Los sueños que van naciendo en el interior de las mentes limpias y claras, generalmente suelen ser casi siempre, el principio de las realidades que consiguen cambiar el mundo, y la mayoría de las veces, para mejorarlo y hacerlo evolucionar.

            Los sueños casi siempre van brotando en las mentes de aquellos que cuando llegan a ver algunas cosas, como nadie más las ha visto antes, luego emplean toda su energía para conseguir que llegue a ser una realidad y cuando lo consiguen, ven cómo esa semilla que un día sembró, va germinando y consigue cambiarlo casi todo.

            Los sueños van naciendo en las mentes de aquellos que los van imaginando y la mente carece de límites, solo tiene los que le queramos poner, pero una mente soñadora nunca suele colocar barreras ni vallas a todo lo que en ella va brotando.

            Solo los soñadores, que suelen ser unos inconformistas con aceptar lo que se les ofrece, no dejan de buscar respuestas a las preguntas que frecuentemente le atormentan y cuando consiguen parir una idea, lo hacen con tanta fuerza que representa una revolución a todo lo establecido y es esta idea, la que consigue ir cambiando las cosas.

            A lo largo de la historia hemos contado con innumerables soñadores que quisieron hacer un mundo mejor, y esos sueños que llegaron a concebir en alguna ocasión, una vez que los fueron viendo realizados, también consiguieron ir cambiando el mundo en el que se encontraban.

            Uno de los sueños más recordados en nuestra reciente historia, fue el que tuvo el doctor King, líder de las minorías negras, cuando hace casi sesenta años, en su marcha de las libertades sobre Washington, concentró a una multitud antes no conocida y comenzó a hablarles de ese sueño que él había tenido y que fue calando en las mentes de todos los que lo escuchaban y casi sin darse cuenta, lo fueron haciendo suyo y esa semilla que King sembró en millones de almas, fue germinando y desde aquel momento, las cosas fueron cambiando, porque cuando una idea consigue ir prendiendo en un corazón, acaba encontrando acomodo en él y se va transmitiendo de una forma asombrosa.

            Mientras el doctor King, arengaba a la multitud explicándoles su sueño, a miles de kilómetros, había otra persona que también se encontraba soñando y como el líder de los negros, era una persona que sabía que su sueño, además de remover muchas cosas establecidas, conseguiría comenzar una pequeña revolución que iría cambiando las cosas, pero para ello, había que poner los cimientos para que se fuera cumpliendo.

            El cura Valiña, era uno de esos entusiastas soñadores que buscaba que a través de una idea, las cosas fueran cambiando y también los valores que cada uno de nosotros teníamos, esa búsqueda constante que el ser humano suele hacerse en base a las dudas que en ocasiones le inquietan.

            Pero una persona que por humilde, podía haber llegado a ser considerada insignificante, en un lugar también insignificante del mapa, a pocos podía llegar, por lo que en una tarea que conocía tan bien, se dedicó a difundir su idea, comenzó a sembrar esa semilla en mentes que como él, conseguirían que con el paso del tiempo acabara germinando.

            Era una buena semilla la que estaba dispuesto a sembrar, solo era cuestión que encontrara esas mentes que se encontraran bien abonadas para que acabara germinando y desde ese momento, fue dedicando su esfuerzo y su tiempo para encontrar a aquellos discípulos que fueran siguiendo ciegamente sus enseñanzas, como dos milenios antes hizo aquel otro Maestro, que con su idea consiguió transformar el mundo en el que vivía.

            Enseguida fueron brotando esos discípulos, que rápidamente  iban asimilando cuanto él pregonaba; (José María, Blas, José Ignacio, Ernesto, Lourdes, José Luís,….), tantos y tantos, ahora ya son una legión a la que resultará muy difícil poder acallar su voz.

            Esa idea, llegó a coger tanta fuerza, que aquellos que siempre lo habían controlado todo, llegaron a temer que cuajara y en estos casos, no suele resultar conveniente cercenarla de raíz, es mejor tratar de apropiarte de ella y una vez que se encuentra en tu poder puedes ir direccionándola en función de tus propios intereses.

            Aquellos que nunca habían creído en el sueño de este humilde cura y que hasta llegaron a tener la osadía y la desfachatez de cerrarle sus puertas cuando trataba de desarrollarla, cuando vieron que iba creciendo, no solo la hicieron suya, con el tiempo, también la fueron desvirtuando hasta tal punto, que el pobre cura si contemplara en la actualidad aquella obra que llegó a crear, ni la reconocería y seguramente hasta llegaría a renegar de ella.

            Los poderes eclesiásticos viendo lo que podía aportar ese sueño, sin tener en cuenta la filosofía con la que fue creado, solo pensaban en el lucro que les podía ir proporcionando y la fueron desvirtuando, llegando a resucitar la historia que se vivió en el templo de Salomón, en el que predicaban ese vulgar mercadeo que el Maestro repudió y que representó la excusa, que le iba a llevar al destino que ya estaba decidido para él.

