almeida –6 de febrero de 2015.

Generalmente, los grandes cocineros siempre han contado con algún ingrediente especial que aplicaban a sus guisos y los hacían únicos, para ellos constituía uno de los mayores secretos que debían guardar y solo transmitían a los que les reemplazaban.

Hoy en día, los grandes creadores de la gastronomía, ya no son tan celosos de su conocimiento y lo suelen compartir, aunque siempre se llevarán el merito de haber sido quienes lo han creado, ese es el reconocimiento que esperan recibir y eso es lo que colma las aspiraciones que tuvieron la primera vez que se pusieron delante de los fogones.

Pero el hecho de haber conseguido ser reconocido por los demás, lo que hace grandes a los grandes es su constante evolución, su afán de aprendizaje y siempre están experimentando con cosas nuevas y sobre todo con esas nuevas texturas y esos nuevos ingredientes que conjugan a la perfección haciendo que sus creaciones sigan siendo únicas.

En los albergues de peregrinos, en aquellos que se hace cena comunitaria para los que llegan, a pesar que en ocasiones llegan a los albergues hospitaleros con unas dotes culinarias que destacan sobre la media, es muy difícil hacer grandes experimentos ya que generalmente se utilizan las cosas que hay y éstas suelen ser las que en relación calidad precio son más interesantes y nutritivas para los peregrinos.

Es habitual repetir varias veces a la semana la misma cena, ya que los comensales van a ser siempre diferentes, por eso algunos alimentos son los que siempre hay en la despensa del albergue ya que solucionan siempre el no saber con cuántos comensales se va a contar esa noche.

Las patatas, las lentejas, el arroz,….son algunos de los alimentos que día tras día se hace para los peregrinos ya que para ellos comer algo caliente es importante y sobre todo hay que mirar que sea muy nutritivo.

Pero a pesar que la base del plato sea siempre la misma, los ingredientes casi nunca lo son y se va echando mano de lo que en esos momentos haya en la nevera o en la despensa y las lentejas de hoy no tienen nada que ver con las que se pusieron ayer ni tendrán nada que ver con las que se pongan mañana, todo depende de si en esos momentos hay zanahoria o morcilla o patata con la que acompañar el guiso que se está haciendo.

El caso es que cuando sirves a los peregrinos un plato humeante de lentejas recién sacadas del fuego, que la mayoría de los que están sentados en la mesa no las han comido desde que salieron de su casa, es curioso ver cómo cuando introducen la cuchara dentro de su boca y saborean el contenido de lo que les has servido, mas de uno se queda mirando al hospitalero y le comenta:

-¡están muy buenas! ¿Qué es lo que llevan?

En estas situaciones, cuando ya estoy esperando la pregunta, les digo:

-Llevan un ingrediente especial, a ver si lo adivináis.

Es curioso observar como los extranjeros que no se han enterado de lo que estábamos hablando, piden que les traduzca lo que acabo de decir y cuando he terminado, todos vuelven a introducir la cuchara en el cuenco y en esta ocasión ya saborean el contenido de la cuchara, se deleitan con el sabor que se desparrama por sus pupilas, incluso cierran los ojos para que todos los sentidos se concentren en el del gusto y tras chascar la lengua, como si ya ésta les hubiera transmitido ese ingrediente secreto, se ponen a decir lo que para ellos es.

La verdad, he de reconocer, que con todas las cosas que se dicen, se puede equipar muy bien una despensa aunque esta sea muy grande y también nos dan muchas ideas sobre algunas cosas que deberíamos o que podríamos añadir a las legumbres ya que seguro que no estarían nada mal.

Algunos incluso van haciendo elugubraciones sobre la forma y el momento en el que se han ido añadiendo cada una de las cosas que dan forma a aquel guiso y según van diciendo lo que se les ha ocurrido, al ver que muevo la cabeza de un lado a otro, no cejan en su empeño de adivinar lo que contiene aquella cosa tan exquisita.

A veces me da la sensación que con todo lo que van comentando, hace que se aceleren sus jugos gástricos y todavía les resulta mucho más agradable cada una de las cosas que están degustando, pero procuro mantener la tensión y dejar que sigan diciendo las cosas mas inverosímiles.

Cuando ya veo que pasa un tiempo prudencial, antes de decirles la respuesta, espero que haya alguien que se de por vencido y la pida, siempre lo hay, entonces, muy lentamente, tratando de que todos lo escuchen, les digo:

-Cariño, el ingrediente especial que llevan es el cariño de quienes han colaborado para que esta cena se haga y os guste como he visto que os ha gustado.

-Un prolongado ¡Ohhhhhhhhh!, o un ¡Ahhhhhhhh!

Se escucha en el comedor y todos asienten diciendo que no falta nada de razón a cuanto digo.

Por eso, estoy convencido que todos los peregrinos que han tenido la fortuna de compartir la cena en esos albergues que todavía se sigue aplicando la acogida tradicional, estarán de acuerdo en que lo que se elabora en estos albergues, lleva ese ingrediente especial que los hace tan diferentes.