almeida – 20 de diciembre de 2014.

Antiguamente la Cruz de los Farrapos y en la actualidad las hogueras de Finisterre han sido testigos mudos del cambio que los peregrinos han experimentado en sus vidas rompiendo con su pasado. Igual que el Ave Fénix, el fuego purificador hace que una nueva vida resurja de las cenizas.

El camino es una vida muy intensa que se vive en un mes. Durante este tiempo llegamos a experimentar unas sensaciones que van a dar un giro importante y trascenden­tal a nuestra existencia.

Cuando decidimos romper con el pasado siempre nos queda un vacío interior que no sabemos cómo podemos llenar. Entonces, sentimos que el camino nos llama, somos atraídos hacia él como si se tratara de un potente imán.

Cuando avanzamos sobre él todos nuestros sentidos se encuentran ávidos de captar lo que el camino nos va ofre­ciendo. Unas veces son cosas tangibles que podemos cuan­tificar, otras son sentimientos que van complementando nuestro espíritu y la mayoría de las veces son vivencias, esas experiencias que otros ya han experimentado y nos ayudan a superar la angustia que sentíamos antes de iniciarlo.

Durante el tiempo que estamos caminando fortalece­mos nuestra alma y nuestro espíritu y vamos sintiendo ese alivio que sólo las almas nobles tienen en todo momento para afrontar cualquier situación que, a lo largo de la vida, los caprichos del destino nos puedan deparar.

Cuando llegamos a Santiago es cuando comienza nuestro camino. Ahora nos sentimos diferentes, Somos otras personas capaces de afrontar los retos que la vida nos presenta. Somos diferentes porque nuestra vida, nuestro cuerpo y nuestro ser han experimentado un cambio. Hemos dejado que el fuego vaya consumiendo lo que nos ataba al pasado.

No sabemos cómo explicarlo, pero tampoco importa porque somos conscientes del cambio que hemos experimentado, hemos adquirido nuevas fuerzas que nos van a permitir alcanzar nuestros sueños.

Porque cuando nos pusimos en el camino, íbamos con sueños. Sueños de cambio, sueños de una vida mejor y esos sueños han ido germinando en nuestro interior mientras caminábamos.

Ahora sabemos que el renacer pasa por vivir esos sueños y el camino nos ha ido enseñando cómo vadear las dificultades para poder alcanzarlos y cuando lo conseguimos, experimentamos el cambio en nuestras vidas, porque en ese momento alcanzamos esa felicidad con la que tanto hemos soñado.