El territorio de Tábara, sucesivamente ha estado ocupado por: Vacceos (300 a. C.), Romanos (73 a. C.), Suevos (409), Visigodos (585), Reino cristiano de León (878) con Alfonso II, Musulmanes (988), Reino cristiano de León (1031) con Bermudo III. Pero Tábara aparece mencionada como tal durante el transcurso del XI Concilio de Toledo en el año 675, reinando el visigodo Wamba.

                En el anterior territorio, como en otros, a lo largo del tiempo, tuvieron lugar una serie de acontecimientos de diversa índole. En el presente trabajo se exponen algunos de ellos, concretamente los que supusieron conjeturas.

* Monasterio de Santa María de Moreruela

                A finales del S. IX (¿878?), bajo los auspicios del rey Alfonso III El Magno, se promueve la fundación de los Monasterios de San Salvador en Tábara y de San Miguel Arcángel en Morerola, que llevan a cabo los monjes Froilan (833-905) y Atilano (835-919). Pero ¿Qué Morerola?.

                Según consta en la Biblia mozárabe del 920, que está en la catedral de León, el monasterio estaba cerca del rio Esla, en lugar alto y ameno. La descripción anterior no precisa su ubicación, que pudo ser en varios lugares; no obstante muchos autores lo sitúan en Moreruela de Suso o de Arriba (actual Moreruela de Tábara), bien en la propia localidad o en su término (Dehesa de Misleo). Dicho monasterio benedictino o de los monjes negros, con el tiempo fue trasladado a Moreruela de Frades (actual Granja de Moreruela), donde ya en 1042 había un pequeño cenobio bajo la advocación de Santiago; de nuevo es trasladado a la actual ubicación del Monasterio de Santa María de Moreruela en las cercanías de Granja de Moreruela, que fue erigido por los cistercienses, bernardos o monjes blancos en 1143.

Monasterio de Santa Maria de Moreruela

*Beato de San Miguel, de Magio o de Morgan

                Dicho beato, encargado por el abad Víctor para un monasterio de San Miguel, fue realizado en el scriptorium de San Salvador de Tábara por el escriba e ilustrador Magius, durante 940/945 y actualmente se encuentra en la biblioteca Pierpont Morgan de Nueva York. Pero ¿Qué San Miguel?.

                Unos autores indican que el monasterio que lo encargó fue el de San Miguel de Escalada (León), otros sostienen que fue para el monasterio de San Miguel de Camarzana de Tera (Zamora) y otros dicen que fue para el monasterio de San Miguel Arcángel de Moreruela de Tábara. El profesor Jhon Williams, autoridad mundial sobre beatos, se inclina por San Miguel de Escalada, ya que en el folio 239 v consta la nota “Obiit Petrus levita CSR”, interpretando que CSR indica Canonicus Sancti Rufi y San Miguel de Escalada era filial del monasterio de Saint-Rufe en Avignon. Augusto Quintana Prieto sostiene que el destino del beato fue el Monasterio de San Miguel de Camarzana de Tera, pues considera que Emeterius era monje de él, aunque fue discípulo de Magius en Tábara y a ésta se desplazó para terminar el Beato de Tábara en el 970 y realizar el Beato de Gerona en 975. José Ferrero Gutiérrez indica que el destino de este beato fue el Monasterio de San Miguel Arcángel de Moreruela de Tábara, que sería el monasterio de Emeterius; ante las razias de Almanzor del año 988, debió ser llevado a San Martin de Tabara y después trasladado a San Miguel de Escalada.

Facsímil Beato San Miguel, Magio o Morgan

* Enterramientos en Iglesia del Convento de Santa María de Jesús de Tábara

Monasterio de Montamarta

                En 1408 el jerónimo Fray Hernando de Valencia funda un monasterio en Montamarta. Un prior concedió derechos de enterramiento a D. Diego Enríquez de Guzmán, III Conde de Alba de Liste (+1556) a cambio de 100.000 maravedís anuales y por tal acción un familiar del fundador puso, en 1520, pleito al prior; el pleito se resolvió en 1552, disponiendo que en la nave central de la iglesia, la Casa de Alba de Liste podía efectuar sus enterramientos.

                D. Pedro Pimentel Vigil de Quiñones (+1504), V Señor de Tábara, y sus esposas Francisca de Almanza y Cifuentes e Inés Enríquez de Guzmán (+1533), fueron enterrados en la capilla del Capítulo del monasterio de Montamarta.

                El monasterio jerónimo de Montamarta, en 1534 acuerda trasladarse a Zamora; en años sucesivos va desmontándose.

Restos Monasterio de Montamarta

Monasterio de Tábara

                D. Bernardino Pimentel Enríquez (1482?-1559), I Marques de Tábara, en 1536 solicita al Papa Paulo III autorizaciones para fundar un monasterio y trasladar los restos de sus padres desde Montamarta a Tábara. En 1541 comienza la construcción del convento, que el 20-6-1559 entrega a los jerónimos con su Iglesia de Santa María de Jesús de Tábara; en la escritura de fundación del convento, consta la siguiente carga: “que en la primera renglera, que está junto a la reja de la capilla mayor, no se enterrara a nadie sin permiso del marquesado”. El 15-1-1580 los dominicos sustituyen a los jerónimos, que están hasta su exclaustración en 1835.

                D. Bernardino en su testamento dispone que sea enterrado en la Iglesia de Santa María de Jesús de Tábara, en el arco de la mano derecha del presbiterio, donde ya están los restos de su esposa Constanza Osorio Bazán (1471-1545) y de su hermana María Pimentel Enríquez.

