Todavía conservamos en nuestros pequeños pueblos, un patrimonio inmaterial cada vez más valioso y que en poco menos de una generación acabará desapareciendo y una de nuestras obligaciones tiene que ser, mantener vivo ese recuerdo de todo lo que nos han legado, que con el paso del tiempo acaba formando parte de lo que representan nuestras raíces. Son esos casi centenarios que todavía van quedando en algunos de los pequeños pueblos de nuestras comarcas, para los que la memoria en muchas ocasiones, va reviviendo los recuerdos de hace muchos años, aunque a veces no se acuerden de dónde han dejado lo que tenían en su mano unos minutos antes.

La desnudez de muchas paredes de nuestros pueblos, se está viendo cubierta por el arte que trata de reflejar algo característico de cada zona y los artistas del graffiti y muralistas, cada vez están llevando este arte a muchos rincones de nuestras comarcas.

La pared del frontón de Rabanales de Aliste, no sólo presentaba un aspecto invasor, rompiendo la armonía del entorno, sino que además la falta de uso de estas instalaciones, estaba haciendo que con el paso del tiempo se fuera degradando. Por eso el alcalde de esta población, pensó en confeccionar un gran mural para cubrir aquel espacio vacío y le encargó a Dani Martín, que presentara un proyecto, donde integrara algunas de las tradiciones y valores de esta tierra, dándole vida a aquel inerte espacio.

El autor pensó en hacer un homenaje a la mujer del mundo rural que tan importante ha sido para el desarrollo de estas tierras, sólo faltaba encontrar ese modelo que representara a todas y cada una de ellas y cada una de nuestras abuelas, se viera reflejada en la obra que el artista pensaba realizar.

Recordaba una imagen que había visto en algún medio de comunicación que fue tomada dos años antes, con motivo de la fiesta de los Carochos de Riofrío de Aliste, la cual captaba el rostro de una anciana, que se encontraba presenciando la mascarada de su pueblo, como venía haciendo desde que era pequeña.

Aquella imagen reflejaba perfectamente lo que el autor quería plasmar en su obra y se puso a trabajar en ella, consiguiendo un resultado que para la mayoría ha sabido transmitir lo que se proponía.

Curiosamente, se trataba de una anciana anónima, de la que seguramente el autor desconocía cualquier dato y es posible que se hubiera llegado imaginar que ya no se encontraba entre nosotros, la foto había sido tomada años antes y la mujer estaba ya cerca de cumplir el siglo de vida.

Hoy en día es fácil conseguir que cualquier información llegue hasta todos los rincones y cuando el periódico la Opinión de Zamora, reprodujo la obra que se había realizado en el municipio alistano, enseguida los familiares de la que representaba a todas las mujeres de la tierra, vieron en ella a su progenitora, que no era otra que Tomasa del Río González, natural de Riofrío de Aliste, donde ha vivido más de 90 años y el último año, cedió a la sugerencia de su hija Paulina para que viviera con ella en Tábara, donde se encuentra la familia que en la actualidad conserva, formada por su hija y sus nietos.

No podíamos dejar pasar por alto esta ocasión y nos pusimos en contacto con Paulina, para ver si nos facilitaba algunos datos sobre su madre para poder recogerlos en este artículo, para que todos sepamos quién es en realidad la que está representada en aquel mural.

Paulina nos proporcionó los datos que le pedíamos, aunque nos dijo que su madre podría darnos muchos más, porque su memoria todavía se encontraba muy lúcida y los recuerdos no se habían alejado aún de su mente y como la mejor fuente es siempre la original, fuimos a ver a la señora Tomasa para que ella fuera la que nos contara lo que nos interesaba conocer.

Sentada en la mesa camilla al calor del brasero, nos recibió quejándose porque no oía muy bien, los años acaban pasando factura, aunque a veces para lo que hay q1ue escuchar, es  aconsejable ser un poco duros de oído.

