almeida – 10 de julio de 2015.

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Con algunas personas surge desde el primer instante una química especial y sin un motivo aparente aparece una afinidad desde que se cruza la primera mirada.

            Algo de esto debió ocurrirme con Xabi, un joven peregrino y hospitalero con el que apenas he estado en tres ocasiones, pero enseguida te das cuenta que es uno de esos tipos que merecen la pena.

            Le conocí cuando se encontraba haciendo el cursillo de hospitaleros, seguramente era el más joven de todos los que participaban en aquel encuentro y solo por eso, ya destacaba. Ver que una persona tan joven estuviera interesada en ofrecer su tiempo para los demás, era algo inusual, pero además en esa ocasión, también destacó porque sin darse cuenta, se entusiasmó con lo que estaba viendo y prolongó su paseo más de lo normal hasta que al regresar se percató que el albergue se encontraba cerrado y él estaba en la calle.

            Como vivíamos en poblaciones cercanas, hubo un segundo encuentro en el que quedamos unos minutos para entregarle un encargo que me había hecho, fue un encuentro breve, pero los peregrinos sabemos que no hace falta mucho tiempo para llegar a conocer a una persona.

            Sin duda cuando más tuve ocasión de conocerle fue en un desplazamiento que hicimos a otra comunidad para asistir al entierro de una amiga común. Las horas de viaje y el tiempo que estuvimos juntos me permitió comprobar que estaba ante uno de esos peregrinos que disfruta con el camino y sobre todo, que lo vive con pasión.

            Fueron varios los planes que hicimos para un siguiente encuentro, pero muchas veces las intenciones se quedan solo en eso, nos vemos condicionados por el día a día y a pesar de vivir a un puñado de kilómetros no se produjo este esperado encuentro.

            Hoy en día, la distancia no representa ningún obstáculo para estar al corriente de lo que hacen tus amigos y las personas que aprecias. Las nuevas tecnologías nos dan una sobre información que compensa muchas cosas, aunque siempre digo que no es lo mismo que estar sentado alrededor de una mesa tomando un vino y esa comida que habíamos planificado y las nuevas tecnologías no pueden reemplazar no se llegó a producir, pero, como suelo decir, las cosas siempre llegan cuando tienen que llegar y estoy convencido que tarde o temprano disfrutaremos de esos planes que habíamos hecho.

            He seguido con interés las andanzas de Xabi en estos últimos meses y sobre todo he prestado atención a una situación que ha cambiado su vida porque ha dejado todo lo que tenía, hasta poder ver cada dos domingos a su querido Athletic, para vivir uno de esos sueños que ocurren en contadas ocasiones, aunque le veo tan feliz que sé que los leones comprenderán esta justificada ausencia.

            Hace unos meses, Xabi se encontraba en uno de los pueblos del camino disfrutando de unos días de vacaciones y como no podía ser de otra forma, el contacto con los peregrinos era algo que buscaba en cada rincón de aquel pueblo. Esperaba a los que llegaban y salía a saludarles o buscaba a los que se encontraban sentados en un banco y se sentaba junto a ellos para hablar de lo que era su pasión y de esa forma el contacto con el camino y con los peregrinos que lo recorrían le hacía sentirse especialmente a gusto.

            Estaba escrito que aquella tarde tenía que ir hasta el albergue de la localidad para darse un baño de conversación con los peregrinos que se encontraban allí y sentir lo que ellos sentían y sobre todo compartir esos momentos tan especiales que hay en cada jornada escuchando las historias que cuentan los que llegan al albergue.

            Se trataba de uno de los mayores albergues del camino en el que se llega a acoger a casi cien peregrinos y muchos de ellos se encontraban en el exterior del albergue formando grupos o con la única compañía de ellos mismos que es como mejor se reflexiona sobre lo que ese día se ha dejado atrás.

            Entre tanta gente los ojos de Xabi fueron a cruzarse con los de Marta, una peregrina diferente a los demás que se encontraba sentada en uno de los bancos y meditaba sobre lo que la jornada le había aportado mientras pensaba en la siguiente. A pesar de su juventud, Marta ya había recorrido antes el camino y sentía ese gusanillo que se introduce en el cuerpo de los peregrinos y la única forma que tienen de calmarlo es poniendo de nuevo sus pies sobre este sendero mágico.

