almeida – de noviembre de 2015.

Como la mayoría de las noches, a la hora de la cena, me acercaba hasta el comedor donde los peregrinos se afanaban preparando la cena. Siempre había alguien que podía necesitar alguna cosa que los hospitaleros teníamos para nuestro uso personal y se la cedía para que no faltara ningún condimento en lo que estaban cocinando.

Reyes, había llegado a media tarde, venía acompañada de un joven de nacionalidad marroquí. Era alta y algo más esbelta que guapa, pero su físico no pasaba desapercibido para gran parte de los peregrinos ya que cuando ella pasaba, había algunos que se daban la vuelta para observarla sin que sus miradas tuvieran que encontrarse. Ella lo sabía y se sentía cómoda, suponía que estaría acostumbrada a esta situación.

Nada más verme entrar en el comedor, se dirigió hacia mí para preguntarme que cosas podía utilizar de las que se encontraban en la nevera o en la cocina. Siempre hay peregrinos que van dejando lo que les sobra para que sea utilizado por quienes vienen por detrás.

Miré en la cocina que hacía las veces de nevera y vi una decena de patatas y al verlas ella se le iluminaron los ojos.

-Que bien, hoy tortilla de patata. ¿Tienes aceite?

Busqué una botella con la que cocinábamos los hospitaleros y se la ofrecí, también le di una cebolla por si quería freírla con las patatas.

El aroma fue inundando toda la estancia, Reyes había comprado media docena de huevos para comerlos fritos si podía y en caso contrario os haría cocidos, pero al ver las patatas, tenía tantas ganas de comer una tortilla elaborada por ella y no hacía más que agradecer lo que le había proporcionado.

-De agradecer nada – le dije – luego quiero un pincho para ver cómo te ha salido, en eso soy un buen crítico ya que además de gustarme, también la preparo bastante bien.

Media hora después el olor me indicaba que la tortilla ya estaba bien cuajada y cuando me acerqué había un hermoso pincho que había apartado en un plato.

-¿No la acompañáis con un poco de vino? – les pregunte.

-Vamos con lo mínimo dijo ella, me estoy alimentando con lo que Amed puede comprar que no es mucho, ya que él comenzó su camino con pocos medios y al tener que compartirlos conmigo, vamos bajo mínimos.

Percibí que la joven deseaba contarme su historia por lo que asentí con la cabeza sin preguntar nada y saqué una botella de vino para acompañar a la tortilla.

Belén comenzó a hablar, deseaba desahogarse, seguro que lo había hecho ya varias veces en los últimos días y los hospitaleros tenemos unas espaldas muy anchas en las que vamos metiendo las alegrías y esas penas que las personas que alojamos desean compartir.

Según me comentó, el año 2.010 había sido de esos que se deberían saltar en el calendario, ya que cuando las desgracias llegan, no suelen venir solas y se le habían acumulado algunas de las peores de su vida.

Trabajaba en un estudio de fotografía que colmaba todas las aspiraciones que tenía ya que era una gran apasionada de esta expresión artística y su trabajo la permitía desarrollar su gran afición. Después de cinco años trabajando ya ocupaba un puesto de responsabilidad en la empresa y cada día que pasaba aprendía nuevas técnicas llegando a ser muy competente en su trabajo.

La crisis económica hizo que la empresa tuviera que hacer una reestructuración en la plantilla y ella fue una de las afectadas quedándose en el paro.

Tampoco en el aspecto personal le iban muy bien las cosas, ya que convivía con el hombre de sus sueños, llevaban tres años viviendo juntos y se sentía muy feliz a su lado, porque su vida había adquirido un sentido que antes no tenía.

La pérdida de su trabajo, la hizo ser cada vez más esquiva en todo lo que la rodeaba, se fue aislando y entre las cosas que fue dejando a un lado, su compañero cada vez la encontraba más rara y se fue perdiendo la magia que entre los dos existía. Un día, después de una fuerte discusión, se marchó de su lado y no había vuelto a saber nada más de él.

