—Yo me haré cargo de lo que cueste la posada, afortunadamente la vida me sonríe y puedo permitirme hacerme cargo del gasto que se ocasione.

Bernard encargó a la posadera la cena para todos y en una gran mesa de madera todos se sentaron a su alrededor. Degustaron las abundantes viandas que les habían preparado y que a todos les sentaron muy bien ya que se agradecía, sobre todo en días como ese, una comida caliente.

Después de cenar fueron recordando todos esos momentos que habían compartido juntos, algunos de los cuales no olvidarían jamás porque ya formaban parte de sus recuerdos más entrañables.

El día siguiente amaneció gris, las nubes parecía que no se iban a disolver nunca, seguían vertiendo toda la humedad que llevaban acumulada, por lo que decidieron tomarse un día de descanso y visitar la ciudad, así se repondrían para afrontar con garantías la jornada tan dura que tenían por delante.

Bernard no quiso acompañarles, se quedó con Marie en la habitación, cuidándola. El vientre de Marie parecía que estaba a punto de estallar, no faltaba mucho para que naciera su hijo y aunque deseaba que lo hiciera en su país, el sentido de la responsabilidad le decía que cuanto antes se encontraran a salvo sería mejor para los tres, por eso no debían demorarse, en el momento que Marie se encontrara mejor cruzarían los Pirineos para llegar a la tierra que esperaba fuera más tranquila para ellos.

Antes de comer Pascal llamó a la puerta del cuarto de Bernard, parecía un poco excitado y se encontraba jadeante. Le pidió a Bernard que le acompañara hasta el patio de la posada.

—En el pueblo hemos entrado en una taberna y nos hemos encontrado a varios guardias que estaban buscando información —dijo Pascal.

—¿Qué era lo que querían? —preguntó Bernard.

—Por las señas que estaban dando, buscaban a una pareja y os describían a Marie y a ti —comentó Pascal. Pero me he quedado helado cuando he oído que decían tu nombre, están mirando en todas las posadas y tabernas, deben saber que estáis aquí y requieren a la gente que quién tenga algún dato sobre vosotros se lo facilite.

—Gracias amigo, eso va a cambiar nuestros planes —pensó en alto Bernard.

—No sé por qué os buscan, pero durante el tiempo que hemos estado juntos he comprobado que sois buenas personas y no quisiera que os ocurriera nada malo. Podéis ocultaros hasta que desistan.

—No Pascal, seguirán hasta que consigan su propósito, si me oculto, pondrán controles en el camino y acabarán deteniéndome. Es mejor que salgamos cuanto antes.

—Pero mirad cómo está el camino y cómo se encuentran las montañas —dijo señalando las cumbres nevadas. Es una locura que os pongáis en marcha en estas condiciones.

—Eso es lo que pensarán ellos, que en estas condiciones no nos atreveremos a salir, por eso es mejor tomar la iniciativa y sorprenderles. Prepararé las cosas para salir enseguida.

—Encargaros de vuestra esposa, yo voy preparando las mulas y el asno, luego os acompañaré hasta que dejéis el pueblo.

Bernard puso al corriente a Marie de la situación en la que se encontraban y expusieron las opciones que tenían para poder escapar de sus perseguidores.