            También el poder que todo lo controla, el de los dirigentes que dicen dirigir nuestros destinos en busca de nuestro bienestar, no se podía quedar al margen de todas las prebendas que este sueño les podía proporcionar y lo fueron haciendo suyo, conservarían ese sueño que para todos era bueno y les quitarían toda la filosofía y la esencia con la que había sido creado adaptándolo, a lo que más beneficio les pudiera proporcionar, a esos números que les iban a permitir alardear sobre ellos, cada vez que quisieran que renováramos nuestra confianza a su gestión.

            Ese sueño se fue degradando y acabó degenerando, ya no era el que el humilde cura había concebido en su día, pero que más les podía dar, el cura ya se había muerto y no iba a poder reclamar su paternidad ni la filosofía con la que lo había creado.

            Pero sus discípulos sí, ellos habían mamado de la fuente original, habían sentido cada una de las palabras que el cura empleaba en su sermón diario y sobre todo, lo que decía, esos valores y sentimientos, no admitían interpretaciones, porque cada uno de ellos los había sabido interpretar tal y como les habían sido legados.

            A pesar de su entusiasmo y la voluntad de mantener el legado que el buen cura nos había dejado, carecían del ímpetu y la tenacidad que el buen cura tenía y sus protestas fueron cayendo en el mas absoluto de los olvidos, o cuanto menos, no se permitía que prosperaran con la misma fuerza con la que se llegaron a exponer medio siglo antes.

            Todos se iban frotando las manos, porque los objetivos que cada año se iban teniendo, resultaban, cuanto menos, espectaculares. Cada ejercicio superaba al anterior y cualquier cifra que se pusiera en un proyecto, se acababa consiguiendo, aunque para ello hubiera que recurrir a métodos y formulas que avergonzarían al humilde cura, que un día soñó con ver reverdecer este camino.

            La progresión resultaba imparable, nada podía frenar el avance que se estaba produciendo y que para todos colmaba los objetivos que se habían ido haciendo y como una maldición, como ese Jehová cabreado por lo que se va haciendo con sus cosas llegando a desvirtuarlas, como si nos encontráramos en el antiguo Egipto, nos encontramos una de esas plagas que hacen que todo se trastoque y seguramente, ya nada vuelva a ser como era.

            Este maldito virus que está transformando el mundo conocido, como no podía ser de otra forma, se ha cebado con el camino, una de esas maldiciones que va a cambiarlo todo, porque a partir de ahora ya nada va a ser como lo hemos conocido.

            Algunos se van lamentando que el camino haya cercenado miles de sueños de miles de peregrinos que pensaban recorrerlo y en cambio otros solo van a lamentar que los números se hayan descuadrado de tal forma que ya no los veamos nunca cuadrar.

            Pero el sueño sigue estando presente para muchos de aquellos en los que un día consiguió germinar y solo esperan poder cumplirlo alguna vez, para poder empaparse de todo lo que a cada peregrino le pueda aportar.

            Ahora nos vamos a enfrentar a ese momento crucial en el que podremos ver a los que creían únicamente en el sueño y a los que fueron atraídos por lo que éste representaba y podía aportar, porque de eso depende que el camino siga sobreviviendo y como el Ave Fénix, consiga ir renaciendo de sus cenizas.

            Van a ser días muy duros en los que iremos viendo el compromiso que cada uno va teniendo en su forma de comprender el camino, si es con la filosofía del cura Valiña o por el contrario, con los intereses que las administraciones y la iglesia les han ido imponiendo.

            No podemos pretender que después de un brusco frenazo, comencemos a circular de nuevo a más de cien kilómetros por hora, porque nos acabaríamos estrellando otra vez. Se necesita un progresivo incremento de la velocidad y para los que están acostumbrados a ir al límite, dejará de causarles la sensación que dicen haber sentido hasta ahora.

            Los que siempre han estado al pie del cañón, incluso cuando abundaban las vacas flacas, seguro que van a seguir estando, en cambio los que solo están cuando se prodiga la abundancia, es posible que acabaran escabulléndose. Por eso, hay que pensar en los primeros para que veamos un renacer del camino, que con los segundos difícilmente, se va nunca a producir porque su impaciencia solo por la velocidad, no les va a permitir tener el aguante necesario de seguir durante algún tiempo al ralentí.

