Esther Cid Romero – 02 de enero de 2016.

No hay homenaje que pueda devolverte el gran honor que nos haces, amigo. No hay título que se compare con el cariño que nos demuestras. Siempre estaremos en deuda contigo, porque nos has regalado mucho en vida, pero ahora te nos ofreces a ti mismo, para siempre.

Aunque naciste lejos eres el más español de los españoles. Fue tu pasión estudiarnos como nunca nadie lo hizo, con la ilusión de un niño, con el rigor de un sabio. Eres el más “beato” de los Beatos. Tus ojos brillan con la luz que ilumina los viejos pergaminos y entre el color intenso de infiernos apocalípticos y colofones prodigiosos nos has enseñado lo que teníamos tan cerca y nunca vimos. ¡Raza de necios!…

Peregrino incansable de la tierra hispana, quieres ahora reposar cerca de los tuyos. No de tu familia terrena, no. No con tus colegas de universidad ni de los largos y complicados años de estudio. Tampoco. No quieres un camposanto al uso, porque eres tan especial como los manuscritos que tanto amabas.

Has decidido pasar el lento tiempo eterno con ellos, con los que te acompañaban cuando todos a tu alrededor ya se habían dormido. Esos que te contaron a ti, y sólo a ti, los enigmas de un arte que al resto se nos escapa. Quieres compartir mesa y vino con aquellos que te guiaron con su trazo firme en el difícil y misterioso medievo. Puede que Magio, Emeterio o la monja En, aún puedan desvelarte alguno de sus secretos. Investigador inagotable, creo que por eso has elegido este lugar, deseas seguir aprendiendo de los maestros. Siempre…

Quiero recoger las palabras que te dedicaron tus colaboradores:

“Imponente pero accesible, crítico a la vez que generoso, amante apasionado de la vida española así como de la historia de su arte, John Williams ha dejado como herencia una huella indeleble en la historiografía de este país”

Pero creo que nosotros deberíamos añadir algo más. Ha difundido el nombre de nuestro pueblo a los largo de todo el mundo. Años y años, conferencia tras conferencia nuestro querido monasterio de San Salvador ha recorrido los mejores congresos metido en su maletín. Se queda corto el nombramiento de “Tabarés del año”. Propongo que tenga en nuestra villa un lugar al menos tan importante, como el que ya disfruta el poeta que “fue a nacer en un pueblo del que no recuerda nada”

Allá donde estés sabes como nadie que es muy español eso del diminutivo cariñoso. Permíteme, querido profesor, que a partir de ahora me refiera a ti como “Juanito el del beato». Nuestro tabarés más universal.

Esther Cid Romero.