almeida – 3 de junio de 2015.

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Cuando aquel grupo llegó hasta el albergue, enseguida me di cuenta que Jordi, era el que llevaba la voz cantante y todos asumían que era quien controlaba aquel grupo tan heterogéneo, se hacía siempre lo que él decía y todos aceptaban sin rechistar cada una de sus decisiones, pero, además, era un joven muy jovial y divertido que siempre sabia recurrir al comentario o la ocurrencia precisa en cada momento.

                El grupo lo formaban cuatro chicos y cinco chicas que se habían ido conociendo por el camino, excepto dos, la mayoría habían comenzado a caminar solos, pero el camino se había encargado de ir agrupándoles.

                Durante casi toda la tarde estuvieron en el patio del albergue formando un corro y a pesar de que Jordi no se encontraba en el centro, era casi siempre el foco de todas las miradas.

                En un momento que también me encontraba disfrutando de esos minutos de paz en el exterior del albergue, Jordi se acercó hasta donde me encontraba y entabló conversación conmigo, era muy ocurrente y comenzó a contarme historias de su camino y las anécdotas que más le habían gustado.

                -Eres- le dije – uno de esos peregrinos divertidos que van dejando huella allí por donde pasan.

                -Afortunadamente, vuelvo a ser el mismo de antes, pensé que no iba a salir del pozo, pero el camino me está ayudando de una forma increíble a conseguirlo.

                Sé que en estas situaciones, lo mejor que el hospitalero puede hacer es escuchar, quien comienza a manifestarse de esta forma es porque desea contar lo que lleva dentro, compartir esas penas que le corroen y desea hacer partícipe de ellas a los demás, por lo que me quede mirándole sin decir nada esperando a que él siguiera hablando.

                Comenzó a contarme una historia que estoy seguro que ya la había repetido en más ocasiones y eso le hacía sentirse bien, porque de alguna manera iba sacando todo el resquemor que llevaba en su interior.

                Según me comentaba Jordi, siempre había sido una persona muy alegre, en sus palabras, era el más popular de la cuadrilla y eso le hacía enormemente feliz. Además tenía un trabajo que le gustaba y su familia se encontraba muy unida, por lo que llegó ese momento en el que no le pedía nada más a la vida, únicamente que siguiera como hasta ese momento.

                Pero las cosas cuando ya no mejoran más, siempre tienden a empeorar y también esto le ocurrió a Jordi.

                Un día conoció a una joven de la que se enamoró locamente, solo vivía por ella y suspiraba por ella hasta que decidieron compartir sus vidas, Jordi dejo el hogar familiar a pesar de las reticencias de sus seres queridos y se fue a vivir con Elena porque no podía imaginarse ni un solo minuto del resto de su vida sin su compañía.

                Enseguida comenzaron los problemas, Elena, era una joven con una doble personalidad, por una parte aparentaba ser una cosa, pero en el momento que comenzabas a conocerla en profundidad te dabas cuenta que estabas con otra persona.

                Tenía una personalidad bipolar, sus reacciones podían pasar en segundos de un extremo a otro lo que desconcertaba de una forma extraordinaria a Jordi. Además tenía una grave enfermedad de la cual no le había dicho nada a su compañero hasta que comenzaron a vivir juntos.

                Pero Jordi, amaba profundamente a esa mujer, era la persona que siempre había soñado tener a su lado y sabía que por fin, su sueño se había hecho realidad y pondría todo de su parte para que aquella relación se estabilizara y se consolidara, estaba convencido que juntos superarían aquellas adversidades y podrían ser completamente felices.

                La personalidad de Elena, fue influyendo de una manera muy negativa en la de Jordi que poco a poco, sin darse cuenta o quizá no queriendo darse cuenta fue cambiando su comportamiento y su actitud hacia los demás.

                Dejó de ver a su familia, porque según Elena, ella no se sentía cómoda con ellos porque la rechazaban y lo mismo ocurrió con sus amigos que poco a poco se fueron distanciando del joven hasta perder todo el contacto que antes había entre ellos.

