Fue observando el tránsito de personas que pasaban por la encomienda y le sorprendió la gran actividad que allí había porque el trajín de personas y de mercancías era constante. Aquella era una encomienda importante de la que no había tenido referencias anteriormente y por eso se encontraba agradablemente sorprendido.

            Durmió una larga siesta y como había imaginado, el sueño había permitido que desaparecieran todas las molestias que sentía en su cuerpo por los excesos del día anterior, ahora se encontraba mucho mejor y cuando se levantó de la cama bajó al patio para ir conociendo y relacionándose con la gente que allí se encontraba.

            Frey Tomás, al detectar su presencia, fue hasta donde se encontraba, ahora se le notaba algo sonriente, ya no era la persona esquiva y desconfiada que encontró al llegar, parecía incluso hasta contento.

            —¿Ha descansado bien? —dijo.

            —Sí, me encuentro mucho mejor, tenía falta de sueño pues anoche apenas pude dormir.

            —A las siete le espero en el comedor para cenar, así tendremos ocasión de conocernos un poco mejor.

            —Allí estaré —dijo Bernard.

            El comedor se encontraba en una de las alas del recinto, era una gran sala que tenía dos largas mesas que podían acoger a unas cincuenta personas. Además de quienes trabajaban en la encomienda, también era utilizada por los que se acercaban por allí, bien fuera por negocios o por los peregrinos que pasaban por este pueblo en su camino a Compostela.

            Bernard siguió a los que entraban en el salón y vio en uno de los extremos de la mesa a Frey Tomás que llamó su atención levantando la mano y mostrándole un sitio libre que había a su lado. Bernard se dirigió hacia él y se sentó al lado de su anfitrión.

            —Supongo que tendrá hambre —dijo frey Tomás.

            —Pues sí, no he comido más que una sopa esta mañana y el estómago me está comenzando a reclamar algo de alimento.

            —Tenemos un buen cocinero, supongo que quedará contento, además, todo lo que cocina es lo que producimos aquí, o sea, que encontrará todo muy natural, incluso cuando a veces nos pone pescado, es él quien se encarga de pescarlo en el río.

            Sacaron unas grandes fuentes de verduras cocidas, como le había dicho frey Tomás, estaban muy buenas, después pusieron carne de la matanza que en esos días estaban haciendo para avituallarse para el resto del año. Por primera vez Bernard probó unas morcillas hechas con la sangre del cerdo y verduras cocidas; le pareció exquisito y así se lo manifestó a su anfitrión.

            —He estado pensando en todo lo que me ha dicho —dijo frey Tomás.

            —¿Y ha tomado alguna decisión?

            —Todavía no, tengo que hacer algunas consultas y eso me va a llevar algún tiempo, supongo que no tendrá prisa.

            —Dispongo de todo el tiempo que sea necesario, voy a ir visitando las encomiendas que pueda mientras no sea bien aceptado en mi país y esté obligado a estar fuera de él.

            —Cuando me enseñó el medallón recordé haberle visto antes —dijo frey Tomás.

            —Pues yo no lo recuerdo —murmuró Bernard tratando de pensar.

            —Fue en Jerusalén, yo estaba allí, formaba parte de las tropas de mi rey, allí fue donde vi por primera vez al Gran Maestre y a su lado estaba usted; pero ha cambiado tanto o ha pasado tanto tiempo —dijo frey Tomás.