Eugenio Rosado Garrido– 11 de mayo de 2015.2015

                En la Edad Media la tenencia de palomares estaba reservada a la Nobleza y a las Ordenes Monásticas, pero abolidos los derechos señoriales, cualquier ciudadano los podía tener, bien urbanos o campestres.

 

                En muchas localidades de la Meseta Central, también en las de La Mancha, existían de antiguo grandes palomares campestres, poblados por millares de palomas zuritas o bravías; también había muchos pequeños palomares dentro de las localidades. Los campestres generalmente eran de planta cuadrada o circular, con nidales en todo su perímetro interior; muchos de ellos tenían una llamativa construcción; lamentablemente la gran mayoría están en ruinas o muy deteriorados, siendo escasos los que se conservan adecuadamente y menos los que aún tienen palomas.

                De las tres principales especies de palomas: Torcaz, Silvestre y Zurita o Bravía, es esta ultima la utilizada para poblar los palomares, si bien cada una de las razas derivadas de ella tiene unas características específicas, que dan lugar a palomas para: Producción, Fantasía o Deportivas.

                En el Medievo las palomas se explotaban fundamentalmente por su palomina (excrementos para abono), a finales del siglo XIX por sus pichones para el tiro y posteriormente por los pichones para carne. Actualmente la explotación de palomas es casi inexistente.

                En Tábara a pesar de no existir tradición palomera, ni urbana ni campestre, existió (hoy ya solo quedan ruinas) un gran y elegante palomar, que se puede clasificar como campestre, pues se ubica en la periferia del casco urbano.

                Tal palomar es conocido como “Palomar del Señor Prudencio”  y se ubica en parcela limítrofe con el “estanque”, al este de la Fuente de los Frailes. Es una bella construcción, de la que solo queda intacta la pared norte, estando las otras tres muy deterioradas, y ya no tiene techumbre. No obstante los nidales, que están embutidos en las paredes, son sencillamente una obra de arte, que debería ser conservada.

                Lo ideal sería la restauración completa de esta insigne construcción tabaresa, pero al menos se podría poner una sencilla cubierta translucida y limpiar el interior, así quedarían protegidas las paredes y sus nidales.

                Las siguientes fotos, de ERG, dan idea de la singularidad de este palomar:

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