almeida – 17 de mayo de 2014.

En algunas ocasiones era frecuente ver a algún peregrino procedente del país del sol naciente por el sendero mágico que conduce a Compostela.

Estos peregrinos tienen algunas costumbres que los hacen diferentes a los demás. Caminar cubriendo la mayor parte de su cuerpo es una de sus características, no están acostumbrados al fuerte sol que hace en Castilla y se cubren con prendas muy ligeras para que los rayos del sol no deterioren su delicada piel.

Generalmente, se les ve caminando en solitario, en ocasiones comparten en los albergues con los demás peregrinos esos momentos íntimos que se tienen cada jornada, pero no suele ser lo habitual, prefieren resguardar su intimidad ya que es como más a gusto se encuentran.

También se caracterizan por su amabilidad, que para un occidental puede parecer que sus gestos son de sumisión, porque no suelen prodigarse en el contacto físico con los demás, y en lugar de estrechar una mano o dar un abrazo, prefieren la inclinación de cabeza como forma de saludo.

De todas formas, a pesar de estas diferencias, son unos peregrinos muy entrañables y cada vez que nos cruzamos con ellos en el Camino o llegan a un albergue, resulta grato cruzar un saludo aunque lo hagamos a su estilo.

Me comentaba el Maestro, que uno de los hospitaleros a los que yo relevé, tuvo no hacía mucho tiempo un curioso encuentro con Shaiko, una peregrina japonesa que un día se alojó en Santuario.

Shaiko llegó sola, venía caminando muy despacio, por lo que llegó a Santuario pasadas las cuatro de la tarde. Cuando superó la puerta de la entrada, vio en el pequeño cuarto donde se recibía a los peregrinos a Igor, uno de los hospitaleros que se encontraba conversando con dos peregrinos de forma muy animada.

Igor se levantó y ayudó a Shaiko a dejar su mochila en el suelo y la invitó a sentarse. En ese momento, uno de los peregrinos hizo algún comentario sobre lo que estaban hablando antes que la peregrina llegara y la ocurrencia hizo tanta gracia a Igor que estalló en una sonora y contagiosa carcajada.

Después que la risa fuera desapareciendo, tomó la credencial de la peregrina y fue anotando sus datos en el libro de registro de los peregrinos, pero de vez en cuando la ocurrencia volvía a su mente y no podía contener la contagiosa risa que le había producido.

La peregrina, sin saber de lo que hablaban, pero observando que cada vez que iba a escribir alguno de sus datos producía la risa de los que allí se encontraban, pensó que se estaba riendo de ella y su semblante cambió de una forma ostensible, tanto que los que se encontraban en la sala, al darse cuenta, trataron de quitar hierro a la situación, pero todo cuanto la decían, ella no lo comprendía y pensaba que la burla continuaba, por lo que cada vez se estaba encontrando más incomoda y molesta.

Igor no sabía como solucionar aquel malentendido que se había producido, entonces se levantó y se dirigió hacia Shaiko, que también se había levantado y la abrazó ante la extrañeza inicial de esta, pero fue tal la energía que puso en aquel abrazo, que la joven lo percibió y fue eliminando la resistencia inicial que estaba ofreciendo y también ella abrazó al hospitalero, ahora mostraba una sonrisa que había perdido durante muchos minutos.

Fue hablándole en inglés, pero tampoco comprendía ese idioma, solo sabía algunas palabras de francés por lo que Igor cogió un diccionario que había entre los libros y fue componiendo la frase que deseaba decirla.

—Nos reíamos de un comentario que no tenía nada que ver contigo, perdónanos si te hemos ofendido.

Acomodó a la peregrina y lamentó aquel mal entendido que se había producido, aunque tenía por delante el resto de la tarde para subsanar el error que no tenía que haber ocurrido.

Con la ayuda del diccionario y más tarde de un peregrino francés. Fue estableciendo una relación con la peregrina japonesa en la que fue dándose cuenta que había algo más que la relación normal entre un hospitalero y una peregrina. Aquella joven le estaba aportando unas cosas y unas sensaciones que no había sentido nunca antes.

El resto del día lo pasó al lado de la peregrina, ella también se sentía a gusto con su presencia y se esforzaba por ser amable y, aunque no se atrevió a decírselo, también estaba sintiendo lo mismo por el hospitalero, las sensaciones y los sentimientos estaban siendo mutuos.

En el momento de la oración, se sentaron muy juntos, tanto, que cada uno casi sentía los latidos del corazón del otro y como si fuera de forma casual, más de una vez sus manos se tropezaron, terminando la oración con los dos cogidos de la mano.

Mientras los demás se preparaban para acostarse, ellos fueron a una de las mesas que había en el jardín, no fueron conscientes del tiempo que pasaron allí, pero cuando las luces de Santuario se apagaron, aún continuaban sentados en el banco.

Igor le pidió su número de teléfono y la dijo que la llamaría todos los días para ver como iba haciendo su camino y en caso que necesitara alguna cosa, él acudiría en su ayuda.

Por la mañana, después del desayuno, Igor no deseaba que llegara el momento de verla partir, ella tampoco deseaba marcharse, pero había venido para cumplir un sueño y no podía verlo trastocado después de los esfuerzos que le había costado venir.

Se despidieron con un abrazo, fue tan sentido como aquel que Igor la dio cuando surgió el malentendido, pero ahora no existió inicialmente ningún rechazo, los dos buscaron ese abrazo deseado en el que se fundieron de una forma muy apasionada.

—Iré a buscarte —dijo Igor.

—Te estaré esperando —respondió ella.

Igor buscó los labios de la joven y los besó, lo hizo como si fuera algo involuntario, pero se paso toda la noche pensando como debía hacerlo y le agradó que ella respondiera con el mismo deseo y no se produjera ese rechazo que tanto se temía.

Todas las tardes, Igor sacaba un pequeño papel de su bolsillo, allí estaba recogido todo lo que había ido confeccionando a lo largo del día con la ayuda del diccionario unas veces y otras del primer peregrino francés que llegaba a Santuario.

Cuando llamaba por teléfono a Shaiko o ella le llamaba, iba leyendo despacio lo que había ido escribiendo, deseaba que ella captara todo lo que le quería decir en aquellos breves minutos que duraba la conversación, pero que eran los minutos con los que estaba pensando desde que se levantaba.

Cuando Shaiko llegó a Pedrouzo, allí se encontraba Igor esperándola, haría con ella la última etapa, juntos entrarían en Compostela y haciéndolo de esa forma, los dos sabían que ya no habría nada que pudiera separarles.