            Sin pensarlo, Xabi se acercó a la peregrina, era muy hermosa y había en ella algo que la hacía distinta a las demás, Xabi no sabía lo que era pero enseguida se dio cuenta de esa diferencia y Marta no hizo como con otros moscones que suele haber en el camino y aceptó la compañía de aquel desconocido que también le inspiraba confianza.

            Comenzaron a hablar del camino y enseguida se dieron cuenta que hablaban el mismo idioma, tenían los mismos gustos y sobre todo, se encontraban muy a gusto conversando, tanto, que las cuatro horas que pasaron juntos fueron como un suspiro, ese suspiro que durante esa noche a los dos apenas les permitió conciliar bien el sueño porque se encontraban solos y añoraban esa conversación que habían tenido unas horas antes.

            Pero al día siguiente Marta ya no iba a caminar sola, Xabi se las había ingeniado para conseguir su número de teléfono y esa mañana cuando Marta se despertó lo primero que vio en su teléfono era un mensaje de buenos días que Xabi le envió a la hora que sabía que se iba a levantar.

            Esa jornada Marta recibió varias llamadas como si la conversación no se hubiera detenido por la distancia, el móvil permitía que se encontraran tan cerca el uno del otro como lo habían estado la tarde anterior.

            La peregrina tenía previsto el lugar en el que detenerse esa jornada, pero Xabi le aconsejó que caminara cinco kilómetros más y llegaría hasta uno de esos lugares especiales del camino. Él los conocía bien, había colaborado en algunos albergues como hospitalero y sabía cuáles eran aquellos sitios en los que Marta se iba a encontrar la esencia del camino. Ella fue siguiendo los consejos que el joven le estaba dando y comprobaba que cuanto le decía era tal y como lo estaba sintiendo y viviendo y además en algunos albergues había hospitaleros conocidos de Xabi que fueron ratificando la impresión que la peregrina se había formado de aquel joven.

            Marta estaba recorriendo un camino especial y diferente, en todo momento se sentía acompañada de Xabi y cuando éste no llamaba, era ella la que con cualquier excusa de una duda que le había surgido, le llamaba, no para satisfacer la duda sino para deleitarse escuchando su voz.

            No quería que ese camino se terminara, estaba siendo tan especial que quiso que los días se alargaran porque sabía que cada paso que estaba dando, no lo hacía ella sola, en todo momento sentía la compañía de quien se estaba convirtiendo para ella en esa persona especial que el camino sabe poner en nuestra vida, esa alma gemela que ha estado vagando en busca de quien la pueda complementar y ella la había encontrado.

            Todo tiene un final, aunque hay muchos finales que pueden llegar a ser el principio de algo y cuando Marta llegó a Santiago, pensó que se había terminado ese sueño del que no quería despertarse, aunque enseguida se dio cuenta que no iba a ser así.

            Durante las largas horas de conversación a través de la línea telefónica, se habían interesado por conocer los gustos del otro y Marta sabía que Xabi disfrutaba escuchando a Loquillo y quiso el destino que ese día en Santiago se celebrara un concierto de este músico y sin pensarlo adquirió una entrada para verlo.

            Lástima que no pudiera presenciarlo con quien formaba ya parte de cada uno de sus sueños, pero no hay nada imposible y a través una vez más del móvil, los dos fueron disfrutando de algunas de las canciones emblemáticas de este músico.

            Era la víspera de la festividad del Apóstol y Marta se encontraba sola en aquel lugar tan entrañable del camino y echaba de menos la compañía de Xabi y de nuevo pensó en el final, el camino se terminaba para ella y quién sabe si dejarían de llegar las llamadas y los consejos que tanto esperaba cada día. Pero no se resignaba a que esto fuera así y ese final lo vio como un principio, tenía que ser el principio de algo que ella y los dos querían y fue ingeniándoselas como solo saben hacerlo las mujeres y su mente enseguida vio con claridad cuál iba a ser el próximo movimiento que hiciera en aquella partida de sentimientos.