                Jordi, se volcó en la enfermedad de su compañera, hasta tal punto que los días que ella decía que le necesitaba a su lado, desatendía su trabajo hasta que llegó a considerarlo como algo superfluo, lo importante para él era que Elena se sintiera a gusto y cómoda y no escatimó ningún esfuerzo para cumplir todos los deseos que ella le pedía.

                Estos cambios, fueron alterando de una forma muy ostensible el carácter de Jordi que se fue haciendo cada vez más huraño y menos sociable, apenas le gustaba estar con las personas que antes habían sido el centro de su universo y con quienes se encontraba siempre tan a gusto.

                Casi sin darse cuenta, fue dejando aquel mundo que había sido el paraíso para el joven y se fue sumergiendo en otro completamente diferente en el que el carácter y la enfermedad de Elena le contagiaron de una manera asombrosa implicándose de una manera irreversible en todos los problemas de la joven.

                Un buen día, sin nada que lo hiciera presagiar, vino el desastre. Elena le dijo que había conocido a un joven del que se había enamorado locamente y se marchaba a vivir con él.

                Jamás se lo hubiera imaginado, había dejado todo por ella y ahora se sentía solo y humillado. Pensó que en esos momentos si le hubieran atravesado su cuerpo con uno o con cien hierros candentes, no hubiera sentido ninguna sensación, se sentía vacío y sobre todo muy defraudado por quien pensaba que no iba a fallarle nunca.

                Se encontraba desesperado y terriblemente decepcionado, no deseaba encontrarse con nadie, porque estaba convencido que más de uno, aunque no se lo dijera pensaría que era algo que se veía venir, porque algunos se lo habían advertido y ahora no era cuestión de escuchar lo que no deseaba oír, por eso pensó que lo mejor era desaparecer, al menos hasta que aclarara sus ideas y su mente de nuevo pudiera pensar y razonar con coherencia.

                Montó en su moto y dejo atrás Cataluña, iba sin rumbo fijo hasta que pasadas dos horas en la carretera recordó unos días de paz y tranquilidad que en alguna ocasión disfruto en un pueblo perdido de la montaña asturiana y decidió regresar a aquel lugar, estaba convencido que sería el sitio idóneo en el que podría poner en orden sus ideas.

                El pueblo se conservaba tal y como él lo recordaba a pesar de los años que habían trascurrido desde que estuvo en aquel lugar. Fue a la misma casa rural en la que se encontró solo, pero era lo mejor para los objetivos que estaba persiguiendo.

                Todos los días daba largos paseos perdiéndose en el interior de un bosque de robles y castaños, en ocasiones se sentaba a contemplar un paisaje que en otras circunstancias le hubiera resultado maravilloso, pero ahora se oscurecía constantemente con la imagen de Elena en la que no dejaba de pensar ni un solo instante.

                Los días que pasó en aquel lugar, le sirvieron de muy poco, el sentido del fracaso y la decepción que tenía unidos al recuerdo constante del ser que tanto amaba y que había perdido, no le ayudaron a recuperar ese ánimo que se había escapado seguramente para siempre. En algunos momentos pensó en volver a estar con ella, tratar de recuperarla, pero había sido tanta la decepción que había sentido, que le resultaba difícil olvidar aquella traición, no podría perdonarla nunca y poco a poco se fue dando cuenta cómo había sido utilizado de una forma torticera y todo el amor que antes había se fue transformando en un odio visceral que antes jamás había sentido.

                Viendo que de nada servía ocultarse, decidió regresar para afrontar sus problemas, trataría de hacer frente a la adversidad y quizá el paso del tiempo y el olvido conseguirían devolverle esa vitalidad de la que un día hizo gala, era consciente que no volvería a ser nunca el mismo, pero al menos lo intentaría, porque solo le quedaba seguir adelante y rehacer de nuevo su vida, ésa que se había truncado por la persona que el destino cruzo un día en su camino.