Todas estas contrariedades hicieron que cayera en una profunda depresión que la estaba angustiando cada día más hasta que una amiga viendo el estado en el que se encontraba, la animó y le recomendó que se fuera unos días al camino. La amiga era peregrina y leproporcionó todo lo que iba a necesitar. Reyes pensó que le vendría muy bien ya que así aprovecharía para hacer un reportaje muy amplio del camino, era un proyecto que ya se había planteado en alguna ocasión y ahora era el momento de poder realizarlo y quien sabe, quizá sacara buenas instantáneas y podría preséntalas a algunos concursos y obtener algo de dinero, que ahora más que nunca necesitaba.

Antes de llegar a la capital riojana, ya había sacado más de mil fotografías; los paisajes, las personas, los peregrinos, todo era enfocado por el objetivo de la cámara llegando a captar algunas imágenes que le parecieron muy buenas y de gran calidad.

En Logroño se alojó en el albergue ocupando una litera en la tercera planta. Ansiosa de captar cada instante se colocó en una de las ventanas para fotografiar a los peregrinos que se encontraban en el patio. Unos estaban descansando, otros lavando y tendiendo la ropa, todos hacían labores propias de los peregrinos.

En un despiste, dejó la cámara de fotos en la repisa de la ventana y al girarse la toco de forma involuntaria yendo a caer al suelo y el impacto hizo que se rompiera en mil pedazos. Descendió apresuradamente hasta el patio, pero únicamente pudo recuperar a tarjeta de memoria.

Aquel contratiempo trastocaba todos sus planes, no podía comprar una nueva cámara y su objetivo de estar en el camino se había truncado, no podía ser tanta mala suerte, estaba desesperada y se planteó en varias ocasiones regresar a su casa.

Después de dormir, comenzó a ver las cosas de una forma diferente, ella jamás se planteó estar allí y si estaba en el camino creía que sería por algo, por eso continuaría hasta que pudiera ver que era lo que la deparaba el camino.

Dos días después, mientras se estaba duchando, dejo la riñonera con todas sus pertenencias encima de la litera y cuando regreso no la encontró allí, le había desaparecido no solo el dinero, todas las tarjetas de crédito, la documentación y cuanto tenía algo de valor. Este nuevo suceso había sido definitivo, el camino lo único que le estaba proporcionando era más mala suerte, ya no contaba con medios para seguir adelante por lo que esta nueva señal, sí era para que lo abandonara, ahora no había ninguna disculpa para no hacerlo, no tenía ningún sentido continuar.

Llegaría hasta Burgos y allí buscaría la forma de regresar a casa, llamaría a alguna amiga o algún familiar para que la sacara un billete de autobús que le permitiera alejarse de esta nueva pesadilla.

Dos días antes de llegar a la capital castellana, se encontró a Amed que estaba sentado comiendo un bocadillo, al saludarle el joven le ofreció compartirlo con él, no supo decirle que no, tenía tanta hambre que aquel gesto le pareció lo más agradable que le había ocurrido desde que comenzó.

Cuando intimó con el joven, le fue contando sus desventuras y él la animo como antes nadie lo había hecho, la calidez con la que le hablaba hizo que se fuera enamorando de cuanto decía y se fue enamorando de él.

Amed le confesó la situación en la que se encontraba, estaba recorriendo el camino con lo justo para ir superviviendo una semana y cuando veía que los recursos se le terminaban, ofrecía su trabajo a cambio de un poco de dinero. En el campo estaban en plena recolección y siempre hacía falta mano de obra, por lo que animó a Reyes a continuar y compartirían lo que tenía.

Llevaban juntos una semana escasa, pero creía que conocía a su compañero como si hubiera estado con él toda la vida y le amaba, le quería con un sentimiento que antes nunca había sentido. Estaba tan a gusto con él que ahora comenzaba a comprender porqué se encontraba allí haciendo el camino, era el destino que tenía que haber encontrado y creía que por fin se había terminado la mala suerte y a partir de ahora todo iba a cambiar.

Le comenté que su historia me había parecido muy hermosa y también creía como ella que su destino estaba en conocerse, por eso vino al camino y por eso no lo abandonó cuando las cosas iban saliendo tan mal.

La invité a que cogiera de la despensa lo que pudiera necesitar para los siguientes días, pero ella lo rechazó, dijo que ya había contribuido con la cena que les había proporcionado y dándoles acogida en el albergue. Percibí que se sentía la persona más rica del mundo, porque se conformaba con lo que tenía y eso la hacía enormemente feliz.