En algunos casos en cuatro o cinco líneas ponía todo lo que deseaba que quedara reflejado, aunque en otras ocasiones se extendía un poco más. En la mayoría de los casos pudo reflejar los datos de hasta cinco encomiendas en cada uno de los pergaminos, lo que le llevo a utilizar ocho de la docena que previamente había preparado.

Bernard se percató que sus cambios de constumbres habían producido algunas murmuraciones entre los monjes porque no era normal ver cómo alguien cambiaba de trabajo con la frecuencia que él lo hacía. Un día trató de explicarle a Rodrigo su nueva ocupación y según le fue poniendo en antecedentes sobre el contenido de su trabajo, este le dijo que no era necesario que diera explicaciones, cuando hubiera finalizado su trabajo y considerara que era conveniente ponerle al corriente de lo que había hecho, entonces sería el momento de hacerlo.

Como se pasaba muchas horas en el scriptorium, no quiso abandonar los cuidados que tenía con el pequeño Ramiro y aprovechaba las horas del día para estar con él y cuando el pequeño se encontraba con otros monjes o estaba durmiendo, era cuando se recluía en el scriptorium para seguir transcribiendo su secreto.

Tardó poco tiempo en pasar toda la información, comprobó que una vez que se había habituado al método le resultaba muy sencillo ir pasando todos los datos al pergamino. Trató que el orden fuera cronológico de todas las encomiendas que él visitó, dejando aparte en dos pergaminos los datos que le había confiado Rodrigo de las encomiendas que él se había encargado de visitar.

Cuando terminó su trabajo, una noche que se encontraba con Lucas, le mostró todos los pergaminos y el anciano fue observando uno por uno admirando la grafía con la que habían sido escritos así como la limpieza que presentaban.

—Te ha quedado muy bien —dijo el anciano.

—Entonces, ¿le dais el visto bueno? —preguntó Bernard.

—Creo que es un buen trabajo, no se cuál es el contenido, ni me interesa saberlo, pero ten por seguro que quedará bien resguardado y solo la persona a la que le des la clave que has empleado sabrá cómo descifrar su contenido.

Bernard aspiró profundamente el aire fresco de la noche mostrando de esa forma su satisfacción por el trabajo terminado, bueno, casi terminado, ahora solo le faltaba buscar un buen lugar en el que ocultar los pergaminos para que nadie pudiera encontrarlos a no ser que él se lo dijera.

Para relajarse de la tensión acumulada tratando de dar por finalizada la misión que su señor le había encomendado tanto tiempo atrás, pensó aislarse unos días, iría hasta su país para cumplir con un sueño que durante mucho tiempo le había obsesionado, pues se sentía un apátrida y sentir de nuevo el contacto de sus compatriotas pensó que le vendría bien.

Hacía ya mucho tiempo que había escapado de su país y ahora era un ser anónimo, seguramente le habrían dado por muerto o pensarían que había desaparecido y nadie se ocuparía de él.

Le comentó a Rodrigo sus intenciones y éste al principio se mostró un tanto reticente pensando en su seguridad, pero enseguida comprendió los deseos de su amigo y le animó a que hiciera este viaje.

Iría con su yegua hasta la primera ciudad de Francia, una vez superados los Pirineos, pasaría allí varios días y luego regresaría hasta la seguridad y la paz que ahora le ofrecía el monasterio.