                Una vez que hubo pasado Burgos, decidió parar en un pueblo de la carretera a descansar, además ya estaba sintiendo algo de hambre y era la hora propicia para comer antes de reiniciar el camino de regreso a su casa.

                El restaurante en el que se detuvo, estaba a rebosar de gente y debió esperar a que quedara una mesa libre, había numerosos camioneros que también se habían detenido como él a comer y también observó a un gran grupo de excursionistas que estaban con sus mochilas comiendo o esperando el turno para hacerlo.

                Cuando vio que se acercaba el camarero, imaginó que llegaba su turno y por primera vez creyó esbozar una ligera mueca que podía representar una sonrisa.

                -A ver – dijo el camarero señalando a Jordi y una joven excursionista que se encontraba a su lado – una mesa para dos, venga vosotros dos podéis sentaros ya.

                -No venimos juntos – dijo Jordi.

                -Pues entonces a seguir esperando – gruño el camarero – ¡a ver, esa mesa que había para dos!

                -Si no te importa – dijo la joven – así no tenemos que esperar más.

                -De acuerdo – respondió Jordi – ¡Para nosotros, la mesa es para nosotros!

                -¡A ver si os aclaráis! – volvió a gruñir el camarero que se encontraba desbordado con la larga lista de espera que tenía.

                La joven cogió su mochila sobre el hombro y camino detrás de Jordi hasta la mesa que les habían asignado. Era una muchacha muy hermosa, aunque había en ella algo de tristeza, pero los ojos eran limpios y brillaban de una manera especial.

                -¿Estáis de excursión? – pregunto Jordi señalando la mochila.

                -¡No!, -respondió ella – soy peregrina y estoy haciendo el Camino de Santiago.

                -¡Eres creyente!, porque eso del Camino me suena como algo religioso o que se recorre por alguna fe muy especial.

                -¡Que va! – Dijo ella – el Camino está siendo una experiencia maravillosa y creo que me está ayudando como no me lo había imaginado.

                -¡Ayudando! ¿A qué?, perdona mi ignorancia, pero siempre que había oído hablar del Camino de Santiago lo relacionaba con algo de la iglesia y nunca pensé que hubiera otras razones para ir de peregrinación si no eran estrictamente religiosas.

                -¡Todo lo contrario! -comentó ella – si te fijas en la gente que hay por aquí que son peregrinos, veras personas de todas las edades, de todas las religiones, cada uno hace el camino por algo diferente y en la mayoría de los casos no tiene nada que ver con las creencias religiosas, ni mucho menos, aunque también encuentras gente que lo hace con una devoción extraordinaria.

                -¡Y tú, si puede saberse!, ¿Por qué lo haces?

                -¡Ufff! – Respondió la joven – es una larga y triste historia.

                -Bueno, si deseas compartirla, tenemos tiempo durante la comida – dijo Jordi mostrando una sonrisa que hacía tiempo no enseñaba.

                La joven suspiro profundamente como si no deseara recordar de nuevo lo que iba a contar, aunque por otra parte, deseaba sentirse liberada al hacerlo, era un sentido contradictorio que había experimentado en más de una ocasión, le costaba comenzar a mostrarse tal y como era pero cuando lo hacía, respiraba de forma aliviada como si al compartir lo que contaba lo sacara de su interior para que, de esa forma, no se quedara alojado dentro de ella.

                Comenzó diciendo lo desgraciada que se sentía en los últimos meses, había compartido los últimos años de su vida con una persona de la que llegó a depender tanto que cuando se sintió traicionada, se derrumbó. Su compañero no solo compartía su vida con ella, había otra persona con la que también compartía su amor, hasta que ella se dio cuenta de lo que pasaba y cuando le dijo que se sentía traicionada y humillada, él la dejo y se fue a vivir con la otra mujer.