            Como a veces también soy un poco soñador, esta noche he dejado que mi mente viaje hasta el Cebreiro, allí donde siguen estando los dominios de don Elías y como suelo decir a muchos peregrinos, algunos afortunados, hasta tienen la suerte de poder seguir escuchando sus consejos y me lo he imaginado subido en el pulpito de la Iglesia de Santa Maria la Real, su iglesia, dirigiéndose a una multitud de peregrinos que hasta allí habían llegado acudiendo a su llamada y como al buen doctor King, cuando se encontraba a los pies de la explanada del monumento a Lincon, me lo imagino compartiendo su sueño con los peregrinos que se habían concentrado.

Tengo un sueño.

Sueño con ese camino que con devoción y fe en los valores del ser humano, van siguiendo los peregrinos que buscan esas respuestas que les vayan ayudando a conocerse un poco mejor a si mismos.

El que les permita encontrar ese camino de la vida en el que todos son iguales, porque para alcanzar la meta que se proponen, todos tienen que realizar el mismo esfuerzo y se olvidan las clases sociales, la religión que cada uno profesa y de todo lo que antes les diferenciaba y donde vemos al que camina a nuestro lado como ese igual, al que nos van uniendo las mismas ilusiones, los mismos deseos y los mismos sueños.

Tengo un sueño

            Sueño con ese camino de paz y de amor, en el que los sentimientos que vamos compartiendo con los que caminan a nuestro lado, nos permitan sentir que sus problemas son los nuestros, lo mismo que las ilusiones que vamos llevando en cada una de las jornadas que nos encontramos caminando.

            Que la concordia sea siempre la que preside cada paso que vamos avanzando, porque a través de ella, sentiremos que los que van a nuestro lado, son los que podemos llamar nuestros hermanos.

Tengo un sueño

            Sueño con ofrecer la hospitalidad que el Maestro nos dejó como una importante lección en sus enseñanzas, porque todos somos peregrinos en la vida como un día lo llegó a ser él y el día que acojamos a alguien que llama a nuestra puerta, es como si acogiéramos al mismo Señor, porque él puede caminar de peregrino reencarnado en cualquiera de ellos y le debemos esa hospitalidad que en su camino pueda llegar a necesitar.

Tengo un sueño

            Sueño con poder compartir las pocas cosas que tengo, para que quien llama a mi puerta las vaya recibiendo, porque cuando entregas lo que tienes, siempre le vas a dar el valor que realmente poseen y hay muchas cosas que no se pueden comprar ni pagarlas con dinero.

Tengo un sueño

            Sueño con conservar la esencia de poder mantener este camino tal y como ha sido concebido por aquellos que nos legaron esta rica herencia, en la que nos mueve la fe para encontrar las respuestas, esas que vamos buscando en una larga vida de peregrinación permanente y hasta que no las encontramos, tendremos la mente inquieta porque ésta, se ira preguntando, siempre por esas respuestas que tanto necesitamos para seguir avanzando en esta vida tan longeva.

Tengo un sueño

            Sueño con esa humildad con la que fuimos creados y que la fuimos perdiendo según íbamos avanzando, al pensar que por ser más que los que estaban a nuestro lado, iríamos destacando sobre todos aquellos que consideramos hermanos y que nos hacen ir saliendo de ese camino soñado en el que cada cosa tiene el valor que les damos y las cosas que son sencillas, son lo que más necesitamos, porque no precisan de adornos ni nada extraño, para que lleguen a ser grandes.

Tengo un sueño

            Sueño con que la sensatez acabe siempre imperando, en clérigos y dirigentes que únicamente buscan medrar para poder destacar, aunque muchas veces para conseguirlo, nos vayan conduciendo a los demás al abismo.

            Que sean capaces de ver y valorar esas cosas que solo tiene el camino y si las van desvirtuando, pierde todo su sentido, porque se pone de moda y las modas son testigo de esa decadencia que siempre acaba llegando, cuando se ven relegadas al olvido.

Tengo un sueño

            Voy a seguir soñando con esa búsqueda constante que es la que siempre nos permite seguir hacia adelante y si se pierde la ilusión por seguir buscando, perderemos todo aquello que nos hace seguir avanzado.

            Es en esa eterna búsqueda, donde conseguiremos encontrarnos y el día que lo consigamos, será el día que dejemos de buscar respuestas que en muchas ocasiones nos están atormentando.

            Cuando me desperté, porque las primeras luces del alba estaban asomando por la ventana y el incansable cura, seguía compartiendo en su pulpito celestial, su pregón a todos los que seguían escuchándole con mucho interés y me olvidé de seguir soñando, porque creo que la esencia de lo que quería recoger ya la había escuchado, porque también llevo una parte de esa semilla que en alguna ocasión, él estuvo sembrando por los caminos y seguro que alguno de sus discípulos, cogió un esqueje para mi.

No matemos ese sueño, recojamos el testigo como un día don Elías nos enseñó y tratemos de conservar la esencia que consiguió imprimirle, para que algún día, llegara a convertirse ese sueño en la verdad que se imaginó.