almeida – 11 de junio de 2014.

Las tres peregrinas que llegaron a Santuario, estaban haciendo su camino por una razón muy especial, aunque no se lo habían dicho a nadie de los que caminaban a su lado, para ellos únicamente eran tres amigas de sesenta años que deseaban sentir esa sensación de libertad que siempre proporciona el Camino y, para las personas de avanzada edad, hasta les hace rejuvenecer un poco.

Cuando a Sofía le dan la noticia que le han detectado un cáncer a su hermana, se ofrece para lo que sea necesario, siempre ha estado muy unida a ella y ahora no podía permanecer de brazos cruzados mientras su hermana agonizaba en la cama de un hospital.

Pero su cuñado y sus sobrinos también querían acompañarla en estos momentos especialmente difíciles y serán los que se encarguen de cuidarla y atender todas las necesidades que esta tenga. No obstante, saben el cariño que las dos se profesan y tampoco desean que se sienta relegada en estos momentos de adversidad. Por eso, algunas noches dejan que sea ella quien esté a la cabecera de su cama por si necesita o puede hacer algo por ella.

Los días van pasando y no se experimenta ninguna mejoría, por lo que la desesperación de Sofía va en aumento al ver como la salud de su hermana se va degradando sin que ella pueda hacer nada por evitarlo.

Una noche que se encontraba velando el sueño en la cabecera de su cama, había llevado varias revistas para leer, así la noche no se le hacía tan larga.

Una de las historias, tenía un artículo que al principio no interesó a Sofía y lo pasó de largo, era de jóvenes mochileros y algunos no tan jóvenes, que recorrían caminando un sendero muy largo que había en España.

Cuando terminó de ojear las revistas y leer aquellas cosas que más le interesaban, como aún eran las cuatro de la mañana, cerró los ojos para descansar, pero tenía miedo a que se agotara alguno de los sueros que le estaban introduciendo a través de las venas a su hermana y ella no se diera cuenta porque se había quedado dormida.

Tomó de nuevo una de las revistas y al abrirla lo hizo por aquel artículo que antes había rechazado y una de las muchas palabras que había entre las fotos llamó su atención. La palabra era milagro y en la línea de abajo pudo leer también la palabra cáncer, entonces comenzó a interesarse por aquel artículo y fue al inicio del mismo para comenzar a leerlo.

Se trataba de un reportaje de un periodista que había recorrido recientemente el Camino. Decía haber percibido algunas cosas que le resultaba muy difícil poder expresar con palabras, pero cuando ponía en boca de los peregrinos las experiencias que estos tenían, entonces la lectura se hacía más fácil y sobre todo más amena.

Una de las entrevistadas narraba su experiencia, le habían detectado un cáncer y se había curado, por eso estaba recorriendo aquel Camino, para agradecer lo que le había ocurrido, que para ella era un milagro.

También algunos peregrinos estaban haciendo ese Camino para pedir por los familiares que se encontraban enfermos y ellos no podían hacerlo.

Aquello que aparecía en el artículo le dio una idea a Sofía sobre lo que podía hacer o al menos intentar para que su hermana mejorara. Las dos eran creyentes y estaba segura que si se tenía que producir algún milagro para que su hermana se recuperara, era en ese lugar donde tenía que intentarlo.

Los siguientes días buscó más información de este Camino y según se iba documentando, cada vez estaba más convencida que ella tenía que hacer ese Camino, lo haría pensando en su hermana y sobre todo pidiendo por su recuperación.

Cuando tomó la firme decisión de irse al Camino, quiso comunicárselo a sus dos mejores amigas Rita y Sandra. Siempre lo habían compartido todo y creía que este problema era lo suficientemente importante para que ellas lo supieran y si contaba con su apoyo moral, sería bueno para animarla del todo, aunque había decidido que en caso que trataran de desanimarla, no prestaría atención a lo que la dijeran.

Con detalle, les fue diciendo lo que había leído aquella noche en la revista en el hospital y todo lo que había conocido a través de Internet en las indagaciones que había hecho los últimos días, le animaba a hacer también ese Camino, quería hacer algo para intentar la mejoría de su hermana.

Rita confesó que ella también conocía ese Camino, tenía unos amigos que lo habían recorrido y la habían hablado tanto de él contándole cosas maravillosas, que desde hacía tiempo quería también recorrerlo, pero se había retenido por no hacerlo sola, y ahora veía la oportunidad de ir acompañada, por lo que lo haría con ella.

Sandra no sintió el mismo interés que sus amigas, pero siempre habían ido a la mayoría de los sitios juntas y ahora no podía dejarlas solas, iría también con ellas como solían hacer casi siempre.

Cuando se hubieron equipado con lo que iban a necesitar, un vuelo las dejó en Madrid y desde allí se desplazaron al lado sur de los Pirineos desde donde comenzarían su camino.

Al llegar a Santuario, llevaban más de una semana caminando, no se habían equivocado viniendo aquí ya que estaban sintiendo algo muy especial que no habían percibido en ninguno de los lugares que habían estado antes.

Esa tarde se comportaron como los demás peregrinos, participando y colaborando en todas las cosas que se hacen en Santuario.

Cuando me retiré de la sala para ir preparando la pequeña capilla para la oración de la noche, esperé en la puerta a que fueran llegando los peregrinos. En ese momento, en el cuarto donde duermen los peregrinos que se encuentra al lado de la pequeña capilla, escuché unos gritos que me alarmaron, me acerqué para ver qué era lo que ocurría, me encontré a Sofía que lloraba de una forma desconsolada y, sin saber lo que estaba pasando, me interesé por saber el motivo que estaba causando aquellos gritos y aquel llanto.

Entonces Rita me explicó el motivo por el que se encontraban las tres haciendo el Camino. Hacía unos minutos que había recibido la llamada de uno de sus sobrinos que le había dado la triste noticia, su hermana acababa de fallecer.

Pensé que en esos momentos lo que más necesitaba era desahogarse y con todos los peregrinos a su alrededor, no podía hacerlo con la naturalidad que necesitaba por lo que fui animando a los peregrinos que miraban extrañados aquel llanto para el que no había consuelo y les dije que entraran en la pequeña capilla porque íbamos a comenzar el momento de la oración.

Esa noche les hablé de los deseos y de las esperanzas con las que algunos hacen el Camino y como a veces estos parece que no se ven cumplidos, entonces es cuando más apoyo necesitan los que sufren a nuestro lado.

Cuando terminamos, parecía que Sofía se encontraba algo más calmada. Le ofrecimos una infusión y nos pusimos a su disposición por si deseaba desplazarse a la ciudad para coger la mejor combinación que le permitiera regresar cuanto antes a su país, pero me dijo que deseaba continuar este Camino, lo había comenzado por su hermana y aunque ella ya no se encontraba entre nosotros, algo le decía que tenía que continuarlo también por ella.

A la mañana siguiente vimos que Sofía estaba más calmada, aunque se reflejaba en su cara que no había podido descansar en toda la noche. No quisieron quedarse a descansar un día más en Santuario, debían continuar su camino.

Cuando se marchaban, abracé a Sofía y le dije que el Camino le enseñaría a encontrar esa paz que tanto necesitaba y su hermana estaría contemplándola contenta de verla continuar su camino y quién sabe si algún día hasta llegarían a caminar juntas.