almeida – 13 de julio de 2014.

Cada vez es más frecuente que los más jóvenes vayan descubriendo el camino y algunos, hasta llegan a sentir esa magia que les hace volver una y otra vez porque son conscientes que nunca va a ser igual.

Hasta el albergue de Tábara, llegó uno de estos peregrinos, venía desde Sevilla con su padre y estaba haciendo el camino en bici y me sorprendió nada más verle, su juventud.

Carmelo tenía catorce años y cuando me interesé por la motivación que le había llevado al camino, me comentó que era la segunda vez que lo hacía, dos años antes lo había recorrido por primera vez y había conseguido sentir ese hormiguillo que penetra en nuestro interior cuando lo recorremos y parece que deja un nido de mariposas que de vez en cuando revolotean en el estómago hasta que de nuevo ponemos nuestros pies sobre el.

A pesar de su juventud, era ya un peregrino veterano que sabía todo lo que iba a encontrarse de nuevo, porque aunque las sensaciones fueran distintas a la primera vez, estaba convencido que mientras lo recorría iba a tener momentos que con el tiempo no se iban a olvidar fácilmente.

Quise conocer los recuerdos que tenía de su primer camino y Carmelo se quedó pensando y al cabo de unos instantes me aseguró que lo que más le impresionó mientras recorría el camino fue según se iba adentrando en uno de esos espesos bosques gallegos en los que percibes que hay una magia especial.

No sabía lo que se iba a encontrar en el interior de aquella abundante vegetación, tampoco ahora sabía explicar las sensaciones que había sentido, pero habían arraigado con fuerza en su interior y eran las que de alguna manera le impulsaban de nuevo a recorrer el Camino.

Pero, sin duda, el mejor recuerdo de su primer Camino, fue cuando llegó a la plaza del Obradoriro y contempló la fachada de la Catedral. En ese momento se dio cuenta de lo que había hecho y se sintió satisfecho por haberlo conseguido y por superarse a si mismo cada jornada que pasó en el camino venciendo cada una de las adversidades que se le presentaron y sobre todo, sabiendo superar ese esfuerzo que debía hacer en algunos momentos para llegar a lo alto de las cimas que debía vencer algunos días.

Estoy convencido que a pesar de su juventud, pero con la veteranía que demostraba, Carmelo, tendrá muchos momentos en el Camino y sabrá disfrutar plenamente de cada uno de ellos.