almeida – 6 de mayo de 2014.

Cuando Peter comenzó su peregrinación, era consciente de gran parte de las dificultades que se iba a encontrar durante su Camino y trató de

imaginarse todas las adversidades que podían ocurrirle para saber de antemano como debía hacer para solucionarlas.

 

Pero, en el Camino, siempre nos encontramos con sorpresas, imprevistos que hasta que no se producen, resulta una utopía imaginarlos.

Desde su pueblo de origen en Holanda, debía atravesar Bélgica y Francia antes de llegar a la acogida que se ofrece a los peregrinos cuando el Camino transita por la península, por lo que se imaginó que las mayores dificultades se las encontraría en la primera parte de su Camino.

Había contemplado todas las inclemencias que podía encontrarse en el otoño, pero cuando llegara el invierno ya habría atravesado los Pirineos por lo que tampoco hizo un acopio excesivo de cosas, las iría adquiriendo en función de las necesidades que se fueran presentando.

Lo que no contaba era con la animadversión que en la mayoría de los lugares iban a mostrar con su burrito Simba. Él pensaba que la compañía del animal le allanaría mucho el Camino por hacerlo como un peregrino tradicional, pero, enseguida se dio cuenta que iba a ser todo lo contrario.

Cuando se encontraba en el centro del país galo, el tiempo cambió de una forma inesperada y un buen día comenzó a llover y las nubes no dejaron de descargar la humedad que contenían durante una semana completa.

A todos los pueblos que llegaba cuando finalizaba su jornada y preguntaba donde podía dormir, le decían que en el siguiente pueblo y cuando llegaba a este, escuchaba la misma respuesta, parecía una grabación que se repetía una y otra vez. No le quedó más remedio que dormir bajo un gran manto de estrellas en su tienda de campaña, con el agravante que las estrellas no podían verse por encontrarse ocultas por las nubes y por la cortina de agua que caía sin cesar.

Durante cinco días, estuvo sin poder dormir porque por muy bien que instalara la tienda de campaña, el agua se introducía por todas partes y debía achicarla constantemente.

Pero el último día, iba a llegar a un pueblo en el que podría cubrir todas las urgentes necesidades que tenía. Había un banco donde poder sacar dinero, un supermercado en el que poder comprar las provisiones que necesitaba con urgencia y también había un albergue en el que llegó a soñar, que como peregrino que era, le acogerían.

Cuando llegó al pueblo, todo su gozo se fue al fondo de un oscuro pozo porque todo se encontraba cerrado y aquella situación llegó a desesperarle de tal forma que se plantó en medio de la plaza del pueblo y creyó enloquecer. Comenzó a gritar como si se encontrara poseído por mil demonios y el pobre animal le miraba sin comprender y también fue el foco de las iras de Peter que comenzó a gritar al animal y hasta le hacía culpable de aquella penosa situación.

El burro no comprendía lo que estaba pasando y se paró, no quería seguir avanzando más. Peter miró los ojos negros del animal y se dio cuenta que había sido injusto con él porque Simba daba la impresión que también se sentía un miserable.

En esos momentos de desesperación, Peter llegó a pensar que si en aquellos momentos tuviera a mano su revolver, ataría al burro a un árbol y descargaría en su cabeza todo el cargador para que también dejara de sufrir por su culpa y derrotado, regresaría a su casa.

Instintivamente, derrotado como estaba dejó que su cuerpo se doblegara y se hinco de rodillas en el lugar en el que se encontraba y alzando los brazos al cielo gritó:

-¡Dios mío, ayúdame!

Sintió en ese momento que una mano desconocida se posaba en su hombro derecho y se giró para ver quien era y al levantar la cabeza, vio a un hombre de mediana edad que le dijo:

-Creo que eres un peregrino que está haciendo el Camino de Santiago. Yo también soy peregrino, ven a mi casa que allí podrás descansar y alimentarte.

Peter, pensó que su suplica había tenido el efecto que jamás se imaginó que podía tener y sin decir nada, se levantó y siguió a aquel alma hospitalaria que estaba haciendo posible que uno de esos milagros que a veces se producen en el Camino, le estuviera ocurriendo precisamente a él.

Cuando llegaron a la casa, no solo encontró acomodo el peregrino, también había un establo para Simba y allí se quedaron todo el fin de semana, con el alma caritativa que les había sacado de la desesperación en la que se encontraban.

Peter, pudo comprobar que esa frase que parece hecha a la que acuden en muchas ocasiones los peregrinos en los momentos más difíciles diciendo que Santi siempre provee, no es solo una frase bonita, es algo más, son esos milagros que se producen en ocasiones y hacen este Camino tan especial y diferente.