almeida  de abril de 2017.

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La cristianización del valle del Duero: monasterios visigodos y mozárabes

            Pablo de la Cruz Martínez, catedrático de la prestigiosa Universidad de Salamanca fue el encargado de situarnos en los precedentes de los beatos y del monasterio de San Salvador para lo cual fue enfocando su ponencia en torno a los monasterios que centrarían la exposición que nos iba a ofrecer.

 

            Entre los siglos VII a IX, los monasterios se convirtieron en un centro importante en los que en unas ocasiones el fervor y en otras el poder, fue lo que mantuvo a estos lugares como esos espacios relevantes y de interés estratégico.

            En el caso de San Salvador de Tábara, se cree que los monjes que lo fundaron en el siglo IX procedían de diferentes comunidades establecidas en el Sur y se instalaron en número de aproximadamente 600 monjes de ambos sexos después de que Alfonso III se adueñara de las tierras zamoranas que estaban en permanente conflicto con los invasores árabes que llegaron hasta el sur del Duero.

            A lo largo del siglo que permaneció en funcionamiento, se hizo especialmente famoso por el Scriptorium que albergaba y también hizo posible que algunos de sus monjes más destacados; Magius, Emeterius, Senior y Ende (En), salieran del anonimato algo que era inusual en estos centros.

            Como punto de partida, es conveniente situarnos después de la conquista romana en la que podemos apreciar una zona despoblada en las cercanías del valle del Duero.

 IMG 0279           Las antiguas provincias romanas; Galaecia, Cartaginense y Lusitania en el periodo romano tardío, confluían sus fronteras en la zona en la que se encuentra el valle del Duero y por consiguiente esta zona fronteriza en algunos momentos, era considerada tierra de nadie hasta que fue asumida por la diócesis de Astorga que dio comienzo a la cristianización y la consiguiente repoblación de estos terrenos.

            También durante el periodo en el que dominaban los suevos hasta la formación del reino visigodo representaba esa frontera que se encontraba alejada de los centros de poder.

            Hacia el año 560, en la época de dominación sueva, en Senabria ya había interés por la creación de centros eclesiásticos para la cristianización de las gentes de la zona a través de la creación de iglesias. Pero se trataba de ir implantando tradiciones mágicas más que imponer los dogmas cristianos de la iglesia.

            Fue en esta época en la que hubo una fuerte irrupción del monacato, pero lo hizo de una forma muy básica a través de algunos ascetas, eremitas y monjes que buscaban en su recogimiento, esa forma de vida que les permitía estar más cerca de lo que para ellos significaba una aproximación a lo divino.

            Las enseñanzas de Prisciliano tuvieron una acogida y un seguimiento importante en la zona en la que fue impartiéndolas, pero pronto se entendieron como una amenaza y fueron denostadas hasta que quien las predicaba, fue declarado hereje siendo ejecutado y la implantación del ascetismo se fue retrasando hasta el siglo VI.

            Fue durante la época en la que vivió Fructuoso cuando se funda el monasterio de Complugo y este obispo que dedicó una buena parte de su vida al monacato, hizo posible que la vocación fuera creciendo y la adhesión a sus enseñanzas enseguida arraigó entre los que buscaban esa forma de vida.

            Durante el siglo VII, el creciente fervor religioso hace que también se comience a dar importancia a las revelaciones que se muestran en algunos libros sagrados y comienza a verse como una realidad la llegada del Apocalipsis y el fin del mundo y es cuando se empieza a dar importancia a la redención, que se convierte en una necesidad creciente para la salvación de las almas.

            Cada vez más el monacato y la vida recluida en los monasterios, se veía como la única forma segura de poder afrontar con garantías el juicio final y conseguir la salvación eterna.

            Pero, también van surgiendo algunas formas monásticas en las que los intereses son diferentes a los que fueron dando forma a esta vida de recogimiento. Eran más mundanos lo que de verdad interesaba era el poder que proporcionaba la riqueza y aunque seguían las directrices canónicas lo hacían de una manera un tanto irregular.

            Es en esas circunstancias cuando se impone la regla de que aquellos presbíteros que quieran formar monasterios, deben someterse a la disciplina de los obispos que dirigían las diócesis en las que se quería implantar el nuevo centro.

            Van surgiendo de esta forma dos maneras de profesar el monacato, por una parte los que buscaban en el recogimiento ese acercamiento con lo que las escrituras les señalaban como el camino que debían seguir y aquellos que construían los monasterios únicamente con fines lucrativos que no se sometían a ninguna regla y en muchas ocasiones eran acusados como herejes.

            Durante la segunda mitad del siglo VII, en Galaecia el monacato se va degenerando porque se va perdiendo la fe y los moradores de los monasterios falsamente son llamados monjes.

            Surge entonces una regla que trata de erradicar esta situación y aquellos centros que han sido creados con fines familiares y motivaciones económicas se mantienen sin ser destruidos, pero se impone que salvo casos de necesidad, monjes y monjas no podrán convivir juntos. Y en estos casos hay establecidas unas normas como es el caso que cuando se encuentren en el mismo recinto los monjes no podrán volver su cabeza hacia donde las monjas se encuentran y éstas no podrán tocar los hábitos de los monjes.

            A partir de ese momento, se establece que los candidatos a entrar en el monasterio deberán acatar y aceptar la disciplina que se imponga a través del abad, mediante un voto de obediencia. Cuando esto no se cumpla, el superior puede castigar al monje y si la causa se considera grave, puede hasta expulsarlo.

            Los monasterios se van confederando en torno a congregaciones que son dirigidas por el Obispo responsable de cada una de las diócesis en las que están implantados.

 SAF 170331 0106           Pero la irrupción musulmana en el año 711 va alterando esta situación y todo lo que se había conseguido poco a poco se va desmoronando. Las formas de monacato comienzan a dominar en las comunidades en las que consiguen implantarse y la parentela de los fundadores procura asegurarse seguir ejerciendo el control de los centros que han creado.

            Hacia los años 770/780, Beato arremete contra Alipando por la contaminación de las creencias y comienza a imponerse una savia nueva en la cristiandad que buscan la redención en la fe y luchan contra la llegada del anticristo y fruto de ello va naciendo el primer beato con las interpretaciones que algunos fueron haciendo al Apocalipsis que se recogía en el Evangelio de San Juan.

            Tábara, lo mismo que Liébana llegó a contar con un Scriptorium importante en el que se producían y reproducían algunos de los códices que servían para el culto de los monjes y para la difusión de las enseñanzas de la fe cristiana.

            A pesar que los beatos han sido creados en épocas y lugares muy dispares, hay muchas semejanzas y paralelismo en muchas de las imágenes que muestran como el sacrificio de Isaac, Daniel y los leones, …

            El objetivo con estos escritos era mostrar la llegada de Cristo y el Scriptorium de Tábara cumplió de una manera importante con este objetivo.