Pero la señora Tomasa mantenía el resto de los sentidos en un estado envidiable, la encontramos leyendo un libro que en su día escribió don Gregorio, titulado paisaje y alma de aliste, que para ella es como su Biblia, porque recoge historias y tradiciones de la comarca en la que ha vivido y a pesar de la letra pequeña que tenía el libro, leía con entusiasmo y compartía cada una de las historias que en él se recogían, muchas de las cuales ya las conocía de memoria.

La señora Tomasa, o la tía Tomasa como generalmente siempre la llamaban sus vecinos, cuenta en la actualidad con 93 años y desde su juventud se había visto obligada a trabajar en el campo, conocía la mayoría de los oficios que se realizan en la tierra, porque eran tiempos en los que todos tenían que apechugar ayudando en la casa.

Su padre fue pastor y cada vez que hablaba de él, recordaba cada una de las historias que de sus labios fue escuchando de pequeña, como aquella de don Jesús el cura de Sesnández, que cuando se dirigía a Sarracín, la noche se echó encima y gracias a la lumbre que su padre había preparado y la torrada que le preparó, le reconfortó y pudo seguir su camino, aunque el padre de la señora Tomasa no pronunciaba la erre y cuando se despidió del sacerdote en lugar de decir redios pronunció gedios y el sacerdote lo interpretó como vaya por Dios y lo comentaba con frecuencia, aunque los que lo escuchaban pensaban que aquellas palabras no las pudo haber dicho el pastor.

Otra historia que mantenía su recuerdo era la del niño que iba desde Sesnández a Tábara y su madre le había dado cinco duros para comprar un pantalón y un pan, advirtiéndole que no se encontrara con Calamuz Rutaina que debía ser un amigo de lo ajeno, porque se lo quitaría y cuando se vio asaltado por este bandido, el pequeño en su ignorancia, le dijo dónde iba y el encargo de su madre y al escuchar su nombre, le dijo que él no robaba a los pobres y le dio otros cinco duros para demostrarlo.

Así la buena de la señora Tomasa se pasó una hora contando todos los recuerdos, que frescos iban acudiendo a su mente y era una fuente inagotable de historias que compartía con todos cuantos lo escuchaban.

El trabajo que tuvo que hacer desde muy pequeña, no la permitieron ir a la escuela, por lo que cuando se casó, no sabía leer ni escribir pero su espíritu de superación la hizo asistir a la escuela cuando ya había nacido una de sus dos hijas, yendo a las clases que había para personas mayores aprendió lo que las palabras van diciendo en los libros.

Desde entonces ha sido una ávida lectora que todo lo que iba leyendo lo acababa memorizando y no sólo la poesía, también los refranes pensaban abortar de su mente cada vez que pensaba en ellos:

Cásate con la cigüeña
que tiene larga la cola
aunque no tiene dinero
tiene el andar de señora
– – – – –
El amor y el interés
salieron al campo un día,
pudo más el interés
que el amor que  te tenía
– – – – – –
Papeles son papeles,
cartas son cartas,
la palabra de los hombres
todas son falsas
– – – – – –
Dama de los 20 novios
y conmigo son 21
si todos son como yo
te quedarás sin ninguno
– – – – – – –
Tengo una hierba en mi huerto
de buena se está perdiendo
por delante me da buena cara
por detrás me está vendiendo

Las historias, oraciones, recitados, poemas y canciones no dejaban de brotar de los labios de la señora Tomasa, representaba esa memoria del pueblo con más contenido que la mayor de las enciclopedias y no podemos perder este patrimonio inmaterial que siempre ha forjado la esencia de cada uno de los pueblos. Ahora la señora Tomasa permanecerá inmortal en la pared del frontón de Rabanales y cuando algunos la vean, espero que se interesen por esta mujer y por todas las que, como ella, forjaron esas raíces que profundizan tanto nuestra tierra y a pesar de que renegaba y rezongaba en voz baja, porque no la habían plasmado como ella todavía se contempla, su imagen será la que nos recuerde a cada una de nuestras abuelas, de las que siempre guardamos un cariño muy especial y tanto nos han legado.

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