                Esta situación, no solo trastocó sus ilusiones, también cambió su vida, esa que antes se encontraba llena, se había quedado completamente vacía y carecía de todo sentido.

                Se sumió en una profunda depresión y visitó al especialista para que le ayudaran a salir del bache y todos los intentos que hizo por rehacer su vida, habían sido en balde, cada día que pasaba se encontraba más deprimida y el recuerdo permanente de su compañero, no podía quitárselo de la cabeza lo que la hacía ser todavía más desgraciada.

                Jordi escuchaba sin apenas pestañear y hasta se olvidó de la comida que le habían servido, aquella joven estaba hablando y contaba las mismas cosas que hubiera contado él si se ponía a compartir lo que sentía en aquellos momentos.

                La joven que tampoco probaba bocado, viendo el interés que despertaba en Jordi su historia y percibiendo que estaba con una persona que la comprendía continúo detallando su historia.

                Una de sus mejores amigas, viendo el estado de ansiedad y depresión en el que se encontraba la joven, la invito un día a comer y fue describiendo las vacaciones que había disfrutado recientemente. Ella pensaba que escuchar como otros disfrutaban de sus días de asueto no era lo que mejor podía animarla en aquellos momentos, pero cuando su amiga comenzó a hablarle de un camino que alguna vez había oído comentar y le fue describiendo las sensaciones que cada día experimentaba y la paz y la armonía que se sentía mientras se recorría, fue despertando el interés de la joven. Lo que su amiga le estaba describiendo era la mejor terapia que una persona en su estado podía recibir, lo comprendió cuando escuchaba cada cosa que le decía y al contemplar su mirada, supo enseguida que todo cuanto ella le comentaba era verdad, los ojos le brillaban de una manera especial.

                Jordi, creyó imaginarse esa mirada, porque la joven estaba mostrando el mismo brillo en sus ojos que describía en los de su amiga, le parecía ver una luz especial cuando hablaba del camino y sus ojos se iluminaban de una manera especial.

                La joven continuó con su historia después de digerir unos bocados de lo que le habían servido en el plato.

                Confeso que a pesar de todo lo que su amiga le había contado del camino y de las ilusiones que en los días previos a su salida llegó a sentir, no estaba muy convencida que por el hecho de caminar, sus problemas se fueran a solucionar, pero no perdía nada por intentarlo, si al final no resultaba como le habían comentado, siempre tenía la opción de regresar a su casa.

                Pero enseguida se dio cuenta que se encontraba en un lugar distinto a cuantos ella conocía, desde que puso sus pies en el camino, sintió una energía especial que no se había apartado ni un solo instante de su lado. Las personas con las que a diario compartía su camino, le estaban resultado especial, como también lo eran los lugares por los que pasaba y las sensaciones que estaba recibiendo cada momento en el camino.

                Fue implicándose cada vez más con los que caminaban a su lado y pudo darse cuenta que sus problemas eran una nimiedad al lado verdaderos dramas que escuchaba cada día. Había personas que compartían con ella su historia y la joven buscaba la forma de dar consuelo a quienes padecían estas situaciones, aunque en ellos podía ver también ese mirada que confirma que van superando las pruebas que la vida les había puesto en su destino. Cada vez se implicaba más en los problemas de quienes caminaban a su lado que en los que ella llevaba encima hasta que hubo un día que apenas se acordaba de los motivos por los que se encontraba en aquella peregrinación, ese día pudo dormir durante la noche y comenzó a tener hermosos sueños en lugar de las pesadillas que antes le venían a la mente.

                -¿De verdad que te ha pasado todo eso? – preguntó Jordi.

                -Y muchas más cosas, todas ellas maravillosas – respondió ella – el camino es mágico y aquí, las personas que lo recorren saben cómo poner en el sitio y en la medida que le corresponde a todos y cada uno de los problemas que llevan consigo cuando lo comienzan.