            Xabi vivía en una localidad del camino de la costa y Marta ya había recorrido este camino anteriormente, pero lo había hecho desde Cantabria, le quedaba pendiente el tramo que hay en el País Vasco y como contaba con unos días libres, le dijo a Xabi que le encantaría recorrer esta parte del Camino y sería estupendo hacerlo con él.

            A Marta lo que menos le apetecía después de recorrer 800 kilómetros era volver al camino, pero en ese camino estaba Xabi y ella lo que quería era caminar a su lado, sentir esa compañía que tuvo en el anterior, pero de una forma permanente y sintiendo el contacto de quien se había instalado en su mente y no quería que se alejara nunca de allí.

            A Xabi la propuesta le pareció maravillosa, era como ver cumplido ese sueño que has ido teniendo cada noche y se repite y se repite hasta que lo ves tan real que cuando te encuentras despierto también lo ves con el mismo sentimiento y realidad.

            Por fin llego el día tan soñado y en ese tan esperado encuentro sus cuerpos se fundieron en un abrazo en el que sobraban las palabras, no hacían falta porque el contacto físico que los dos tanto habían esperado se encargó de decirlo todo. Estaban radiantes y felices, porque estaban comprobando que los sueños cuando se desean como ellos lo deseaban, pueden llegar a hacerse realidad.

            Comenzaron a caminar en Irún y desde el primer momento se dieron cuenta que sus pasos iban acompasados, había una armonía en aquel caminar que resultaba perfecto y cuando voluntariamente alguno de los dos cambiaba el ritmo, el otro cogía su mano y de nuevo volvía la armonía y otras veces, Xabi rodeaba la cintura de Marta y parecía como si los dos cuerpos se fundieran en uno y solo hubiera un único movimiento en cada paso.

            En el mes de agosto, este camino se encuentra rebosante de peregrinos y Xabi hubiera disfrutado hablando con ellos del camino, pero ahora le sobraban todos porque para él, la única peregrina que estaba en ese camino era la que llevaba a su lado y trataban de buscar esa intimidad en la que los dos podían conocerse mejor y los demás sobraban.

            Al tercer o cuarto día, cuando llegaron a los parajes en los que el bueno de Bolitx también soñaba con el camino mientras contemplaba los rincones de su pueblo y donde el gran Zuloaga se hizo inmortal con algunas de sus sublimes obras, la llama que había prendido entre los dos peregrinos se incendió, era esa llama que los dos acumulaban en sus cuerpos y allí dejaron que fueran los sentimientos los que hablaran por ellos y para siempre en su recuerdo quedaran esos instantes en Zumaia en los que se hizo patente lo que podía ser en adelante sus vidas y vieron claro que éstas ya no tendrían sentido si no disfrutaban de la compañía del otro.

            Marta se estaba dando cuenta que todo en la vida es superable y aquel camino que había recorrido días antes que ya le parecía único, ahora comprobaba que éste estaba siendo mejor y lo que era más importante, habría más caminos y también otros albergues en los que juntos ofrecerían esa hospitalidad inigualable que los peregrinos esperaban recibir después de una dura jornada.

            Era la forma de poder calmar el revoloteo de las mariposas que habían encontrado acomodo en el interior de sus cuerpos y únicamente podían hacerlo sintiendo el contacto del otro.

            El resto del camino hasta llegar a los límites de Cantabria fue único, las miradas que los dos amantes se dirigían lo decían todo y cada una de las caricias que espontáneamente surgían mientras se encontraban caminando o en los momentos de descanso, les hacían estremecerse y ahora ninguno de los dos quería que aquel sueño tuviera un final.

            A veces pensaban que no estaban recorriendo el camino, se encontraban en una nube que los iba desplazando y las paradas se iban haciendo más frecuentes cada vez, no por el cansancio, sino por disfrutar de esos parajes únicos que guardarían para siempre en su memoria y para sentir el cuerpo del otro en cada uno de los abrazos sin el estorbo de las mochilas.

            Cuando dieron por finalizado este camino, Marta se quedó unos días donde Xabi vivía y de nuevo el destino se alió con los dos jóvenes. Aquel concierto que Marta disfrutó sola en Compostela se repetía en un local de la ciudad en la que se encontraban y fueron a disfrutarlo pero en esta ocasión lo hacían juntos.

