almeida – 12 de Julio de 2015.

Aseguran que cuando los hombres trataron de construir la más alta de las torres que se habían creado nunca, Dios lo tomó como un acto de soberbia y en ese momento hizo que se confundieran las lenguas y de esa forma, como no podían entenderse, desistirían de hacer aquella torre que pretendían que llegara hasta el cielo.

Son esas historias de la Biblia que de una forma sencilla tratan de explicarnos cosas que aplicando la lógica tienen una respuesta mucho más sensata, pero nos gustan las leyendas y acabamos por darla como creíble.

En el camino, podemos comprobar que hay mitos que se caen por su propio peso y todo es mucho más sencillo de lo que parece, incluso esa mezcla de lenguas es algo que no tiene por qué resultar una barrera porque hay idiomas que son universales y cuando el ser humano trata de comprenderse y de relacionarse, no hay nada que le impida hacerlo.

En cierta ocasión llegaron hasta el albergue cuatro peregrinos que formaban uno de esos grupos inseparables que el camino se había encargado de ir creando y ninguno de ellos lo comprendería con otras personas.

Se trataba de dos parejas en laS que se había establecido esa armonía que en ocasiones solemos encontrar entre los peregrinos, porque cada uno tenía asignado su rol en aquel grupo y cuanto hacían resultaba perfecto, era como si se conocieran de toda la vida y en un momento determinado habían decidido disfrutar juntos recorriendo el camino.

Johann era un alemán de 68 años que estaba cumpliendo el sueño de su vida, siempre había querido disfrutar de la sensación de libertad que le habían dicho que se encontraría en el camino y ahora que estaba jubilado quería tener todo el tiempo del mundo para disfrutar de su sueño.

Había comenzado a caminar solo en la puerta de su casa y después de un mes conociendo la soledad del camino coincidió con Marie, una francesa tres años más joven que él que también estaba cumpliendo un sueño, aunque ella lo hacía por segunda vez porque unos años antes ya había recorrido este camino.

Como los dos llevaban el mismo destino, enseguida se dieron cuenta que podían contar con la compañía del otro y fueron adaptando cada jornada a las necesidades diarias de cada uno de ellos.

Antes de abandonar Francia, se encontraron con Paul, un australiano de una edad similar y pronto surgió entre ellos algo que les hacía sentirse muy cómodos y ampliaron el grupo que se completó una vez superados los Pirineos con Lorena, una italiana que comenzaba su camino en Roncesvalles y se integró desde el primer momento entre ellos.

Formaban el grupo perfecto, a pesar de que aparentemente lo único que podían tener en común era la edad porque en todo lo demás eran completamente diferentes, las costumbres, la procedencia y hasta su posición social era muy distinta, pero no importaba, además de la edad les unía el placer por caminar, por ver cada día nuevos horizontes y los cuatro eran peregrinos y eso era lo importante.

Pero había algo que podía distanciarles de una forma importante y era el idioma, cada uno de ellos solo hablaba la lengua materna y desconocían el idioma de los que estaban caminando a su lado.

Una noche que se encontraban cenando en uno de los restaurantes del pueblo al que habían llegado, sin darse cuenta se pusieron a hablar de las sensaciones que habían tenido en aquella jornada y cada uno se estaba expresando en su lengua y surgió ese milagro que puede parecer inexplicable.

Cada uno de ellos estaba comprendiendo a la perfección lo que los demás estaban hablando, no entendían la lengua ni el significado de las palabras pero mientras hablaban los gestos y los movimientos que estaban haciendo eran comprensibles para el resto y fueron dándose cuenta que lo que decía cada uno de los que hablaban era transmitir las mismas sensaciones que ellos habían sentido a lo largo de la jornada.

Entonces, comprendieron uno de los misterios que encierra este camino y que consiste en la facultad de hacerse comprender a aquellos que quieren hacerlo, las fronteras del idioma habían desaparecido porque todos estaban hablando el mismo idioma y lo que era más importante, se estaban comprendiendo.

Durante siglos, por este sendero de peregrinación han pasado millones de peregrinos de procedencias muy diferentes y de religiones muy dispares muchas de las cuales no han oído nunca hablar de esa Babel bíblica, pero en todos ellos ha prevalecido el interés por comunicarse con el resto de los que se encontraban haciendo lo mismo que ellos y lo han conseguido, han demostrado que las barreras que el ser humano ha ido estableciendo, únicamente se encuentran en nuestra imaginación.