                -Me estas dejando sorprendido y creo que ha sido un acierto que el destino te haya puesto en mi camino, porque todo lo que me has estado contando, si me preguntaras por mi historia te contaría casi lo mismo con la excepción de lo que me has explicado del camino, que desconocía hasta estos momentos.

                -Más que el destino, diría que ha sido el camino, él es el que decide donde debemos llegar y con quien debemos estar – aseguro la joven.

                -¡No te comprendo! – ¿Cómo puede el camino determinar esas cosas?

                -No te lo sabría decir, pero cada vez estoy más convencida de que es así.

                -Pues, igual también a mi podría ayudarme, porque tu problema es idéntico al mío, de hecho, ahora regreso de intentar olvidar el problema que me ha pasado hace una semana y he decidido regresar para afrontarlo y solucionarlo, pero lo que me has comentado, igual me anima a ver si también a mi puede ayudarme.

                -Seguro que lo hará – dijo ella – y si no es así, no pierdes nada, solo los días que pases en el camino que nunca son días perdidos, porque veras la cantidad de cosas que llegan a aportarte.

                -¿Como cuáles? – pregunto Jordi.

                -Eso es mejor que lo experimentes por ti mismo, cada persona lo siente de una manera diferente y una de las mejores cosas que tiene el Camino es la sorpresa, si vas con algo prefijado, seguro que no será lo mismo.

                Continuaron hablando, en realidad, era la joven la que hablaba y Jordi escuchaba con mucha atención cada una de las palabras que salía de su boca y le fue entrando ese gusanillo de comprobar si podía llegar a ser cierto todas las maravillas que ella le estaba describiendo con una pasión que en ocasiones llegaba a resultar un poco exagerada, aunque Jordi, enseguida se dio cuenta que eran tal y como la joven las estaba describiendo porque había tanta sinceridad en aquella mirada que era imposible que aquellos ojos pudiera mentir.

                Cuando terminaron de comer, Jordi insistió en invitar a la peregrina, pero ésta le dijo que en el camino, se compartía todo, hasta lo que se consumía con los demás peregrinos y se había acostumbrado a pagar a medias las consumiciones y había algunas normas que no deseaba alterarlas y esa era una de ellas.

                Cuando se despidieron, Jordi le extendió la mano pero la peregrina se abrazó a su cuello y le dio un fuerte abrazo que según ella era como se saludaban y se despedían los peregrinos. En aquel abrazo pudo percibir una energía que transmitía tantas cosas que al joven le resultaron un tanto extrañas pero a la vez muy hermosas y se sintió muy gratificado con aquel entrañable abrazo.

                Antes de subir de nuevo sobre su moto, esperó a que la peregrina se perdiera de su vista y ella en dos o tres ocasiones se giró saludándole como si también aquella despedida le costara que se produjera.

                Cuando Jordi reinició su regreso, se fue fijando en uno de los laterales de la carretera por los que en ocasiones transitaba el camino, y se fue dando cuenta de los cientos de peregrinos que lo estaban recorriendo, no era cosa de unos pocos, hasta que llegó a la autopista en Logroño, pudo cruzarse con miles de peregrinos que como la joven caminaban hacia poniente con el impulso de sus pies.

                En alguna ocasión de este trayecto, estuvo tentado a detenerse para conversar con los que caminaban para ver si ellos le contaban también la misma historia que la joven le había contado, aunque no le hacía falta para saber que era verdad, lo comprendió solo escuchando el énfasis con el que lo hacía.

                Durante ese camino de regreso, se fue dando cuenta que cada vez estaba más decidido a probar lo que la joven le había contado y curiosamente en las cinco o seis horas que tardó en llegar a su casa, fue el camino el que absorbió por completo su pensamiento y en ningún momento su problema se manifestó ni un solo instante.

                En lugar de regresar a la que había sido su casa hasta la última semana, donde estaba seguro que la presencia y hasta el aroma de Elena no habrían desaparecido del todo, decidió ir a casa de sus padres donde se encontraría mejor y de esa forma les ponía al corriente de lo que le había sucedido.

