lo que representa su medio de vida y de subsistencia.

            Nos encontramos en un momento crítico, en el que el mundo rural se encuentra en peligro de extinción por el abandono que están sintiendo quienes tienen en él, su modelo y su forma de vida, y eso ha llevado a muchas comarcas del interior a una despoblación preocupante por la cada vez mayor falta de servicios básicos que los pequeños pueblos están sufriendo.

            La reforma de las políticas agrarias en las que por necesidades en la conformación del nuevo gobierno llevarían al mundo rural a depender de quienes tienen otros intereses, que en nada coinciden con las necesidades de agricultores y ganaderos, ha sido el detonante que ha movilizado al sector, que ha dicho BASTA, ya no se puede seguir ninguneando a quienes representan y llenan la despensa de las necesidades que cada día tenemos.

            Son muchos los agravios que está sufriendo este sector que siempre ha representado un modelo productivo sostenible pero la puntilla será establecer un modelo productivo tecnificado, porque quienes tratan de implantarlo, desde sus despachos no viven la realidad de los problemas que tiene el mundo rural, toman sus decisiones desde una plataforma diferente a la realidad con la que contamos y si se sigue en esta dirección, serán como esas vías ferroviarias, que aunque vayan paralelas, jamás llegaran a coincidir porque siempre estarán en un plano diferente.

            Lo peor de todo, es que de forma torticera, se está tratando de hacer ver que los responsables de todo esto son quienes están sufriendo las consecuencias, siempre hay plumas al dictado de los que no quieren perder determinados privilegios, que van a saber cómo ir cultivando algunos campos en barbecho.

            Si los que tienen su forma de vida en la explotación controlada de los recursos del campo, no pueden ni tan siquiera vender el fruto de su trabajo por lo que le ha costado producirlo, difícilmente podrá evolucionar la producción que mantiene con grandes esfuerzos.

            Es una verdad a medias que los derechos de la competencia impidan fijar los precios mínimos de los productos, porque los que manejan el control de la distribución, saben y hay sentencias que lo ratifican, que ellos sí se ponen de acuerdo para hacerlo y no solo eso, también en estos centros de distribución, es donde se adoptan los acuerdos para que la producción sea donde más les interesa. Ya los espárragos no se producen donde siempre lo hacían, aunque el envasado se lleve a estos sitios, ni la miel cuenta con las garantías que se exigen para su producción, porque viene de lugares en los que no se tienen en cuenta las exigencias que se exigen a nuestros apicultores y así podríamos poner muchos ejemplos de los sectores primarios de producción. Pero se permite que en la distribución entren estos productos y por eso nuestros agricultores y ganaderos, que siempre van a cumplir las exigencias fitosanitarias que los técnicos les imponen, no van a competir nunca en igualdad.

            También es un clamor la dejadez que hay en la proliferación de la fauna salvaje que causa miles de accidentes cada año, arrasa las cosechas y diezma al ganado, pero hay sectores influyentes que buscan por encima de todo su protección, aunque para ello se desproteja a quienes sufren las consecuencias de su desmesurada superpoblación. Por eso resulta sangrante que se quiera poner en manos de quien defiende la masificación de la fauna los intereses y el modo de vida de quienes la padecen.

            Estas políticas tan alejadas de la realidad, son las que están llevando a provincias como Zamora, a una despoblación galopante, con los mayores índices negativos en todos los parámetros socioeconómicos y con el triste honor de contar con el crecimiento vegetativo acumulado peor de todas las provincias de España.

            Pero no pasa nada, una manifestación de vez en cuando, aguantar ese ligero chaparrón y después todo vuelve a estar como antes y Zamora sigue en ese declive sin freno, hacia el abismo al que nos están conduciendo quienes tienen la responsabilidad de que revierta la situación, porque seguimos sin estar contemplados como zona de urgente revitalización si nuestros políticos siguen defendiendo los parámetros de hace una década y no tienen en cuenta la foto actual, en la que algunas comarcas se encuentran ya en situación de catástrofe demográfica como se demuestra en los análisis que se pueden visualizar en los mapas de la franja transfronteriza.

            Cuando todos los estudios están hechos, cuando sabemos la grave situación en la que nos encontramos, cuando se tiene que actuar ya de forma urgente, nosotros seguimos haciendo análisis de la situación.

            La próxima semana se celebraran unos foros Silver Economy, Razones para quedarnos, y seguramente habrá más foros de encuentro en los que nos venderán la moto del 5G y sin que todavía nuestros pueblos cuenten con conexiones decentes, ya se está hablando del 8G y seguramente dentro de unos años hablaremos del 12G. Vendrán a explicarnos las bondades de esta inteligencia artificial a un mundo en el que una gran parte de la población no ha tenido acceso durante toda su vida a las nuevas tecnologías, pero nos dirán que pueden llevarnos los servicios básicos con un dron, será la panacea para los sencillos problemas que tienen en el día a día, que para poder comprar una hogaza de pan, se ven obligados a esperar el día que el panadero pase por su pueblo.

            Pongamos los pies en el suelo y vivamos la realidad de lo que tenemos y no pretendamos que en unos años todos vayamos en Mercedes si no disponemos de combustible para ponerlos en marcha.

José Almeida

Viriatos Zamora