almeida – 1 de agosto de 2015.

Evelio no era una persona excesivamente creyente, profesaba la fe de una manera muy especial y personal y en contadas ocasiones se le había podido ver en el interior de una iglesia.

            Pero siempre hay esos momentos en las que ante las adversidades que nos presenta la vida, uno se aferra a un hierro candente y busca en los lugares más insospechados algo que le ayude a superar esos momentos difíciles por los que atraviesa.

            Cuando le diagnosticaron a su madre un cáncer terminal, el mundo se derrumbó para él, la persona que más quería se encontraba indefensa ante la terrible enfermedad y sobre todo, por lo que le habían dicho, no existía ninguna posibilidad de que aquello terminara bien y esa noticia fue sumiéndole en un estado depresivo del que no veía ninguna salida.

            Por su mente, la pérdida de su madre era lo único que estaba presente de forma permanente y era tal la impotencia que sentía que llegó a pensar en mil locuras con tal de que su madre pudiera superar aquel revés que la vida le había presentado, pero solo eran sueños que sabía que no se iban a cumplir nunca.

            En uno de los momentos de mayor desesperación, ante la imagen de un crucifijo que había en la pared, prometió con un fervor que le llegaba a resultar desconocido que cruzaría la península caminando con todo el fervor del mundo, se iría descalzo desde Almería hasta Santiago si con ello conseguía que por una intercesión divina, la que fuera, su madre consiguiera aferrarse a la vida.

            En las siguientes revisiones que le hacen a su madre, cuando ya comienzan a intervenir los especialistas haciendo todas las pruebas que aseguren bien el alcance y desarrollo de la enfermedad, se dan cuenta que el diagnostico que le habían dado era erróneo y así se lo comunican. Ante esta nueva noticia, la alegría de la madre y del hijo que no pueden creerse este cambio y con la emoción se olvidan de censurar la angustia que les habían hecho pasar por la negligencia que habían cometido.

            Pero Evelio, estaba cada vez más convencido que alguien había intercedido para que este resultado fuera tal y como se lo habían comunicado y por más que le explicaron el terrible error médico, no consiguieron hacerle cambiar de idea.

            Era consciente del compromiso que había asumido y por nada del mundo deseaba incumplirlo por lo que fue preparándose para hacer aquella peregrinación que se había propuesto, aunque de la forma que pensaba realizarla era más bien una penitencia.

            Los primeros días que descalzó sus pies para caminar, la falta de costumbre hacía que fueran sensibles a cualquier cosa que había en el suelo; una rama, una piedra y en ocasiones cosas más cortantes y punzantes que le causaron algunas lesiones sangrantes y tuvo que ponerse apósitos para evitar la infección.

            Pero el cuerpo se acostumbra pronto a algunos excesos a los que podemos someterlo y después de unos días, fue perdiendo esa sensibilidad que antes tenía y la callosidad hizo que según iban pasando los días, cogieran una consistencia que hasta al mismo peregrino le extrañó lo insensibles que se estaban haciendo.

            Las gentes que se encontraba a su paso, lo miraban inicialmente con algo de desconfianza por la forma en la que estaba caminando y aunque pocos lo manifestaban, la mayoría pensaba que era un peregrino que había perdido el juicio porque se estaban acostumbrando a ver cada día más personas recorriendo aquel solitario camino, pero nadie lo hacía de la forma que este extraño personaje lo estaba realizando.

            Algunos más atrevidos conversaban con él y entonces conocían el motivo de aquella peregrinación y entonces se compadecían del peregrino y le mostraban su admiración y le proporcionaban aquello que pudiera necesitar y en varias ocasiones a la salida de algunos pueblos tuvo que dejar parte de las viandas con las que le habían obsequiado porque no podía cargar con tanto peso, pero era incapaz de negarse a aceptarlas cuando veía que se las entregaban de todo corazón.

            En algunas comarcas se fue corriendo la noticia de esta extraña peregrinación que muchas veces le precedía cuando llegaba a los pueblos y en ocasiones había algunas personas que le esperaban a la entrada de las poblaciones para ver a este extraño peregrino.