                Su familia se mostró muy alegre nada más verle entrar por la puerta, hacía tiempo que no sabían nada de él, aunque le habían llegado algunas noticias un tanto confusas sobre lo que le había ocurrido, pero quien le conociera lo suficientemente bien sabía que llegaría ese momento en el que su hijo se sincerara con ellos, solo debían darle el tiempo que necesitaba para hacerlo.

                Jordi les fue contando lo que le había ocurrido con Elena y aunque sus padres siempre estuvieron convencidos que un día u otro eso acabaría ocurriendo, en ningún momento hubo la mínima muestra de reproche, únicamente percibió comprensión, era como el hijo prodigo que regresaba al calor del hogar.

                También Jordi se mostró sorprendido que en sus palabras no había reproches ni tan siquiera esa amargura con la que antes recordaba a la que había sido su compañera, veía las cosas de distinta forma a como las contemplaba el día anterior y eso le hizo pensar en la influencia que en aquel cambio había podido tener el encuentro con la joven peregrina en aquel pueblo de Burgos.

                Cuando se quedó a solas con su padre, éste se interesó más por la situación anímica en la que su hijo se encontraba y también quiso saber los planes que tenía para reconducir su vida.

                La verdad era que no se había propuesto ningún plan concreto, aunque debía hacerlo, lo que había pasado había quedado atrás y ahora era cuestión de rehacer su vida para tratar de ser como era antes.

                Pero según iba hablando, las palabras de la joven peregrina no se iban de su mente y se lo comentó a su padre, le habló de este encuentro y de la influencia que aquellas palabras habían tenido en él desde que las había escuchado en labios de aquella joven desconocida.

                El padre de Jordi, no conocía el Camino, aunque tenía varios amigos que lo habían recorrido y las cosas que le contaban del mismo, no diferían mucho de lo que Jordi estaba poniendo en boca de aquella joven. En algunas ocasiones, estos amigos le habían animado a que se uniera a ellos para recorrerlo juntos y él no era reacio a intentarlo, pero siempre había alguna cosa que le impedía realizar ese deseo, se decía que para la próxima vez y de esta forma fue dejando que pasaran los años sin atreverse a realizarlo, pero según estaba escuchando a su hijo, esos deseos parece que de nuevo renacieron y en un momento de la conversación, le interrumpió a su hijo y le dijo:

                -Aunque nunca te lo había comentado, siempre he querido recorrer ese camino, bueno mentalmente lo he hecho en muchas ocasiones porque mis amigos me han contado las mismas cosas que tú me estás diciendo que te ha contado la peregrina. Si quieres y si crees que eso te va a ayudar, podemos recorrerlo juntos, la semana próxima, puedo coger quince días que me quedan de vacaciones y nos vamos los dos al camino.

                Aquellas palabras sorprendieron a Jordi porque no se las esperaba, por eso no reaccionó y aceptó la propuesta que su padre le estaba haciendo.

                Los días que quedaban para comenzar aquella aventura, le parecieron interminables a Jordi, pero le ayudaron mucho ya que entre hacer los preparativos, informarse sobre cómo era el camino que debía seguir y leer algunas cosas que los peregrinos escribían por Internet, apenas tuvo tiempo de nada, ni tan siquiera de pensar en Elena y eso le animó y acabó por convencerle que estaba haciendo lo correcto.

                Por fin llego ese día tan esperado y con su padre se desplazó hasta la capital Navarra, querían comenzar a caminar en las estribaciones de los Pirineos, como lo hacían la mayoría de los peregrinos y como lo había hecho la joven que se encontró en Burgos.

                Desde el primer momento que Jordi puso sus pies sobre el camino, se sintió transportado a otro estado mental, cada una de las cosas que estaba viendo, cada persona que caminaba a su lado, las historias que compartía con los demás, todo estaba resultando como la joven le había comentado.

