Javier Andrés Miranda – 05 de octubre de 2016.

El estudiante15

Empiezo a pensar en… vasos vacíos, vasos a medias, sonrisas llenas.

Empiezo a pensar que me he refugiado en huir, buscando la esperanza en reflejos de realidades etéreas, extrañas, imposibles; en humo, alcohol, perfume, pintalabios…

Empiezo a pensar que hago de la huida mi camino, sobornando metro a metro al rastro de un destino escrito y borroso, en párrafos uno a uno modelados a cincel y martillo y a menudo, con la esperanza a media noche, de poder corregirlos entre Tippex y Gelocatil.

Empiezo a pensar que huyendo construyo una vida con vasos vacíos, vasos a medias, sonrisas llenas. Vasos transparentes de soles, de lunas y de notas musicales y sonrisas de labios hirviendo, pestañas postizas y colorete infinito.

Empiezo a pensar que huía del miedo de los reflejos del humo evaporándose al chocar violenta la lluvia contra la tierra seca y el asfalto quebrado, que liberando aromas imposibles engalanan la atmósfera con colores y texturas que no hacen sino confundir aún más a mi retina, anestesiada, entre pensamientos mojados de ron y vinagre

Empiezo a pensar que tan solo huiré en cada momento importante y en cada segundo decisivo. En cada lugar, en cada beso, en cada abrazo. En cada día, en cada noche, en cada verbo, en cada letra, en cada punto, en cada coma.

Y acabo por pensar que me abandoné a vivir de huir en la huida del huyendo que huía del huiré, que convierte la existencia en vasos y sonrisas, en licores y humo, en besos y caricias, en kilómetros de vías, en mares y océanos, en trenes y veleros, en realidades y mentiras, en idas, venidas y partidas, en besos, en flores; en tu beso y en tu flor.

 

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