            Evelio caminaba cada vez más animado y ya no sentía apenas dolor en los pies como los primeros días, aunque a veces no veía algún objeto cortante que se encontraba en el suelo y se producía algunos cortes que le obligaban a tener que curarse bien las heridas antes de continuar su peregrinación.

            Una vez a la semana hablaba con su madre que se sentía culpable del sufrimiento que debía estar soportando su hijo y en varias ocasiones trató de hacerle desistir de aquella locura, aunque ella también cesó en sus pretensiones al ver cómo su hijo estaba cambiando y sobre todo, ahora tenía unas creencias que antes no había manifestado en ningún momento.

            El carácter de Evelio fue cambiando, ahora participaba más en las celebraciones religiosas de los lugares por los que pasaba y compartía largas conversaciones con algunos párrocos de las iglesias que se encontraba y fue viendo esa parte de la fe que antes rechazaba.

            Mucha gente le consideraba como un santo por realizar de aquella manera su peregrinación y era frecuente que algunos se acercaran a él para recibir su bendición o la de algún familiar que no podía estar allí y le entregaban recuerdos de seres queridos para que le acompañaran en su camino y cuando llegara ante el apóstol los dejara en el lugar que creyera conveniente.

            Cuando llegaba a los albergues, los demás peregrinos le miraban con admiración y deseaban estar a su lado y sacarse fotos con él porque entre todos, era siempre el que más destacaba, no solo por caminar con los pies desnudos sino que su aspecto era muy similar a muchas imágenes que se encuentran en la mayoría de los templos del camino con su barba y pelo largos incluso algunos percibían en Evelio ese aura que caracteriza a las representaciones de muchos altares.

            Algunos le pedían consejos que inicialmente era reacio a dar, pero se fue dando cuenta que cada una de sus palabras era tenida en gran consideración y se fue prodigando en compartir todo lo que su camino le estaba enseñando y se fue dando cuenta que la magia que algunos decían que tenía aquel sendero se estaba introduciendo dentro de él y la humildad y la sencillez fue haciéndose presente en cada una de las acciones que realizaba.

            Cuando, por fin, pudo dar por cumplida su promesa, se percató que el Camino le había ayudado a convertirse en una persona muy diferente a la que era unos meses antes y ahora temía el regreso de nuevo a la rutina que antes tenía y ahora detestaba, pero la vuelta era obligada porque quería entregar a su madre la credencial con todos los sellos de ese camino que había realizado por ella, para que lo tuviera siempre a la vista y de esa forma estaba seguro que espantaría para siempre aquel mal que un día le hizo temer por su vida.

            El recibimiento fue tan grande que llegó a abrumarle. Se había conocido la noticia de su peregrinación, el motivo por el que la había realizado y la forma en la que la hizo y todos los conocidos deseaban ese reencuentro para poder abrazarlo, pero además multitud de curiosos deseaban estar presentes en aquel momento y hasta algún medio de comunicación fue a recoger las impresiones de tan ilustre y diferente peregrino.

            Todos estos actos agobiaron tanto a Evelio que le hicieron ver que se encontraba fuera de su sitio, aquello no era lo que deseaba para el resto de su vida porque todo era vació y ficticio.

            Después de pasar unos días con su madre, una noche mientras se encontraban cenando, le explicó las sensaciones que estaba teniendo que le ahogaban cada día que pasaba y necesitaba volver al camino donde había descubierto que era feliz. Ahora volvería y lo recorrería como un peregrino normal y cuando terminara un camino se iría a otro y así estaría todo el tiempo que pudiera aunque de vez en cuando volvería para verla.

            Aquella madre viendo la expresión de felicidad de la cara de su hijo no podía decirle nada, porque siempre había deseado verle de aquella manera y aceptó la decisión que este había tomado.

            De vez en cuando, algún peregrino dice habérselo encontrado en uno u otro camino y muchos dicen de alguien que le ha visto, pero ha sido en tantos lugares que Evelio no puede estar en todos, aunque es posible que en cada uno de los que ha recorrido haya dejado parte de esa energía que los que han caminado por detrás de él, quizá la hayan podido sentir en algún momento de su camino.