Llegó como un viajero más, pero en lugar de ir con el resto a donde el hermano recibía a los peregrinos, se fue directamente a las cuadras para dejar su yegua. Fue reconocido por los hermanos con los que se iba encontrando y enseguida corrió la noticia de su llegada por todo el recinto siendo informado el prior del huésped que acababa de llegar.

Rodrigo se fue hasta el establo y al ver a Bernard se fundió en un abrazo con él pues ya le consideraba su amigo.

-Bienvenido Bernard, sabía que tarde o temprano te volveríamos a ver por aquí – dijo Rodrigo. ¿Has conseguido ver cumplida la misión con la que saliste de aquí?

-Hola amigo, ha pasado mucho tiempo desde que nos despedimos y creo que las vivencias que he tenido han sido intensas: han respondido a los propósitos con los que me marche.

-Las noticias que traen los peregrinos del asedio a la fortaleza de Ponferrada me hicieron temer por vuestra seguridad.

-Creo que el maestre también lo imaginó de esa forma y por eso hizo que me alejara de allí, él fue quién me encomendó venir hasta aquí y esperar sus noticias o que alguien viniera a buscarme.

-Pues la información de que dispongo es que toda la cúpula de la Orden ha sido apresada y los principales líderes han sido ajusticiados.

-Eso mismo he oído yo a algunos peregrinos – dijo Bernard cerrando los ojos y pensando en la suerte que habrían corrido sus amigos. ¿Qué tal se encuentra mi pequeño?

-No lo vas a conocer, es la bendición para todos los que nos encontramos entre estas paredes, es la alegría de todos los monjes y, por lo que estoy viendo y estos me dicen, es muy aplicado ya que todos quieren enseñarle el oficio que hacen y dicen que es un alumno muy aventajado.

-Tengo tantas ganas de verle – dijo Bernard.

-Seguro que él se alegrará de saber que su padre ha regresado, que ahora vais a estar juntos y no os volveréis a separar.

-Prefiero de momento que no sepa quién soy, más que nada por su seguridad, ya que todavía no me siento seguro; si llegasen a saber que es mi hijo y que es lo único que puede hacerme vulnerable, podrían utilizarlo para que revele mis secretos. Ya llegará el momento en el que le cuente todo lo que tanto desea saber, pero por ahora prefiero que no; quizá más adelante

-Cómo deseéis, pero, ¿vais a quedaros aquí? – preguntó Rodrigo.

-Sí, el maestre me dijo que me ocultara y que él me buscaría cuando me necesitara. Creo que lo hizo pensando que vendría a este lugar y estoy seguro de que si un día me busca lo hará aquí.

-Entonces os asignaremos la celda que un día ocupasteis y podréis descansar hasta que os reclamen de nuevo.

-Me gustaría seguir con las labores de talla y restauración que hice cuando estuve con vosotros, también tengo que transcribir a pergaminos una información que me ha sido confiada y que un día tendré que entregar a los nuevos dirigentes de la Orden que me lo reclamen cuando ésta se vuelva a organizar.

-Entonces, dispondréis del taller en el que poder trabajar y creo que el pequeño Ramiro puede ser un ayudante excepcional, el mejor que podéis encontrar, así pasaréis la mayor parte del día con él.

-Eso sería formidable – dijo Bernard – ahora, si os parece, ardo en deseos de estrecharle entre mis brazos.

Fueron a la estancia en la que ya estaba acostado el pequeño y al verles entrar dejaron las oraciones que Ramiro le enseñaba por las noches antes de dormirse mientras estaba tumbado en la cama. Ramiro le reconoció enseguida, pero para el pequeño era un peregrino más de los muchos que cada día llegaban hasta el recinto. Bernard se fue hacia él y le abrazó con fuerza.