            Mientras las canciones sonaban Xabi no soltó ni un solo instante el tesoro que tenía a su lado y cuando escuchaban alguna de esas canciones que a los dos les parecía que habían sido escritas para ellos se fundían en un abrazo y con un prolongado beso certificaban el contenido de cada letra.

            Comenzaron a hacer planes de futuro, no deseaban separarse pero vivían a 300 kilómetros de distancia, aunque, que la distancia, cuando los sentimientos son tan fuertes, es algo salvable porque cuando hay amor no hay ninguna distancia que pueda separar dos cuerpos tan unidos.

            Cada fin de semana, Xabi se desplazaba hasta donde Marta esperaba ansiosa su llegada y cuando le veía descender del autobús, sus ojos brillaban iluminando su rostro y se instalaba en esa nube en la que permanecería todo el fin de semana que pasara con él.

            Para Xabi aquellos viajes el fin de semana estaban suponiendo un esfuerzo muy importante, pero no le importaba, no era por los 600 kilómetros que debía recorrer para ver a Marta, se estaba perdiendo cada quince días ver el partido que antes llenaba sus domingos y durante toda la semana esperaba el momento de ir a la Catedral para disfrutar con sus ídolos.

            Consciente de esto en alguna ocasión Marta se desplazó hasta Bilbao y juntos pudieron disfrutar de una de las pasiones de Xabi y con la indumentaria del Athletic, fueron juntos a San Mames.

            Pero los dos deseaban más, querían que todos los días fueran esos esperados fines de semana y fueron haciendo planes para vivir juntos y disfrutar el uno del otro cada minuto del día y de cada noche, ya no podían ni querían vivir sin ese contacto permanente y necesario en el que la pasión y el deseo reemplaza las palabras y son momentos en los que los dos transmiten muchas cosas.

            Xabi dejó todo atrás y se fue en busca de su sueño, todo cuanto había pensado que era su universo, se encontraba ahora a 300 kilómetros de distancia y él lo que quería era vivir en ese nuevo universo que se había creado y que le llenaba por completo.

            Cuando me los encontré en uno de los albergues del camino, me di cuenta que aquella pareja además de transmitir a los peregrinos que acogían todos los valores del camino, le daban uno más, esas miradas de complicidad que de vez en cuando se cruzaban entre ellos en la que los peregrinos percibían esa magia que tiene el camino de la que alguna vez habían oído hablar pero no la habían podio ver como en aquel lugar.

            Cuando me contaron su historia de amor, me interesé por saber lo que habían visto el uno en el otro en aquel primer encuentro en el albergue y, como no podía ser de otra forma, ella no tuvo ni que pensarlo, me aseguró que vio en Xabi una persona auténtica y transparente. Los hombres somos en estos casos menos espontáneos y naturales que las mujeres porque cuando le hice la misma pregunta a Xabi, después de carraspear y unos segundos de silencio, me dijo que había visto en ella a una persona especial enamorada del camino que era una de sus pasiones.

            Me quedé mirándolo y sus ojos delataban que eso era cierto en parte, pero la realidad era que se había encontrado con un ángel y además era especialmente hermosa y seguro que eso fue lo que le cautivo, pero será su secreto y estoy convencido que algún día lo compartirá conmigo.

            Continuo al corriente de esta bonita historia de amor surgida en el camino, mejor dicho, parida en el camino, porque como me suele asegurar una persona que sabe mucho de esto, es el camino el que se encarga de poner a nuestro lado a quien debe recorrerlo con nosotros y esta es una prueba de ello.

            Xabi está disfrutando cada momento que pasa alejado de su tierra, de sus costumbres y de sus aficiones, aunque todo no se puede olvidar y por alguna confidencia que me ha llegado de un conocido común, una vez a la semana, sin que nadie se entere, Xabi sube hasta la cueva en la que se encuentra la Santina y enciende dos velas, confía que su sueño se cumpla y los dos equipos asturianos asciendan a primera división para poder ir a ver en compañía de Marta a su otra pasión, al equipo de sus sueños.