almeida – 30 de abril de 2014.

Peter, se extrañó que nada más verle acercarse al albergue, le diéramos una calurosa y eufórica bienvenida en lugar de decirle que se alejara con palabras y gestos como era frecuente en el Camino que estaba recorriendo.

Lo que hacía diferente a este peregrino sobre los demás, era que estaba recorriendo el Camino con Simba, su burro y ante todo, su compañero de Camino.

Peter, desde hacía mucho tiempo, se sentía peregrino y deseaba recorrer el Camino, pero quería hacerlo de la forma clásica, saliendo desde su casa en Holanda. Había calculado que tardaría cerca de tres meses, por lo que fue demorando este sueño hasta que contara con los días suficientes para poder recorrerlo.

Una inoportuna lesión en la espalda que le afectó a la columna vertebral iba a trastocar todos sus planes, porque se veía imposibilitado para llevar sobre sus espaldas una mochila en la que transportar las cosas que iba a necesitar en cada jornada, lo que hizo que fuera descartando momentáneamente los planes que se había ido haciendo.

Pero, un día, paseando por uno de los parques de su ciudad, vio la solución a su problema. En el parque había dos burritos que se alquilaban para dar pequeños paseos a los niños o a quienes deseaban montarse a los lomos de estos nobles animales y concibió que su proyecto de nuevo volviera a ser viable.

Habló con el dueño de los animales y después de una negociación, llegó a un acuerdo para adquirir a Simba, el burro que inicialmente llamó su atención.

No resultó fácil la relación durante los primeros días. Simba echaba de menos la compañía de la burrita con la que diariamente estaba en el parque y se mostraba arisco y en ocasiones hasta agresivo, pero estaban predestinados para iniciar juntos una aventura muy especial y poco a poco se fueron haciendo el uno al otro.

Durante el aprendizaje de Peter para convivir con su nuevo compañero y sobre todo conocer las costumbres del animal, se fue dando cuenta que muchos de los ilustres peregrinos de la historia habían recorrido sus caminos con este animal. Jesús cuando entró en Jerusalén, lo hizo a lomos de un asno y muchas de las imágenes que fue viendo de peregrinos, estos, estaban representados al lado o a lomos de un burro, lo que ratificó que estaban predestinados a hacer este Camino en compañía del otro.

Cuando seis meses antes de llegar a Tábara, Peter comenzó a caminar con su compañero, se imaginó el Camino como ese lugar mágico en el que iría encontrando muchas respuestas a las preguntas que siempre se hacía y sobre todo, al peregrinar a la antigua usanza, le abriría muchas puertas porque siempre este tipo de peregrinación se contempla con unos ojos especiales.

Pronto, se dio cuenta que no iba a ser así, la mayoría de los sitios no están acondicionados para animales y en lugar de encontrar esa comprensión que esperaba, fue viendo el rechazo que le mostraban en aquellos lugares a los que llegaban.

En la mayoría de los sitios, le decían que no había lugar para ellos, que debían seguir avanzando y literalmente desaparecer. Se habían convertido en una molestia que nadie quería tener a su lado. Pero sobre todo lo que más disgustaba a Peter, era que además de la incomprensión que estaba encontrando, por la dificultad del idioma, tampoco le daban ninguna alternativa ni le decían en que sitio podía acampar para pasar la noche.

Únicamente en una ocasión en la que unas rozaduras dañaron los lomos de Simba, Peter encontró en un campesino esa ayuda que se le había negado en muchos albergues del Camino porque le ofrecieron toda la colaboración que necesitara hasta que el animal se hubiera repuesto.

Eso fue haciendo que la peregrinación se fuera convirtiendo en una soledad agradable. Era otra de las cosas que buscaba desde que salió de su casa, esa soledad tan necesaria para poder encontrarse a si mismo y fue encontrándola según iban pasando las jornadas lo que hizo que el Camino le fuera aportando esos valores que algunos consiguen encontrar mientras lo recorren.

Pero no todos los días fueron buenos, parte del camino la estaba recorriendo en los duros meses de invierno y cruzar los Pirineos puede resultar excesivamente duro como algunos días que tuvo que dormir a quince grados bajo cero y a pesar del calor corporal que se ofrecían, casi pensó que la sangre se iba a congelar en sus venas.

También Simba tenía esos momentos en los que uno se pregunta que está haciendo, como le pasa a los peregrinos y al no comprenderlo, se niega a seguir adelante, pero al final siempre hay ese apoyo entre dos peregrinos que en los momentos de desfallecimiento de uno de ellos encuentra el animo que le da el otro.

Uno de los problemas que Peter tardó en aprender era cuando Simba se negaba a pasar por los sitios peligrosos, Un desnivel, un puente o cualquier lugar que no ofreciera una estabilidad y una seguridad hacia que el animal se detuviera y se negara a seguir adelante.

Pero pronto, Peter aprendió a comprender y superar estas dificultades. Fue cuando se dio cuenta que el burro se negaba a seguir por la inseguridad que Peter tenía a que lo hiciera, Cuando se percató que sus pensamientos eran comprendido por Simba, Peter pensaba que cualquier obstáculo era fácilmente superable y el burro avanzaba sin ningún temor.

Con el paso de los días, Peter, se fue percatando que Simba se estaba convirtiendo en su maestro, tenía un instinto fuera de lo común y trataba de aprender de cada reacción que hacía el burro y buscaba un sentido a lo que este realizaba, y casi siempre lo conseguía.

Aunque había cosas que le desesperaban, eran esas manías del compañero con el que llevas mucho tiempo y se van convirtiendo en vicios que pueden llegar a ser insoportables.

Una de las manías más frecuentes de Simba era cuando estaban terminando su jornada, casi siempre lo hacían al finalizar la tarde y generalmente, cuando llegaban las ocho de la tarde que era la hora en la que la mayoría de las tiendas cierran su puertas, Peter apremiaba al burro para llegar y poder comprar alguna cosa para comer, pero el burro se plantaba y no daba un paso más por lo que cuando llegaban el establecimiento ya se encontraba cerrado y debía hacer un ayuno al que se estaba acostumbrando de una forma obligada aunque ya no le importaba.

Pero sobre todo, Peter se estaba dando cuenta que como le había ocurrido a aquellos personajes que había visto en fotos, estaba aprendiendo a ver a través de los ojos de su burro y eso le estaba convirtiendo en una persona mejor, porque ahora apreciaba las cosas importantes de la vida.

Mientras que muchos piensan en la ropa que llevan al Camino, las cosas que pueden ir adquiriendo para mejorar, veía como Simba solo se preocupaba por encontrar un lugar en el que hubiera pasto abundante o agua con la que saciar su sed, lo demás carecía de importancia.

Desde que había dejado el Camino que siguen la mayoría de los peregrinos, estaba disfrutando de una forma muy especial su Camino.

Al tener muchas noches que dormir bajo un gran manto de estrellas, se estaba dando cuenta que cada vez se sentía más integrado en la naturaleza. Esa era la esencia del Camino, del Camino que el soñó en alguna ocasión y ahora gracias a su compañero, amigo y sobre todo, maestro, estaba extrayendo toda la esencia que la peregrinación tiene.

Cuando por la mañana les vi alejarse del albergue, los dos se encontraban muy felices. Peter por la acogida que se le había ofrecido la cual no había visto en la mayoría de los días que se encontraba peregrinando y Simba porque estuvo libremente por los alrededores del albergue y pudo saciarse con la abundante hierba verde que había crecido después de las últimas lluvias.