                Pronto, comenzó a darse cuenta que la imagen de Elena ya no era tan frecuente en su pensamiento, no se había ido del todo, pero ya no estaba permanentemente como antes y eso le agradaba, llegó un momento que en ocasiones se pasaba hasta un día entero sin acordarse de ella, estaba más pendiente de los problemas cotidianos de quienes iban caminando a su lado o de esos problemas más transcendentales de algunos peregrinos para quienes la desgracia se había cebado excesivamente con ellos.

                Cuando llevaba una semana de camino, un día se levantó radiante, tanto que su padre percibió ese cambio que se había producido en su hijo y no hizo falta que preguntara nada, éste enseguida quiso compartirlo con su padre y le confesó que esa noche, como le había ocurrido a la peregrina, había conseguido soñar, fueron unos sueños muy hermosos en los que en ningún momento estuvo presente la imagen de Elena, las pesadillas habían desaparecido ya por completo.

                Fue un día feliz para los dos porque su padre, estaba sintiendo el cambio que se estaba produciendo en su hijo que en ocasiones volvía a ser el de antes, el que todos recordaban y en un momento llegaron hasta a pensar que lo habían perdido para siempre.

                También para los dos fue una experiencia extraordinaria, para Jordi por volver a recordar a su padre como cuando de pequeño le veía como esa persona que podía hacer frente a cualquier adversidad porque era su referente, el que todo lo puede, el que se crece ante las adversidades y ahora de nuevo lo estaba demostrando porque se encontraba más pendiente que nunca de su hijo que le necesitaba como cuando comenzó a dar los primeros pasos.

                También el padre de Jordi disfrutaba como lo había hecho muchas veces con su hijo, era alguien de quien se sentía orgulloso, aunque en algún momento, sobre todo en los últimos años no estaba muy de acuerdo con el rumbo que había tomado su vida, pero sabía que en el fondo, hay cosas que no se olvidan porque se mamaron desde muy pequeño y a pesar de la oscuridad que en ocasiones puede ensombrecer cualquier situación, al final la luz acaba imponiéndose y en este caso lo estaba viviendo al lado de su hijo.

                Cuando más estaban disfrutando de la compañía mutua, llegó ese momento que tienes que interponer la obligación a los deseos y los días de vacaciones del padre de Jordi estaban llegando a su fin y debía regresar de nuevo a su trabajo.

                Estaban llegando a León, allí lo dejarían y regresarían de nuevo a su casa, Jordi, había decidido dejar su camino cuando lo hiciera su padre, no tenía sentido seguir él solo, por lo que ni se planteó en ningún momento seguir avanzando solo.

                Pero su padre, no opinaba lo mismo, estaba convencido que aquellas dos semanas habían beneficiado de una forma extraordinaria a su hijo y deseaba que continuara adelante, estaba convencido que le ayudaría a desterrar de una forma definitiva esos fantasmas que de vez en cuando acudían a su mente.

                Los últimos días que le quedaban de camino, fue urdiendo un plan en complicidad con algunas personas que estaban en su grupo y entre todos consiguieron convencer a Jordi que debía seguir adelante porque se habían acostumbrado a la compañía de los dos y el grupo podía perder a uno de sus integrantes, pero a los dos iba a ser muy difícil poder reemplazarles.

                Aquellas muestras de afecto y sobre todo el convencimiento que lo que estaba haciendo le venía muy bien fueron suficientes para que Jordi continuara el camino.

                La despedida en León fue triste, pero los dos estaban convencidos que era lo correcto, en esas dos semanas que habían compartido juntos, se habían llegado a conocer de una forma muy diferente a como lo habían hecho durante toda su vida, fueron conscientes de la importancia que tenía el haber encontrado el apoyo del uno en el otro y se dieron cuenta que la familia siempre está para esos momentos en los que no sabes a quien recurrir y nunca van a ser indiferentes a los problemas que la vida va presentando.