                Como quiera que D. Bernardino ya tenía dispuestas sepulturas en el arco derecho del presbiterio para él, su esposa Constanza  y su hermana María, los restos de su padre Pedro, de su madre Inés y de la primera esposa de Pedro (Francisca), traídos de Montamarta, debieron de ser depositados en la capilla mayor, junto a la verja, ya que ese lugar lo tenía reservado. Dicho lugar se menciona como “sepulcro grande del altar mayor” en el apartado de algonbras de las cosas entregadas el 18-6-1559 a los jerónimos, de lo que da fe el escribano real y notario público de Tábara Antonio de la Jexa. El traslado de los mencionados restos tuvo que hacerse entre 1541 (año comienzo construcción monasterio, aunque tenía bula para el traslado desde 1536) y 1559 (año en el que consta existencia de “sepulcro grande en altar mayor”).

                En 1620 D. Antonio Pimentel Toledo, IV Marques de Tábara, construye la Cripta-Panteón bajo el crucero de la iglesia; en 1991, desde la iglesia se abrió acceso a ella. La cripta tiene ocho arcosolios, en los que se depositaron los restos.

                El Libro de Villada, en 1733, indica que en la cripta están los siguientes restos: conde D. Pedro Pimentel (+1504),  su mujer Dª. María Quiñones [esto es un error, su primera mujer fue Dª. Francisca de Almanza y Cifuentes] y su otra mujer Dª. Inés Enríquez de Guzmán; D. Antonio Pimentel (+1637); y D. Enrique Pimentel.

                Según el Inventario o Apeo que se hizo en 1748, en ella se encontraba lo siguiente:

– Hueco 2.- Pedro Pimentel Vigil de Quiñones (+1504), V Sr. de Tábara y su esposa Inés Enríquez de Guzmán (+1533).

– Hueco 4.- Antonio Pimentel Toledo (+1627), IV Marques de Tábara, su esposa Isabel de Moscoso y Sandoval (+1624) y siete hijos.

– Hueco 5.- Enrique Pimentel Enríquez (+1600), III Marques de Tábara y su esposa Juana Toledo y Colona.

– Huecos 6 y 7.- Hay restos sin identificación alguna.    

– El hueco 1 es la entrada y de los huecos 3 y 8 no se indica nada.

                Dicho inventario, realizado 128 años después de la construcción de la cripta-panteón, no relaciona que allí se encontrasen los restos de Dª Francisca, de D. Bernardino, de Dª Constanza, ni de Dª María; ello no presupone que no fueran trasladados a la cripta, ya que no consta que existan  los sepulcros del “arco derecho del presbiterio”, ni el “sepulcro grande del altar mayor”, donde primariamente estuvieron. 

                Originariamente en el centro del crucero, justo encima de la bóveda de la cripta-panteón, hubo una lápida que tiene la inscripción: “este es el enterramiento de los excelentísimos señores marqueses de Tábara”, la cual se trasladó a la entrada, y ante su deterioro, pues era pisada al entrar los feligreses, se colocó al pie del altar de Sto. Domingo, donde actualmente está.

Presbiterio Iglesia de Santa María de Jesús de Tábara
Lápida, actualmente al pie altar de Sto. Domingo

* La “Menora” de Litos: Antonia Cid Vega

                En el año 1840-1841 aparece en Litos una niña huérfana de unos 9-10 años, llamada Antonia Cid Vega (1832-1880), que viene encomendada a una familia del pueblo y es propietaria de unas 600 Has. de tierras en Litos, lindando con la dehesa de La Carbajosa. La tradición oral indica que su padre era un “caballero servidor real”, sin embargo en su partida de defunción consta que era hija de Juan Cid Gutiérrez (1758-1840), de Friera  y de Gregoria Vega (1807-1839), segunda esposa de Juan. Antonia casó muy joven con Agustín Calvo Rojo (nacido en Moreruela) y tuvieron 4 hijos.

                Del análisis de todo lo anterior, no parece verosímil que Juan y Gregoria fueran sus padres, ya que estos no le pudieron proporcionar las propiedades que traía, pues Juan era pastor; más  bien quien la trajo al pueblo, simplemente se la encomendó a Juan y Gregoria.

                Entonces ¿Quiénes fueron sus padres?. A ciencia cierta se desconoce, pero en la tradición hay un hecho muy relevante, que son las tierras que trajo consigo La Menora; las mismas estaban en la Tierra de Tábara y por tanto solo se las pudo adjudicar quien tuviera la propiedad sobre ellas, que no era otro que el Marqués de Tábara, por aquellas fechas D. Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm Salm (XII Marqués). Este Marqués es el mismo que legitimó en 1827 a la hija Sofia, (+1829) y al hijo Manuel Álvarez de Toledo Lesparre Salm Salm (1805-1886), que tuvo con Dª Manuela Lesparre Valledor; en su testamento instituye como único heredero universal a D. Manuel (hijo que legitimó), pero encomendó a sus testamentarios que atendiesen adecuadamente a todos sus “otros familiares”.

                Ante todo lo anterior, es muy verosímil que Antonia Cid Vega “La Menora”, fuese hija de D. Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm Salm: XII Marques de Tábara, XIII Duque del Infantado, IX Duque de Pastrana, XI Duque de Osuna, XVI Conde de Benavente, Etc.

D. Pedro de Alcántara Alvarez de Toledo y Salm Salm