Cuentan los más mayores, que en el año 1.948 un vecino de Tábara, Manuel Casas, tuvo que ser intervenido con una complicada operación por una dolencia cardiaca, eran tiempos en los que la cirugía no estaba tan avanzada y desarrollada como en la actualidad y aquella operación corría el riesgo de no tener el resultado que se deseaba.

Emilia Fresno, la mujer de Manuel, intercedió ante los santos para que todo se desarrollara como deseaban y doña Emilia, que era muy ferviente y profesaba gran devoción por la Virgen del Carmen, prometió en aquel trance, que si su marido salía con bien de la operación, adquiriría una imagen de la Virgen que donaría a la iglesia del pueblo de Tábara.

El resultado fue el que todos deseaban y doña Emilia cumplió su promesa y encargó a los mejores tallistas en madera de Zamora una imagen de la Virgen que es la que se venera en la actualidad en la Iglesia de Tábara.

Curiosamente el día del Carmen se celebra el 16 de julio, pero al ser una época en la que un pueblo dependiente del campo y la agricultura como es Tábara, los vecinos se encuentran en plena recolección de las cosechas y lo prioritario en esos momentos era atender las labores del campo, se optó por celebrar y honrar a la Virgen una vez hubiera pasado la época de mayor trabajo y se estableció que fuera el tercer domingo de septiembre, cuando ya la faena ha disminuido de forma considerable.

La Cofradía que se encarga de honrar y venerar a la Virgen del Carmen, lleva funcionando desde que la imagen se encuentra en el pueblo de Tábara, pero sin duda ha sido en estos últimos 20 años, con la nueva junta que la dirige, presidida por José María Vara, cuando se ha dado un empuje importante a esta celebración.

Como dato significativo, la Cofradía cuenta con más miembros que habitantes tiene el pueblo, ya que muchos que se encuentran fuera de Tábara quieren seguir vinculados a su pueblo a través de una Cofradía como esta.

Los últimos dos años han representado un parón para las actividades que anualmente preparaba la junta directiva, en la que todos los miembros se esmeraban para organizar unos festejos dignos y unas ofrendas especialmente significativas.

El sábado se organizaba una fiesta en la que además de hinchables para los niños, se pone a disposición de los mayores un tren que va recorriendo diferentes lugares del pueblo y el día grande, el domingo, la imagen de la Virgen era cubierta con ramos de flores y después de la misa mayor se procesionaba por el pueblo y la escuela de paloteo de Tábara también a través de sus danzas la rendían culto.

Además del convite que se hacía para toda la población, aquellos cofrades que lo deseaban participaban en una gran comida en la que se concentraba la mayor parte de cofrades y vecinos del pueblo.

Han sido dos años en los que se han tenido que paralizar todas las actividades que habitualmente se venían realizando y el pueblo estaba deseoso de poder disfrutar con cada uno de los actos que habitualmente se hacían, por lo que este año, aunque no se han podido celebrar gran parte de los actos que venían haciéndose, hemos podido ver el entusiasmo y el interés que tienen los vecinos por recuperar sus tradiciones, ya que incluso algunos de los pocos habituales a frecuentar el interior del templo, en esta ocasión hemos podido verles dentro de la iglesia, lo que no deja de ser un milagro de nuestra señora a la que todos profesan una gran devoción.

La directiva de la Cofradía confía que a partir de ahora, todo comience a volver a la normalidad y esos actos a los que se han visto privados de realizar en los dos últimos años, haya representado tan sólo un paréntesis y en próximas ediciones, todos podamos disfrutar de la procesión que con tanto fervor sigue la gente de este pueblo.

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