                El primer día sin su padre a su lado, resulto un tanto deprimente para el ánimo de Jordi, pero enseguida se fue haciendo necesario en el grupo en el que estaba y el también necesitaba a quienes caminaban a su lado y volvieron a formar esa piña que en ocasiones se suele producir en el camino.

                Cuando dieron por finalizada su peregrinación, todos lo celebraron de una forma muy especial y cuando Jordi se quedó meditando en el silencio de la Catedral, se dio cuenta que su vida en el último mes había dado un cambio muy drástico, de encontrarse sumido en un pozo que parecía no tener fondo, había vuelto a ver la luz, el camino le había cambiado, se había transformado y ahora se sentía una persona nueva, un ser diferente para el que había un futuro que todavía tenía que descubrir.

                Cuando regresó de nuevo a su casa, no hizo falta que fuera describiendo todo lo que había sentido durante su peregrinación, sus ojos hablaban por él, delataban la felicidad que había encontrado y se sentía de nuevo como aquella persona que todos habían creído que se había ido para siempre.

                volvió de nuevo a su trabajo y recuperó a su antigua cuadrilla que le recibieron con los brazos abiertos y fueron viendo como con el paso de los días volvía a ser el que todos recordaban, aquel joven alegre y vital que sin proponérselo, conseguía ser el centro de atención de todos cuantos se encontraban ante él.

                Había recuperado su vida anterior y sobre todo la ilusión por disfrutar cada instante de lo que estaba haciendo, pero algo había cambiado, el Camino se había introducido en él y estaba convencido que ahora más que nunca, para seguir disfrutando de cada momento, era necesario ese contacto con el camino y solo deseaba tener los días libres para regresar de nuevo a sentir esas sensaciones que no las iba a encontrar en ningún otro sitio.

                Cuando yo me encontré con él, estaba disfrutando de sus vacaciones y como no podía ser de otra forma, había elegido el camino para poder disfrutar de ellas y se encontraba eufórico porque por fin, saboreaba con deleite lo que el Camino estaba poniendo cada día a su alcance, se había unido a un grupo en el que todos se necesitaban y él, como peregrino algo más experto que los demás, era quien llevaba en determinadas ocasiones la voz cantante y ellos le seguían, pero según me confesó, era él el que necesitaba más que nadie a los que se encontraban caminando a su lado.

                -¿Entonces por fin eres feliz, el camino te ha ido poniendo todo lo que vas necesitando? – le comenté después de escuchar esta historia que me pareció especial.

                -Bueno, ahora estoy viendo las cosas de una forma diferente y las valoro también de una manera distinta, pero en ocasiones sé que me falta algo, y solo deseo el día que pueda cumplirlo.

                -Pero, por lo que estoy viendo y estoy escuchando, eres feliz, vuelves a tener todo lo que deseas, ¿se puede saber qué es lo que echas de menos?

                -únicamente creo que me falta una cosa para ser completamente dichoso. Los días que estuve caminando con mi padre, fueron muy especiales para mí, pero no terminamos el camino, solo espero que llegue ese momento en que en compañía de mi padre pueda reiniciar el camino donde lo dejamos y dar por finalizada nuestra peregrinación y sobre todo, seguir aprendiendo de mi padre, esa persona a la que creía conocer y con la que en ocasiones nos separaban tantas cosas y en el camino he descubierto que solo soy una continuación de lo que es él y para poder seguir sus pasos, únicamente debo aprender de su experiencia, entonces me consideraré una persona feliz.

                En ese momento, Jordi fue de nuevo reclamado por sus amigos y me dejó allí pensativo, dándole gracias en silencio por una de esas lecciones que en ocasiones nos regalan los peregrinos y que nos sirven para valorar un poco mejor lo que tenemos. Me acordé de mis hijos y soñé por un momento que algún día si el camino lo quería podríamos recorrerlo juntos y de esa forma, conocernos un poco mejor.