almeida – 8 de abril de 2015.

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Si algo pone de mal humor a la mayoría de los peregrinos que conozco, son esos kilómetros de más que siempre se hacen en el camino y que inicialmente no estaban en el planning que se había hecho.

                Un cruce mal señalizado o una señal oculta y que no se ve, hacen que en ocasiones se tome otro camino diferente y cuando nos damos cuenta ya hemos caminado algunos kilómetros que siempre se hacen más largos que los normales ya que además de los que hemos realizado hasta que nos hemos dado cuenta del error, están los que hay que hacer para tomar de nuevo el sendero que debemos seguir.

                Lo peor suelen ser esos desvíos interesados que alguien pone y va canalizando a los peregrinos al lugar que les interesa que visiten, obligándoles a dar una vuelta que en ocasiones resulta excesiva y difícilmente justificable.

                Como dice un buen amigo, son esos enanitos que van saliendo en cada etapa y aunque no se cuenta habitualmente con ellos, se sabe que están ahí y pueden aparecer cuando menos se los espera.

                Creo que en alguna ocasión también yo he maldecido cuando veía el pueblo al que me dirigía a un kilómetro escaso en línea recta y el camino me ha desviado a la derecha yendo por un abominable terreno en el que solo pedía al final del mismo que las ampollas que podían salirle a los peregrinos que eran desviados por aquel infesto lugar, fueran las mismas que llagas en el cielo del paladar le fueran saliendo a quien había tenido la feliz idea de desviar el camino por unos intereses desconocidos.

                Son los pasos perdidos, los que todos los peregrinos en una u otra ocasión hemos dado alguna vez, pero, realmente son pasos perdidos o son unos pasos que era necesario que diéramos en nuestro camino.

                Creo que de todo hay que extraer siempre las consecuencias más positivas y no me cabe ninguna duda que cuando en alguno de los caminos me he perdido durante alguna hora o a través de varios kilómetros, no han sido en absoluto perdidos, sino que me han servido para valorar cosas que de otra forma hubiera desconocido.

                En un camino muy largo, son muchas las sensaciones que tenemos diariamente por todo lo que nos va aportando el camino, a veces es difícil poder digerirlas todas y algunas se evaporan enseguida y hay otras, las más importantes, que pueden durar una semana, un mes o un año, pero no cabe duda que el paso del tiempo se va encargando de hacer que vayan desapareciendo de nuestra mente.

                Sin embargo, esos pasos que en un momento llegamos a considerar perdidos, esos, es difícil que el paso del tiempo consiga borrarlos y cuando recordamos alguno de los caminos que hemos recorrido esos son los primeros que vienen a nuestra mente.

                Si guardamos tan buen recuerdo de ellos es porque nos han aportado algo que resulta imborrable y la lección que en su momento nos han dado, ha perdurado durante mucho tiempo.

                He llegado a pensar que en nuestro destino está el que podamos aprender de esas experiencias que el camino nos tiene reservado, por eso cada vez que vuelva a extraviarme, nunca volveré a pensar en esos pasos perdidos sino en los pasos que me han conducido al lugar donde había algunas cosas que yo tenía que aprender y que quizá estaban vedadas para los demás peregrinos que caminaban a mi lado y siguieron por el camino correcto.