Roberto no tenía ninguna prisa por retirarse a descansar. Como era su costumbre, esa noche se alojaría en la casa de su amigo Sancho, la cual solo se encontraba a un par de jornadas de regresar a su casa. Además, se encontraba muy animado y deseaba disfrutar de la buena compañía que tenía esa noche.

El aguardiente se iba consumiendo muy rápidamente y debieron sacar dos nuevas botellas hasta que el efecto fue haciéndose ostensible en el cuerpo de varios de los presentes.

Como eran personas inteligentes, con el licor no volvieron a hablar de ningún asunto de la Orden, eran conscientes que en esas situaciones se pueden cometer algunas indiscreciones involuntariamente, por lo que el resto de la velada el tema de conversación giró en torno a temas intrascendentes.

Sancho fue el primero que se excusó y se retiró a descansar a sus aposentos, media hora después le acompañaron el resto de los presentes. Tenían todavía por delante dos largas jornadas de viaje antes de llegar a su destino.

Se desearon buenas noches y todos se retiraron a descansar. Bernard, al levantarse se dio cuenta que no se encontraba en las mejores condiciones y pensó que había sido un acierto no haber hablado mucho durante la sobremesa, ya que se encontraba bastante mareado y podía haber cometido alguna indiscreción que le hubiera hecho perder la confianza que todos habían depositado en él.

Fin del capítulo XXVI