También le asombraron los palacios que se fue encontrando a su paso, los bloques de sillería estaban por todas las plazas y según iban llegando de las canteras, se incorporaban a las nuevas construcciones.

Visitó algunos monasterios que se encontraban en las afueras de la ciudad y si no llega a ser por la misión que tenía encomendada, se hubiera pasado más días allí, ya que las oportunidades de negocio eran importantes. Pensó que también sería un buen lugar para poder un día establecerse con su hijo y encauzar la vida de los dos, pero eso eran solo proyectos que venían de los sueños que en ocasiones tenía cuando pensaba en su futuro.

La comida en esta ciudad era abundante y muy sabrosa, las aportaciones que se recibían de los condados llegaban a la Corte que se había establecido en este lugar y revertía todo en la ciudad. Los rebaños proporcionaban la suficiente carne para que nunca faltara en los palacios y en los mesones que habían adquirido un arte importante en su elaboración, sobre todo los asados que se hacían del ovino.

Debía proseguir su marcha, aunque se encontraba muy bien, era consciente de su obligación y cuando pasó el tercer día, decidió que al siguiente continuaría su camino.

A pesar de que el rey era quien poseía el máximo poder, por cada condado que pasaba se fue dando cuenta de la influencia de los nobles. Ellos eran los señores del territorio en donde estaban aposentadas sus fortalezas y ofrecían su ayuda al rey en función de las prebendas que recibieran, por lo que la autoridad sobre sus condados era ellos quienes la ejercían y contaban con sus propias leyes.

En varios lugares se encontró con colonias de infieles que se habían reconvertido, también halló alguna congregación judía que había emigrado del sur de la península y se habían establecido en estas ricas tierras. Sobre todo se apreciaba donde se encontraban los mayores asentamientos por el estilo que se iban confiriendo a las construcciones que se estaban levantando, pues algunos maestros de obra y los artesanos seguían influenciados por la cultura y la arquitectura con la que fueron adquiriendo sus conocimientos.

Aunque la tierra por la que ahora transitaba era muy rica en pastos y en diferentes cultivos, para las nuevas construcciones uno de los costes más importantes era hacer llegar las piedras hasta estos lugares, porque el terreno era muy llano y carecía de canteras donde poder extraer la piedra, por lo que debían desplazarse hasta lugares más lejanos donde extraer los bloques.

Cuando llegó a Villasirga se quedó extasiado ante la grandiosidad de su templo, el pórtico de la entrada era espectacular, tenía la misma altura que la nave central. Se detuvo para contemplar las arquivoltas donde se representaban numerosos santos y habían sido elaborados con una perfección que los convertía en obras maestras de su género. Encima de las arquivoltas había dos frisos con arcos lobulados, pero sus ojos fueron a fijarse en el pantocrátor que había en la parte superior.

Dejó la mula atada a una argolla que había en un lateral del templo y accedió al interior, constaba de tres amplias naves con algunas capillas laterales y había algunos sarcófagos de personas relevantes de la población.

Todo le estaba resultando maravilloso, enseguida se dio cuenta de la importancia de aquel lugar y de la encomienda que allí se había establecido. El poder de un lugar suele estar representado por lo que revierte en el pueblo y no cabía duda que la grandiosidad que allí se encontró era un fiel reflejo de la riqueza que se generaba en este asentamiento de la Orden.