En demasiadas ocasiones, no llegamos a comprender cómo pudiendo hacer las cosas bien, se llegan a hacer rematadamente mal y el Camino de Santiago, es una muestra de esta desidia y falta de interés, que algunas administraciones tienen para facilitar el tránsito de los peregrinos y hacerlo un poco más llevadero.

Cuando hemos criticado aquellos comportamientos, que a nuestro criterio iba en contra de la peregrinación, nuestro único interés era tratar de mejorar el precario estado y los derroteros a los que se va conduciendo irremediablemente, a este sendero que para muchos peregrinos representa un valor en sí mismo.

Aquellos que se han atribuido la propiedad del camino, el tiempo ha terminado demostrando que lo hacen pensando únicamente en su interés, en algunas ocasiones para incrementar las estadísticas que año tras año se vienen produciendo y otras, para atraer el mayor número de turistas, que no de peregrinos, a los lugares por los que discurre esta ruta.

Es bueno de vez en cuando, sorprenderte cuando observas gestos que tratan de facilitar el esfuerzo de los peregrinos haciendo más cómoda su peregrinación a Santiago.

Cuando a principios del verano, algunos peregrinos que llegaban hasta el albergue en el que me encuentro, me comentaban el interés que agentes de la guardia civil habían mostrado por la forma en la que realizaban la etapa que estaban recorriendo, me sorprendió gratamente que esta situación se estuviera produciendo, cuando desde la mayoría de las administraciones, apenas se consideraba a los peregrinos más que como mera estadística.

Se trata de la oficina móvil de atención al peregrino, que diariamente recorre los caminos de cada provincia, para interesarse por los peregrinos que están realizando el camino y sobre todo, saber si tienen algún problema.

Estos agentes, tienen perfectamente controlado el número de peregrinos que avanzan por cada camino, dedicando una especial atención a aquellos que presentan algún tipo de molestia o dificultad para poder terminar su jornada.

A lo largo de este año, ha sido frecuente la actuación que han tenido en los diferentes caminos. Ese peregrino que se perdía, el que por sus condiciones físicas caminaba con muchas dificultades, incluso casos más graves como quien sufrió un desvanecimiento y era llevado al centro médico más próximo o, recientemente como ha ocurrido en la vía de la Plata, el peregrino que sufrió un ictus.

Comencé a tener relación con ellos en pleno verano, cuando más calor hacía y un grupo de diez peregrinos polacos (ocho jóvenes de unos veinte años, un sacerdote y una monja), uno de los jóvenes a causa de una enfermedad de la niñez, sufría una minusvalía que le impedía caminar con normalidad y estuvieron toda la tarde pendiente de este grupo de peregrinos quienes en Faramontanos de Tábara ya no podían dar un paso más y ellos se encargaron de trasladarlos hasta el albergue de Tábara.

También, en su recorrido diario por los diferentes caminos, en el momento que detectaban algún punto que ofrecía dificultades para el peregrino, se lo comunicaban a los albergues para que tratarán de solucionarlo, convirtiéndose en custodios de esta ruta de peregrinación.

Por fin, hemos comenzado a percibir que cuando los agentes se acercaban a los peregrinos, estos la recibían con agrado, algo impensable porque el frecuente recuerdo que todos tenemos de un agente que nos paraba, era casi siempre para sancionarnos.

Se ha creado un buen poso y hay que felicitar a quienes han tenido esta idea de poner este servicio a disposición de los peregrinos y requerir, que se mantenga, porque cuando una cosa se hace bien y ofrece los resultados que está teniendo esta iniciativa, es necesario conservarla para conseguir que el camino resulte mucho más seguro.

Enhorabuena porque cuando se hacen las cosas bien, el resultado se percibe de forma inmediata.

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